La Planificación Hidrológica de Gran Canaria a debate.

El 20% de la población de Telde tiene un saneamiento deficiente.

Según los documentos oficiales expuestos al público, concretamente son 21.321 los habitantes de Telde que tienen un saneamiento deficiente lo que ejerce una presión significativa sobre las masas de agua subterránea.portada Plan Hidrologico.png
Supone un 20,9% de la población local, muy por encima de la media de Gran Canaria (7,1%) y lejos de la escandalosa cifra del municipio de Santa María de Guía (85,9%).
Consulta pública y participación activa de los Documentos Iniciales.
El Boletín Oficial de Canarias del 8 de agosto de 2016 publicó el anuncio


del Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria por el que se someten a consulta pública y participación activa los Documentos Iniciales del Segundo Ciclo de Planificación Hidrológica (2015-2021); así como el esquema provisional de temas importantes de la Demarcación Hidrográfica de Gran Canaria, durante un plazo de seis meses.
La isla de Gran Canaria con una superficie superior a los 1.500 km2 registra unas 172 presas o embalses, de las cuales unas 70 tienen la consideración de grandes presas, que es una denominación aplicada a aquellas obras hidráulicas de retención de aguas superficiales con más de 15 metros de altura o más de 100.000 m3 de capacidad.
Cuenta, además, con cerca de 800 concesiones de aprovechamientos de aguas superficiales, materializadas en presas que embalsan el agua en el propio barranco o tomaderos que la derivan a otras presas o estanques fuera del cauce.
Las presas tienen gran importancia estratégica, pues aunque satisfacen menos del 7% de la demanda de la isla en un año medio, en algunas cuencas como la de La Aldea son la principal fuente de suministro de agua para la agricultura.
Recursos hídricos no naturales: desalación y regeneración.
Por otro lado, la capacidad total de desalación de agua de mar es de 104 hm3/año, procedente de un total de 20 complejos de desalación públicos y privados. La producción real se estima en unos 72,80 hm3/año, lo que supone un coeficiente de utilización del 70%, que está condicionado por factores como la estacionalidad de la demanda de agua para la agricultura o la configuración como reserva.
En Gran Canaria se reutilizan de manera directa un total de 11,8 hm3/año, suponiendo un 7% de los recursos hídricos propios de la isla. Casi la totalidad de las aguas regeneradas corresponde a aguas residuales urbanas e industriales depuradas.
El destino de estos volúmenes de agua reutilizadas es fundamentalmente para el regadío de zonas agrícolas (3,8 hm3 – 32%), usos recreativos (campos de golf 3,3 hm3 – 28%) y para usos de agua no potable urbanos: baldeo de calles, riego de parques y jardines, etc. (4,7 hm3 – 40%). Desde el Plan Hidrológico de 1999 se apostaba claramente por las aguas regeneradas, que debían jugar un papel muy importante en la sustitución de las aguas subterráneas para riego.
Sin embargo no se han conseguido los objetivos propuestos. Las causas de esta demora han sido de diversa índole: depuración de mala calidad o depuradoras con capacidad insuficiente, problemas con las tecnologías implantadas para la regeneración del agua depurada y retrasos en la ejecución de las infraestructuras necesarias, según los documentos oficiales ahora a debate.
Una decisión individual genera un problema colectivo.
En alguna ocasión lo hemos documentado. La proliferación de construcciones fuera de ordenación, en general, inconexas a las redes e infraestructuras públicas construidas, generan unas exigencias y nuevas dotaciones que al final terminan en las arcas públicas.
Que en Telde tengamos la cifra del 20,9% con «saneamiento deficiente» (como dicen textualmente los documentos oficiales) es significativo. En pleno siglo XXI, con tantas Directivas Europeas, con marco normativo amplio sobre las aguas urbanas, etc… a mí -personalmente- la cifra me parece cuanto menos preocupante. Podemos, poner el acento en ese urbanismo descontrolado (en Telde con más de 44 núcleos fuera de ordenación), pero también la falta de previsión e inversión en otros núcleos que aún estando dentro del entramado urbano no se han resuelto sus problemas de saneamiento.
En el contexto insular, el aumento de la población y del consumo por habitante ha producido un incremento del volumen de aguas residuales, pero no han crecido al mismo ritmo los sistemas de saneamiento y las nuevas depuradoras. Esto debe unirse al hecho de que en ocasiones, los desarrollos urbanos y turísticos no tenían en consideración las infraestructuras de saneamiento existentes que, posteriormente, debían darles servicio.
En Gran Canaria unas 45 actuaciones se han ejecutado relativas a la red de saneamiento, depuración y conducciones de vertido (primer periodo del Plan 2009-2015). A todas luces insuficientes porque la problemática persiste. Estamos en una fase de participación ciudadana donde debemos exigir a las instituciones implicadas actuaciones que mejoren la red de saneamiento, los tratamientos de depuración y el control de los vertidos.
Ahora más que nunca hay que «mojarse».

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