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El Algarrobero centenario de Guindalaa

Probablemente sea un ejemplar singular en la geografía del municipio de Telde.

 

Sus flores ya son visibles y el zumbido de las abejas lo percibimos con gran satisfacción porque ha comenzado una de las interacciones más importante de la Naturaleza: la polinización, un proceso clave en los ecosistemas terrestres naturales y en los espacios agrícolas.

El algarrobero es un árbol melífero muy apreciado por los apicultores porque su floración dura semanas.

 

En un lugar remoto y abrupto de Telde se esconde este viejo ejemplar que supera el siglo de existencia. Sobrevivió a la explotación maderera de la zona. Según nos cuenta Carmelo, un apicultor que vive en La Morisca, “hace 70 años el acebuchal que disfrutamos hoy en día, no existía porque cualquier madera era necesaria para calentar y hacer la comida. Incluso las tabaibas secas. Era época de hambruna y no había ni gas ni electricidad para hacer la comida. Este algarrobero se salvó porque era privado y su dueño no quería que nadie cortará sus ramas para hacer fuego”.

 

El algarrobero es un árbol muy bien adaptado a la tierra canaria y apreciado entre la gente mayor, tanto por sus usos medicinales, como por los alimenticios. Además, en la agricultura se usaba como linderos de fincas. Ahora en jardinería se fomenta por sus flores. Incluso en Fuerteventura se hace miel de algarrobero. Su masa foliar tiene también importantes consecuencias para mejorar nuestro clima. De ahí que, en Telde, en parques y jardines, se está aprovechando esta especie para recuperar suelos y crear nuevos “bosques de ciudad” orientados a la Acción Climática.

La importancia de las flores del algarrobero para las abejas.

En algunos lugares se le conoce a este árbol como “pan de San Juan”.

En abril comienzan las primeras flores del algarrobero, aunque hoy comprobamos como el ejemplar de Telde ya tiene flores. Estarán ofreciendo su rico manjar a las abejas durante varias semanas. Es un árbol que proviene de Siria y Palestina, muy extendido por el Mediterráneo. Es introducido en Canarias y se ha adaptado muy bien a las zonas de costa y medianías de Gran Canaria. Asilvestrado por cualquier lugar, hay ejemplares muy singulares. Uno de los más viejos y espectaculares se encuentra en la Villa de Santa Brígida.

 

Su nombre científico es Ceratonia siliquia (del griego keration = cuernecillos y siliqua, del latino =vaina). Se le conoce como: algarrobo, farrobo, garrofo o algarrobero.

“Este era aquél manjar del cual el hijo pródigo, como dice San Lucas, al verse afligido por el hambre, deseaba comer como los puercos…y como este árbol abunda en las inmediaciones de Jerusalén, han creído que en él se ahorcó el traidor discípulo y se le llamó después Árbol de Judas” según nuestro ilustre José de Viera y Clavijo.

 

Probablemente fue el alimento de San Juan cuando estaba solo en el desierto de ahí se conoce al algarrobo como “pan de San Juan”.

 

El médico naturalista, Jorge Cruz, autor de libros y del espacio Biodrago, nos cuenta que “las propiedades terapéuticas de la algarroba eran desconocidas hasta hace unas cuantas décadas. Se comenzaron a conocer durante la guerra y la posguerra civil española en que, al convertirse en un alimento de alto consumo, se pudo observar que disminuían muchísimo los episodios de diarrea en la población general, que luego pudo comprobarse con los estudios correspondientes”.

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