Publicado el

La Acequia Real de la Vega Mayor y el corredor paisajístico de Telde

La Acequia Real de la Vega Mayor de Telde

 

La culminación del Corredor Paisajístico, que unirá por medio de una  gran ruta peatonal y ciclista las medianías y la costa de Telde a través del Barranco Real, sorprenderá a los ciudadanos al poder contemplar la cantidad como la calidad de las obras hidráulicas que jalonan el paisaje. Esta nueva iniciativa social y medioambiental me recuerda una serie de artículos que hace ya unos 16 años publiqué en este mismo medio de comunicación relacionados con la importancia del agua y el citado cauce para con el desarrollo socioeconómico de nuestro municipio, que quiero compartir de nuevo en el marco del “redescubrimiento” que muchos ciudadanos harán del histórico barranco y sus aledaños.

 

En esta ocasión dedicaré unas palabras a la Acequia Real de la Vega Mayor de Telde, conducción que comienza en la margen derecha del citado barranco, en la zona de “Los Ríos”, entre el Cascajo de Los Llanos y San José de Las Longueras, en una extensión de dos kilómetros.

La acequia es una palabra de origen árabe (as-Saqyha) que designa a ciertas canalizaciones que sirven para distribuir agua de riego. Desde muy antiguo existe constancia histórica del uso del agua a través de acequias tanto para el regadío como para llenar aljibes destinados al abastecimiento de poblaciones, siguiendo un recorrido geográfico que, partiendo de Oriente Próximo llega a los países del Mediterráneo para saltar al Atlántico y extenderse por América. Su empleo significó la expansión del regadío a tierras necesitadas, originándose una cultura en torno al agua que determinará distintas formas de propiedad, de administración, gestión, y aplicación tecnológica.

 

El Archipiélago Canario y en particular nuestra Isla no fueron ajenos a este proceso histórico, documentándose por la ciencia arqueológica la existencia de primitivas acequias en época de canarios. Pero será con la colonización europea a finales del siglo XV, aunado a la expansión de la superficie cultivable, lo que determine la utilización generalizada de este tipo de obras hidráulicas.

 

Al constituir la zona de Telde una zona apta para el asentamiento poblacional, habida cuenta de factores tan propicios como la abundancia del agua, lo beneficioso del clima y la fertilidad del suelo, lo primero que hicieron nuestros antepasados fue proceder a la traída de las aguas de zonas cumbreras y conducirlas por el cauce del Barranco Real. Aprovecharon el desnivel topográfico del terreno y con piedras asentadas sobre mortero de barro hicieron acequias de poca durabilidad, que de forma serpenteante iban reuniendo en su recorrido el caudal de nacientes, filtraciones y aguas subterráneas, hasta llegar al tomadero o madre de las aguas, lugar en el que se represaban y derivaban a la zona de riego. Este lugar es conocido como Los Ríos o las “madres de los Ríos”, entre el Cascajo y San José de Las Longueras, donde se unen las aguas pluviales y subterráneas, conformando un conjunto hidráulico de gran valor histórico y etnográfico en el que podemos encontrar la “Madre del Barranco”, un azud o tomadero a modo de represa de derivación, abrevaderos, lavadero, y salto de aguas, hasta galerías, pozo-campanas, cantoneras, aliviaderos, resto de un molino hidráulico o el bello acueducto de San José, uno de los mayores de la Isla y ejemplo de la ingeniería del siglo XIX, hoy parcialmente ocultado por un nuevo viaducto.

 

La culminación del Corredor Paisajístico, que unirá por medio de una  gran ruta peatonal y ciclista las medianías y la costa de Telde a través del Barranco Real, sorprenderá a los ciudadanos al poder contemplar la cantidad como la calidad de las obras hidráulicas que jalonan el paisaje. Esta nueva iniciativa social y medioambiental me recuerda una serie de artículos que hace ya unos 16 años publiqué en este mismo medio de comunicación relacionados con la importancia del agua y el citado cauce para con el desarrollo socioeconómico de nuestro municipio, que quiero compartir de nuevo en el marco del “redescubrimiento” que muchos ciudadanos harán del histórico barranco y sus aledaños.

 

En esta ocasión dedicaré unas palabras a la Acequia Real de la Vega Mayor de Telde, conducción que comienza en la margen derecha del citado barranco, en la zona de “Los Ríos”, entre el Cascajo de Los Llanos y San José de Las Longueras, en una extensión de dos kilómetros.

 

La acequia es una palabra de origen árabe (as-Saqyha) que designa a ciertas canalizaciones que sirven para distribuir agua de riego. Desde muy antiguo existe constancia histórica del uso del agua a través de acequias tanto para el regadío como para llenar aljibes destinados al abastecimiento de poblaciones, siguiendo un recorrido geográfico que, partiendo de Oriente Próximo llega a los países del Mediterráneo para saltar al Atlántico y extenderse por América. Su empleo significó la expansión del regadío a tierras necesitadas, originándose una cultura en torno al agua que determinará distintas formas de propiedad, de administración, gestión, y aplicación tecnológica.

 

El Archipiélago Canario y en particular nuestra Isla no fueron ajenos a este proceso histórico, documentándose por la ciencia arqueológica la existencia de primitivas acequias en época de canarios. Pero será con la colonización europea a finales del siglo XV, aunado a la expansión de la superficie cultivable, lo que determine la utilización generalizada de este tipo de obras hidráulicas.

 

Al constituir la zona de Telde una zona apta para el asentamiento poblacional, habida cuenta de factores tan propicios como la abundancia del agua, lo beneficioso del clima y la fertilidad del suelo, lo primero que hicieron nuestros antepasados fue proceder a la traída de las aguas de zonas cumbreras y conducirlas por el cauce del Barranco Real. Aprovecharon el desnivel topográfico del terreno y con piedras asentadas sobre mortero de barro hicieron acequias de poca durabilidad, que de forma serpenteante iban reuniendo en su recorrido el caudal de nacientes, filtraciones y aguas subterráneas, hasta llegar al tomadero o madre de las aguas, lugar en el que se represaban y derivaban a la zona de riego. Este lugar es conocido como Los Ríos o las “madres de los Ríos”, entre el Cascajo y San José de Las Longueras, donde se unen las aguas pluviales y subterráneas, conformando un conjunto hidráulico de gran valor histórico y etnográfico en el que podemos encontrar la “Madre del Barranco”, un azud o tomadero a modo de represa de derivación, abrevaderos, lavadero, y salto de aguas, hasta galerías, pozo-campanas, cantoneras, aliviaderos, resto de un molino hidráulico o el bello acueducto de San José, uno de los mayores de la Isla y ejemplo de la ingeniería del siglo XIX, hoy parcialmente ocultado por un nuevo viaducto.

 

A partir del citado tomadero se derivan las aguas hacia la Vega Mayor gracias a la Acequia Real o principal, topónimo que nos recuerda no sólo la pertenencia o concesión otorgada por los Reyes Católicos, sino el surgimiento de un sistema o subsistema hidráulico (la red de acequias alimentada por un conjunto de fuentes y el conjunto de las tierras que riega) que se surtía de las aguas superficiales, procedentes de nacientes o avenidas del citado barranco desde Valsequillo, dando origen al organismo colectivo, pero privado, que pasó a gestionar el sistema, denominado Heredamiento de Aguas de la Vega Mayor de Telde hoy convertida Comunidad de Regantes, entidad económica que se encargaba de su distribución entre los propietarios de aguas.

 

Es más, la Acequia Real se constituye en la arteria principal que conduce la gruesa o masa total del agua, presentando una sección de 0,70 m. de alto x 0,85 m. de ancho, capaz de transportar un caudal de 780 l/s a cielo abierto. Este importante aporte se vio incrementado a partir en la primera mitad del siglo XIX, cuando se fabricó una acequia en El Roque paralela en cota superior, también de mampostería, que evacuaba unos 900 l/s, estimándose un caudal total de 1.680 l/s, es decir, 6.048 m3 en momentos de avenidas, como recoge el ingeniero Cayetano Arocena en 1914. Ambas conducciones terminan por unirse para introducirse en la casilla y cantonera de Arnao, dirigiéndose subterráneamente a El Molinillo, la “Bolsa de Telde”, a decir de José Mª de Zuáznavar y Francia, lugar en el que se gestionaba su compra, venta y distribución para posteriormente ser vertidas a los distintos ramales:1. Acequia Real, con destino al centro de la Vega (La Portada, El Tabaibal y Remudas); 2. Acequia de La Carihuela, en dirección al Cubillo, San Antonio y La Pardilla; 3. Acequia de Picachos-El Calero hasta Melenara; 4. Acequia de Los Llanos en dirección a Arauz, El Campillo y Contrapeso.

 

Este punto de transacción y control, ubicado en las cercanías de la iglesia de San Gregorio fue derivado posteriormente a la zona de Narea, próximo al albercón del Conde, donde en la actualidad se sitúa la Casa del Reparto (1902) y cantoneras de distribución. El trazado que unió estos puntos se encuentra vertebrado por la Acequia Real, que continúa soterrada por un lateral de la actual Avda. de la Constitución, antiguo callejón de Los Llanos.

 

A partir de la Casa de Reparto de Narea y de la cantonera de la Heredad de Aguas, sita en la calle Alcalde Manuel Álvarez Peña, dos ramales derivan las aguas a la zona de Las Remudas y San Antonio-La Pardilla. El primer ramal sigue ostentando el nombre de Acequia Real, lo que indica la antigüedad de su trazado, mientras que al segundo se le llama Acequia de La Carihuela. La denominación de Acequia Real para este tramo, viene dada muy posiblemente a finales del siglo XV, es decir, en fechas de constitución de la propia Heredad de Aguas, que orientaba el agua al cultivo de la caña de azúcar, erigiéndose en eje configurador del sistema hidráulico.

 

El recorrido que sigue hoy da este ramal, es muy posible que se relacione con el primigenio, aunque sometido a rectificaciones y reformas a lo largo del tiempo. Además, si comparamos el trayecto de esta infraestructura hidráulica con elementos y topónimos históricos de la zona confirmamos taxativamente la antigüedad de la misma. Así el llamado Albercón del Concejo o Albercón real (estanque de La Cuchara), aparece consignado en las fuentes parroquiales del siglo XVI. Lo mismo ocurre con las tierras de Bartolomé Trompeta, (terrenos cercanos al campo de fútbol del Hornillo) uno de los beneficiados en los repartimientos de tierras y aguas a finales del siglo XV, así como los terrenos del extinguido Hospital de San Martín o las Remudas.

 

Estrechamente ligados a esta histórica infraestructura se encuentran otros bienes no menos interesantes, que dependían del aporte de agua suministrada por la citada conducción y que contribuyó en cierta medida al desarrollo industrial, económico y social. A su paso por el núcleo poblacional el agua movía tres molinos harineros, denominados Molino de El Conde (1846), de El Pulgo o Molinillo (1825) y de Narea, pero también servía para lavar ropas, abastecer al vecindario, abrevar el ganado, facilitar la saca de agua por aguadores, mujeres y niños o la extinción de algún que otro incendio. Citar también las casillas y cantoneras que jalonaban el largo trayecto, muchas de ellas desaparecidas ante el ocaso agrario.

 

El estudio que se pueda hacer de esta infraestructura rebasa el mero aprovechamiento hidráulico, para asumir incluso la vertebración histórica del espacio urbano de Los Llanos de San Gregorio y San Juan, pues muchos de los callejones y calles actuales se abrieron aprovechando el curso natural de los distintos ramales de acequias y serventías de paso de antiguas fincas y cercados. En este sentido la acequia Real ha marcado la actual alineación de la Avenida de la Constitución, u otros trazados como el que partía de la casilla de Los Llanos a Arauz, que dio lugar a la calle Ruiz o la acequias que van a La Pardilla y Melenara dieron paso a caminos y carreteras.

 

Hay que evaluar también los aspectos que tienen que ver con lo que se ha llamado la sociabilidad del agua en torno a este recurso. La existencia de la acequia Real contribuyó a solucionar un pequeño litigio entre la parroquia de San Juan y la recién creada de San Gregorio (1847). El problema residió en dirimir qué población pertenecía a una u otra parroquia, pues del mayor o menor número de feligreses dependían los ingresos pecuniarios. Al final, el Ayuntamiento optó por una solución salomónica, dictaminando que la población existente a la izquierda de la Acequia Real se adjudicara a la Parroquia de San Gregorio, mientras que los situados a la derecha de su margen, pertenecían a la de San Juan.

 

El paso del tiempo es inexorable y la denominada acequia Real que tanta prosperidad trajo para el agro teldense apenas se divisa en un paisaje, fuertemente urbanizado. En la actualidad sólo podemos contemplar el inicio de esta conducción en el barranco y su tramo final desde el Parque Urbano de San Juan hasta el Albercón del Concejo, a pesar de que todavía se mantiene en uso. Su futuro no es nada alentador, pues se cierne sobre su trazado proyectos urbanizadores y obras públicas, como el viaducto de San José, que van acabando con lo poco que hoy existe, perdiendo uno de los elementos identificadores de la cultura del agua en Telde, junto a otros como cantoneras, acueductos, los famosos Picachos, el Albercón del Consejo o la Fuente Pública, entre otros. Desde esta publicación exhorto a proteger esta histórica acequia, reflejo del saber popular hidrológico de muchas generaciones que fueron capaces de crear estas auténticas obras de ingeniería.

Juan Ismael Santana Ramírez es Licenciado en Historia, miembro de la Asociación Cultural El Bloque y Director de las Jornadas de Cultura del Agua.

Fotos e ilustración:

Vista de la Vega Mayor de Telde hacia 1940. Imagen coloreada por el autor. Archivo de fotografía histórica. Fedac.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.