Hacía tiempo que tenía un libro en la estantería que hace las veces de cabecero de cama y de mesilla de noche. Bueno, no es el único libro que me espera allí. Este, en concreto, me esperaba desde el 7/11/2019. Lo sé porque guardé el ticket de compra dentro del libro. No sé por qué lo hice. Pero ahí está. El ticket, además, me dice que me atendió Raúl a las 17:42, en la librería Sinopsis. Voy a volver a guardarlo dentro del libro. Pienso que si el libro viaja alguna vez a otra estantería, será bonito para alguien descubrir estos detalles.
Lo que quizá no llegue a saber esa persona, es la ilusión que puse en su compra. Casi salté al verlo: El estupor de los atlantes, de Nicolás Melini. Es bonito comprar un libro de un escritor al que tienes la suerte de conocer y al que admiras por uno u otro motivo, no solo el de escribir.
Mientras escribo pienso que al terminar, voy a enviarle un wasup. Quiero decirle que he conocido a Luz e Isabelle. Que para mí, un libro hermoso es aquel que, al terminarlo, me deja triste. No precisamente porque el libro sea triste, sino porque me despido de los personajes, de las dos mujeres a las que he conocido en la intensidad de sus 103 páginas. Dos mujeres que se aman o no, pero que en algún lugar del tiempo, sí lo hicieron. Porque para que Isabelle se sienta como esos atlantes de la entrada del Pavillon Vendome, y diga que “Luz ha acabado pesándome tanto” (pág.41), es porque la ha amado mucho. Porque lo que no se ama, no pesa. Que en su nouvelle, ha plasmado el fin del amor de una forma tan real, que todos podemos decir que nos hemos sentido como esos atlantes, al menos una vez en la vida. Que he incluido en mi vida ese lema: “No protestes, implementa” (No discutas, implementa) (pág.69). Que no sé si queriendo o sin querer, ha hecho un homenaje a todas las mujeres. A todas las Aishas que desaparecen en su camino hacia la libertad, cruzando desiertos o mares. Él, al que tanto atacan por defender su concepto de feminismo. Que al final, todos somos atlantes: los amantes, los activistas, los refugiados. Los sirios, los eritreos, los africanos…Algunos, seguimos sujetando las cornisas. Otros, como imagina Isabelle, un día dejan de sujetarlas y emprenden el camino.
Wasup. Nicolás: he terminado El estupor de los Atlantes. Me ha encantado. Y el final es realmente hermoso: “Imagino una escena hermosa…” (pág.103).
Nicolás Melini / El estupor de los atlantes / Ed. Nazarí.
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