OBRA DE JOSÉ MANUEL ESPIÑO MEILÁN PRESENTADA EN LA CASA MUSEO LEÓN Y CASTILLO DE TELDE
Crónica de Jesús Ruiz Mesa-colaborador cultural.
El jueves 3 en la Casa Museo León y Castillo fue presentada la obra del profesor y escritor José Manuel Espiño Meilán, Un centenar de lagartos, con la intervención del naturalista, escritor, ecologista José Luis González Ruano y el filósofo Rubén Benítez Florido, que expusieron en sus intervenciones los conceptos tan olvidados y en numerosas ocasiones incomprendidos de protección de la naturaleza, ecología y conservación del medio ambiente en todos sus ámbitos, y el antropocentrismo que el humano ha considerado desde siglos como dueño y señor de la naturaleza.
El director de la Institución museística, y Cronista Oficial de la Ciudad de Telde, D. Antonio María González Padrón, da la bienvenida al público, y a los escritores, poniendo a disposición de estos actos culturales, las puertas abiertas de la Casa Museo León y Castillo dependiente del Cabildo grancanario, asociada a ACAMFE (Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores), e ICOM (Consejo Internacional de Museos).
En primer lugar interviene el escritor González Ruano, que recientemente abrió en Las Palmas de Gran Canaria la librería Azulia, especializada en libros de viaje y temas de naturaleza, expresa: «He aceptado gustosamente mi intervención por la larga amistad que hemos conservado desde hace años. Cuando la primera vez que conocí a José Manuel, andaba entonces con el movimiento ecologista La Garita Azul, que nos habíamos propuesto intervenir, a la vista del deterioro tan grande de la costa que, en aquel momento, existía. Con el vertido del buque Ángela Pando que encalló en La Isleta y provocó un vertido que contaminaba el litoral, acercándose a Jinámar, y la negativa por parte de un político de que no era así.
Con aquellas inquietudes oceanográficas, desde puntos de vista distintos, fue como un detonante. Surgió la actividad del grupo, en una de las ocasiones, hicimos un acto de reivindicación en la playa con cosas tan ingenuas como que el mar debe vivir y esa idea se mantiene aún. Entre las personas que acudieron a aquel acto apareció por allí José Manuel, que estaba involucrado en proyectos futuros con Turcón, allí hablamos del mar y de todo, y hasta hoy, es precisamente lo que ocurre con este libro. José Manuel habla de emociones, no puede parar de contar cosas, habla de todo, etología, biología, habla de cosas que cree que son interesantes y deben mencionarse.
Él es un divulgador, en cierta ocasión hago memoria desde cuando nos llevó con su primer libro por los arenales de Tufia, donde de alguna manera, artesanal, con unos dibujos muy sencillos nos introducía a conocer plantas como el chaparro, la piña de mar. Nos hablaba de esos endemismos dándole la importancia necesaria para que hoy en día se conociera y nadie va a negar, estando en una de las regiones que, botánicamente, más importantes del planeta. Islas que cuentan con más de 500 endemismos, una riqueza que tenemos que proteger, y en ese mensaje, contándonos una historia que ha evolucionado desde su primer libro, aquella joya primigenia del Jardín de Escuela, que es donde a mí me impresionó y recuerdo que es aquel primer José.
Creo reconocer a algunos de los personajes que toca en este libro, en el capítulo de Paraísos Repoblados creo conocer a algunos ecologistas, de sabiduría, pensando en la capacidad de ver lo positivo, lo bueno del mensaje de la naturaleza. Desde aquí un recuerdo a D. Jaime O’Shanahan, fallecido hace unos años, que aquí en Telde, uno de nosotros si quiera sospechábamos que la naturaleza era algo a lo que había que mirar, y se hizo un esfuerzo titánico para su conservación, sobre todo de los palmerales que últimamente han sufrido el olvido humano. Un paisaje que José Manuel reivindica en Un centenar de lagartos, como partes integrantes de la misma tierra, compartiendo todo, es precisamente el gran valor de la obra.
A mí me gusta ver el mundo con los ojos del mundo, y es algo a lo que no estamos acostumbrados, la propuesta de José Manuel es esa. No vamos a vivir como los personajes del libro, pero si podemos tener esa perspectiva en alguna ocasión. Tener otra óptica de la visión del mundo, de la naturaleza que nos rodea y obrar en consecuencia, estaríamos más conformes con nosotros mismos y no estaríamos abocados a cometer tantos destrozos como hemos cometido. Jaime O’Shanahan si viera el desastre que se está cometiendo con los palmerales en Jinámar y en otros lugares de la isla se moriría otra vez. Yo les invito a que se introduzcan en el libro de José Manuel Espiño. Muchas gracias»
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