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Historias de Tokio: El comienzo I

Cuando llegué por primera vez a Tokio, no de vacaciones, sino a vivir allí (ya había estado una vez), en realidad no sabía lo que me iba a encontrar. Hacía un mes aproximadamente que había decidido dejar mi trabajo en Oviedo, coger las maletas e irme a Inglaterra a “probar fortuna” con mi inglés patatero. Una vez allí (con varias aventuras que ya contaré), recibí la llamada de Jin. Me urgía a ir en el plazo de tres o cuatro días. Tenía un trabajo para mí pero era imprescindible ir a Tokio ¡ya! Llamé a mi madre que, a pesar de que quería que me fuera, le parecía una locura. No el irme a Japón, no, el irme con tanta premura, sin volver a España, como ella decía, a cambiar la ropa de invierno por la de primavera (bonita forma de decirme que querían verme antes de partir al lejano Oriente). Y volví. En tres días me despedí de todos los que pude. Mis padres me pagaron el billete y mi amiga Beatriz me acompañó a la estación de los ALSAS con mi supermaleta. Pasaría esa noche en Madrid, en casa de mi abuela, que me acompañó al día siguiente al aeropuerto (jo, había olvidado estas cosas). Ya conté en otra ocasión que tuve que pagar un montón, 60.000 pesetas, por exceso de equipaje. Continuar leyendo “Historias de Tokio: El comienzo I”

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KIOTO, 24 horas, un día, una Vida

Tokio, algún día del 2001
Prácticamente acababa de llegar. Todo ocurría muy rápido. Todo pasaba deprisa. Luces, símbolos, gentes, incluso el “tren bala” que nos había llevado hasta allí a más de 200 Km/hora, y en dos horas y treinta minutos, Kioto…
¿Podré ver alguna geisha? ¿Iré a esos templos mágicos, casi de ensueño, que hemos visto en alguna postal?…Caminando llegamos hasta el hotel en el que íbamos a pasar tres días. Un hotel económico, como su propio nombre indicaba: “Econo-Inn”. Un yukata * y unas zapatillas que me pongo ilusionada mirándome al espejo ¡parecía una geisha!
Tras una ducha rápida nos preparamos para salir. El día estaba gris, húmedo. Una fina lluvia, casi imperceptible, que incluso agradecía ¡hacía tanto calor! Salí a la calle casi saltando, casi volando, ansiosa de recibir a esa ciudad que siempre había estado tan lejana y que ahora el destino ponía ante mí.
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Historias de Tokio: La dulce Kitty

Cuando llegué a Tokio con algo de dinero que había ahorrado de la liquidación en España y del trabajo como camarera en el restaurante “Macarena” de Londres, la principal preocupación era ” no gastar” . Tokio es carísimo, pero también es cierto que una vez allí, cuando aprendes a vivir no como extranjera, a buscar, encuentras la forma de economizar y hasta de ahorrar. Pero al principio, después de dejar la mitad de mis ahorros en el exceso de equipaje, el miedo a cómo me iba a ir en el trabajo, el miedo que tenía Jin que era un becado con beca exigua, el alquiler de los 15 metros cuadrados de 80.000 pesetas al mes y el vencimiento del contrato cada dos años (y que suponía pagar: un mes de regalo para el dueño del suelo, otro para el dueño de la propiedad y otro para la agencia) estábamos aterrorizados. Así que las instrucciones eran claras: ” ningún gasto superfluo”. Continuar leyendo “Historias de Tokio: La dulce Kitty”