Debido a la anormal situación actual, la mayoría estamos viviendo fuera de nuestra zona de confort, afrontando situaciones emocionales nunca antes vividas.
A nivel laboral, una parte importante de la población sigue con sus actividades cotidianas, adaptándose tecnológicamente, con todo el caos que en ocasiones eso conlleva a nivel organizacional, generando una sobrecarga en la actividad. Y en este escenario, la población trabajadora y l@s estudiantes están experimentando dificultades de concentración, de atención y de motivación, viéndose con frecuencia desbordad@s ante las tareas habituales y tendiendo a posponerlas. Se ve y se siente dispersa, con dificultades para centrar la atención en las tareas… Un exceso de distracciones y de preocupaciones invaden las mentes. Una ansiedad flotante les acompaña a lo largo del día, experimentando incluso un estado de alerta casi permanente, debido a la amenaza real del entorno y que el organismo así percibe, generando las sustancias que lo preparan para actuar y defenderse. Y al no poder hacerlo, la ansiedad va instalándose progresivamente, llegando incluso a producir un trastorno de estrés postraumático si la situación de amenaza se prolonga en el tiempo.
Estamos haciendo frente, sin ser a veces conscientes de ello, a lo que comúnmente se conoce como trastorno adaptativo, afección íntimamente relacionada con el estrés y que es una respuesta a un malestar profundo ante una situación insostenible al no poder encontrar una salida. De ahí que la ansiedad, la angustia, la frustración y la desesperanza no tardan en aparecer.
En circunstancias normales, este trastorno es motivo de baja laboral, pero en el momento actual, la situación se está afrontando sin bajas y sin apenas herramientas. Se trabaja sin recursos adecuados a la nueva situación: las viviendas no están equipadas para el teletrabajo, la prole comparte espacio con las personas trabajadoras interrumpiendo y reclamando atención, el trabajo online recurre a aprendizajes rápidos de programas nuevos o plataformas desconocidas… Todo ello impregnado a su vez de una proliferación de pensamientos negativos; de un miedo pululando y campando a sus anchas; de una incertidumbre y una visión de futuro más bien negra y de la angustia siempre tan presente ante situaciones existenciales fuertes como la muerte, la enfermedad y el paro, que además de desmotivar, dificultan e impiden centrarnos y concentrarnos.
En este contexto, no es extraño que surjan una serie de respuestas desadaptativas. Señalaremos algunas de ellas:
- Ànimo depresivo: Las personas se dejan ir porque se sienten tristes, desesperanzadas, y progresivamente dejan de hacer rutinas…
- Ansiedad y angustia: aparecen las preocupaciones, el nerviosismo, la inquietud y el miedo ante el futuro…
- Trastornos del comportamiento: maneras de sacar al exterior la tensión interna acumulada, violando incluso normas y reglas.
- Alteraciones emocionales: cambios bruscos de humor, problemas de atención y concentración…
- Somatizaciones diversas: cefaleas, diarreas, dolores de espalda…
- Alteraciones cognitivas: déficit de atención, dificultad para la concentración, baja motivación…
- Trastornos diversos: insomnio, pérdida de apetito, aumento de conductas compulsivas y adictivas…
La consecuencia de este tipo de vivencias normales y sanas aunque desadaptativas, es un profundo malestar que gestionamos unas veces ocultándolo, otras sientiéndonos culpables, otras pensando que es algo que solo nos pasa a nosotr@s, cuando en realidad esta distopía afecta a la calidad de vida, en el sentido de que hay un deterioro significativo en terrenos importantes como los ámbitos laboral o estudiantil, los conflictos interpersonales y/o la salud física.
¿Qué podemos hacer con todo esto?
Acoger las emociones y los sentimientos como normales dada la situación, dándoles un espacio y un tiempo para digerirlos. Trasladar al papel el cúmulo de emociones y sentimientos que nos habitan en diferentes momentos, consiguiendo de este modo nombrar y proyectar en el exterior todo aquello que nos remueve dentro hasta hacerse casi insoportable, es de gran ayuda. Otra herramienta muy eficaz es practicar la autoempatía y autocompasión. Se trata de tratarse a un@ mism@ con cuidado y mimo, con el mismo cuidado, interés y ternura con el que tantas veces tratamos a las personas que amamos.
Todo ello nos permitirá conseguir una cierta calma, bajando así la intensidad de los sentimientos aflictivos, lo que nos permitirá acceder a los beneficios de actividades contemplativas como la meditación, la focalización (focusing), la visualización creativa, el yoga, la relajación… No está de más tener presente que toda ampliación del conocimiento a través de lectura de textos, libros, audios… que podamos adquirir sobre este trastorno, facilita su manejo.
Bajar el ritmo de trabajo, introduciendo pausas que permitan habilitar espacios para incorporar la instrospección, ayuda en estos casos. Se trata de superar el mecanismo de defensa de la negación para llegar a la aceptación de la situación, evitando falsas expectativas, siendo realistas y pacientes, puesto que volver a la normalidad llevará tiempo.
Podríamos añadir más elementos que ayudarían a facilitar el paso por esta etapa tan difícil como el establecimiento de rutinas sin llegar a la obsesión, la practica de ejercicio físico diario siempre en un espíritu placentero, evitar la sobreinformación, mantener contacto social -watsaps, conversaciones telefónicas, facetime, skype,zoom-, lecturas. Sin olvidar por supuesto la ayuda de l@s profesionales de la salud.
Y sobre todo no olvidar que la respuesta desadaptativa es una reacción sana ante una situación anormal.
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