EL arte de diseñar o el arte de soñar
Creo que uno de los mejores caminos para aprender, para crecer y para tener una visión abierta sobre todo lo que nos rodea, es viajar. Por desgracia, esto no está al alcance de todos. Yo tuve la suerte de tener una madre azafata que trabajaba para una compañía, Iberia, que nos permitió viajar de forma gratuita por todo el mundo, hasta que cumplimos la edad de 26 años. Mis padres, conscientes de que nuestro futuro nos permitiría viajar o no, aprovecharon todos esos años para llevarnos muy lejos. Europa, Asia, América…Muchos países y muchas vivencias. Muchas culturas. Quizá eso determinase que mi hermana y yo hiciéramos parte de nuestras vidas, una en Reino Unido y otra en Japón, con una naturalidad y una valentía, propia de personas que entienden el mundo como un lugar sin fronteras; como un único espacio fuente de conocimientos y experiencias y que éramos afortunadas por poder beber de todas ellas.
El futuro que temían mis padres, el de no tantos viajes y no tan lejos, es una realidad, pero aun así, sigo intentando viajar. Muchas veces lo hago «sin moverme del sillón». Viajo organizando viajes que luego no hago, pero que disfruto casi tanto como si hubiese estado allí, navegando por la red.
Mi último viaje, Bilbao. No había estado nunca. Eso es lo que tiene lo que decía antes de «cuanto más lejos mejor», que dejamos para más tarde lo que está ahí al lado.
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