Historias de Tokio: Nezumi III
…Le acompañaba uno de los tres hermanos de la agencia. Tras la primera inspección ocular se quedaron asombrados y me dijeron que entendían mi desesperación, ya que el apartamento estaba precioso. No podían imaginarse que el sitio que ellos nos habían alquilado pudiese sufrir una transformación semejante (el toque femenino) y que era una pena que fuera invadido por ratones. Nos explicaron que el foco de «infección» era el apartamento del piso de abajo, que estaba muy sucio, que vivían más de los que cabían y que ya les habían llamado la atención. El proceso «barato» sería el siguiente: colocaría trampas todas las semanas en cada apartamento y los jueves pasaría a ver cuántos habían caído. La solución no me hacía mucha gracia pero era lo que había. Y cuál no fue mi sorpresa cuando abre el armario de la habitación y con una sola mano mueve lo que yo creía el techo (un tablón de chapacumen) sólido y rígido con el que me creía a salvo, sube por ahí y vuelve a bajar. Las trampas ya habían sido colocadas pero a mí me seguía preocupando que volviesen a entrar, así que le expliqué lo que había hecho con los periódicos y casi se le escapa la risa (era un profesional y no debía reírse, sobre todo en Japón). Me explicó que a los ratones les encanta el papel, así que se lo debían estar pasando pipa, come que te come, abriéndose camino de nuevo. Continuar leyendo «Historias de Tokio: Nezumi III»