Votar para no lamentar

 

Estamos ya en la recta final de la campaña electoral. El próximo domingo, tenemos una cita en las urnas para elegir la nueva composición del Congreso y el Senado. También en la Comunidad Valenciana se iniciará un nuevo ciclo tras el adelanto de las elecciones por parte del presidente Ximo Puig.

Mucho se está diciendo, escribiendo, opinando porque debatir, debatir no se hace mucho, la verdad.

Estamos asistiendo a una campaña bronca, con tintes de mala educación, donde las mentiras se cuelan sin que crezca la nariz.

No me ha gustado nada este tono.  Me he preguntado muchas veces si los candidatos dejan ver a sus hijos e hijas las declaraciones que hacen, si les permiten ver cómo se relacionan con sus adversarios, si les dejan utilizar el mismo vocabulario que usan ellos para referirse a sus interlocutores cuando les envían al colegio a jugar  en el patio del colegio o se reparten los grupos en la clase de mates. Y también tengo curiosidad en cómo les explican el respeto a  los turnos de palabra.

Y digo políticos, porque estamos bajo la imagen de los dos debates que se han llevado a cabo estos dos días. Es una fotografía que no por sabida  deja de doler: la imagen de cuatro candidatos hombres, listos para debatir, mientras las mujeres dejaban impoluto el escenario y quitaban el sudor de sus señorías. Esta imagen  sigue siendo poco representativa de lo que este país está viviendo con la cuarta ola feminista.

Tampoco me gustan estos debates, que no lo son. O me gustaría que lo hicieran a lo largo de toda la legislatura. Cada uno ha ensayado su papel, supongo que hasta delante del espejo, con sus asesores. Yo no busco comunicadores que vengan a soltarnos sus poco originales mensajes. Ya los hemos oído hasta la saciedad durante todo este tiempo que está resultando eterno. Lo que necesitamos son programas claros que defiendan lo que este país necesita.  Propuestas para hacer frente a la urgente transición ecológica; que de respuestas a la precariedad laboral que vive nuestra gente joven; que haga frente a este terrorismo machista que no cesa; que defienda los servicios públicos: educación, sanidad, dependencia; que ponga diques de contención a la corrupción; que plantee un sistema de pensiones justo y sostenible; que tengamos una fiscalidad justa; que dialogue con todos los territorios defendiendo sus necesidades y no confrontándolos; que contribuya a la Europa de la ciudadanía.

Por eso, es necesario ir a votar este domingo, porque lo que está en juego es mucho. Nos jugamos el futuro. Un futuro que mire a quienes son más vulnerables y los proteja en lugar de seguir favoreciendo  a las clases más pudientes. Un futuro de diálogo, sin confrontación, con negociación y debate. Un futuro sin hurgar en los temas pasados para sacar rédito político. Un futuro en este país, con una bandera que no es propiedad de los partidos de la derecha, sino de toda la gente de buena voluntad que trabaja día a día para defender la paz, la convivencia, la igualdad y la solidaridad.

Ya sé que existe mucha desafección. Acabo de venir de mi dentista y las dos coincidimos en que si en otros momentos podíamos quedarnos en casa, en esta ocasión no es posible.  Aunque no nos guste del todo un partido político. Sabemos que no hay ninguno a medida. Pero seguro que encontramos el que más nos representa. Antes de que se instale el blanco y negro; antes de que quieran que tengamos criaturas para regalar como si fueran los calabacines que nos sobran en la huerta; antes de que nos quieran meter de nuevo en la cocina; antes de que sigan enfrentándonos con otros territorios; antes de que continúen desenterrándonos temas pasados; antes de que nos quiten la bandera que parece que es suya; antes que desmantelen el estado del bienestar, antes de que… Vayamos a votar porque sino,  después de nada nos valdrá lamentar.

 

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