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Historias de Tokio: La portera, segunda parte

Y ese fue el escogido. Fuimos a verlo de día, de noche y al atardecer, como si los posibles cambios de luz fueran a hacernos cambiar de idea…¡si ni siquiera la falta de ascensor me iba a disuadir de estar viviendo allí unos días después!
Y llegó el día de la mudanza. La noche antes fuimos a cenar a nuestro restaurante favorito, el del «cocinero sin nombre», para despedirnos.
Casi me muero. Y eso que yo no tuve que cargar cajas y subirlas por aquellas escaleras. A mí me tocó hacer la limpieza final del apartamento para entregarlo a la agencia y que nos devolviesen la fianza. Estaba embarazada de ocho meses y medio y me pasé. Entre el fuerte olor de los productos de limpieza, la aspiradora mini que tenía y que debía pasarla de rodillas, los cristales que dejé relucientes, etc…me bajó la tensión y tuve algunas pérdidas, pequeñas, pero que me asustaron muchísimo. Y esa tarde tenía que trabajar. No pude ir. Aproveché para despedirme de «Roland», la academia de idiomas en la que trabajaba, y empezar a cuidarme para la llegada de Yui, a la que solo le faltaban ocho días para llegar. Continuar leyendo «Historias de Tokio: La portera, segunda parte»

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Historias de Tokio: La portera

Llegó el momento de cambiar de hogar. Las carreras se seguían sucediendo en el falso techo y la llegada de Yui era inminente. Así qué comenzó la ardua tarea de buscar nueva casa. Cada vez que pasaba por la agencia me paraba en el escaparate. Estudiaba meticulosamente cada uno de los planos que exhibían. Me había hecho una experta en descifrar los símbolos: 1LDK, osiire, yokushitsu… Y los precios. Ya había controlado uno que tenía dos habitaciones y no era demasiado caro, aunque se me caía la baba viendo aquellos que pertenecían a edificaciones nuevas: lo malo es que lo único que nos podíamos permitir sería una habitación y diminuta, pero yo estaba dispuesta a sacrificar espacio(más todavía)a cambio de un baño en condiciones, un «Ofuro» nuevito en el que poder meterme dentro con ese agua ardiendo y llena de sales japonesas que eran una maravilla. Qué duro fue encontrar un nuevo apartamento. Continuar leyendo «Historias de Tokio: La portera»

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Un funeral sin muerto

Cuando caminaba por las calles de Tokio hacia mi lugar de trabajo, casi todos los días me encontraba con situaciones que llamaban mi atención: desde el monje solitario apostado en una esquina del metro en su camino de peregrinaje o una pequeña parcela entre edificios que se había acordonado con una cinta de la que colgaban lo que parecían pequeños trozos de papel blanco, con un sacerdote budista, también vestido de blanco, acompañado de tres o cuatro personas más (los dueños de la futura casa que se construiría allí o del local de negocio) celebrabando una ceremonia para traer los buenos augurios al lugar; o un chico que llevaba a su amiga atada a una correa por el cuello, paseando por las calles de Omotesando. Lo cierto es que en Tokio, al igual que en Blaner Runner del ya inminente 2019, puedes encontrar cualquier cosa, incluso alguna forma tokiota de replicantes. También me encontraba muchas veces, locales abiertos a las calles, garajes de casas abiertos y en cuyo interior había una fotografía de alguien en una especie de altar y un ajetreo de ir y venir de personas, vestidas de negro y que celebraban allí la ceremonia del funeral. Allí o en salones de restaurantes o en templos.
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