Nos están matando

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Esta ha sido una semana trágica para las mujeres. Cada día nos hemos levantado con una nueva víctima de este terrorismo machista que no cesa. Victimas directas e indirectas, como las dos niñas asesinadas por su padre en Castellón, para maltratar y castigar a su ex pareja con lo que más le duele: sus hijas.

Según todas las informaciones publicadas, la mujer había denunciado estos hechos pero la jueza no encontró motivo para dictar una orden de alejamiento. No se cómo estará viviendo esta jueza el fatal desenlace. Tampoco cómo lo está haciendo su homóloga de Bilbao, que no detectó peligro, cuando la mujer senegalesa, asesinada también delante de sus dos hijas, lo denunció.

No me gustaría estar en la piel de quién tiene que vivir sabiendo que sus decisiones pueden producir tal desenlace. Supongo que no será fácil discernir dónde está el verdadero riesgo pero habrá que extremar las medidas, pecar más por exceso que por defecto.

Me estoy preguntando una y otra vez cómo éstas noticias están afectando a las mujeres en su intención de denunciar a quienes las maltratan, ponen en riesgo su vida y la de sus descendientes.

Me planteo si a esa duda y vulnerabilidad, fruto del miedo, la dependencia emocional y /o económica, en la que se encuentran las mujeres cuando son víctimas de sus parejas o exparejas, se le suma la desconfianza manifiesta en el sistema de protección que tendría que velar por ellas y sus criaturas. ¿Cómo vamos a animar a que denuncien? ¿de qué manera seguiremos acompañando estos procesos tan dolorosos?

Tras los acontecimientos de estos días se vuelve a poner de manifiesto la necesidad de formación entre el personal de los juzgados, de la policía. Las raíces del sistema patriarcal están, siguen bien enraizadas en nuestra sociedad y también en sus instituciones.

Durante esta semana también hemos visto a sus señorías  muy preocupadas en mirar por los intereses partidistas, posicionamiento en las encuestas, petición de elecciones, escuchas telefónicas, mientras el Pacto de Estado sobre la violencia contra las mujeres sigue sin desarrollarse. Ahí está. Parece más una declaración de intenciones que la puesta en marcha de medidas concretas. Estos días se ha hablado mucho de la necesaria formación entre el personal especializado en tratar la violencia contra las mujeres que haga frente a esta lacra.

Ya estoy harta de concentraciones, de minutos de silencio, de que esto siga siendo un tema de puertas para adentro y de los colectivos feministas. Me pregunto qué reacción tendría la sociedad, si en lugar de mujeres asesinadas por sus ex parejas, o criaturas muertas por sus padres, fueran representantes de la carrera política, empresarial, jurídica o incluso deportista. Seguro que llenaríamos telediarios, programas de radio y cientos de páginas de periódicos. Pero parece que la vida de las mujeres forma parte de categorías inferiores, que no merecen una actuación con los medios proporcionados a otras luchas antiterroristas.

Como dice la jueza Victoria Rossel, en un magnífico artículo de opinión publicado en el diario,es  de hoy: nadie creerá en vosotras hasta que hayáis muerto. Parece triste pero a raíz de los últimos acontecimientos tiene todos los visos de ser verdad.

Y a quienes están hartos de la vida y no encuentran más que odio, que sigan la invitación de Morgan: que se suiciden primero.

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