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La escucha en la comunicación

Oreja, Aurícula, Escuchar, Oyentes, Terapeuta

 

“Hablar es una necesidad, escuchar un arte” Goethe

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La escucha es un proceso fundamental en la comunicación. Debiera formar parte de las habilidades sociales, quizás una de las más importantes.

Escuchar resulta difícil porque exige un dominio y control sobre sí, además de implicar atención, comprensión y esfuerzo para captar el mensaje de la otra persona. En el fondo la escucha dirige la atención hacia la otra persona, se adentra en ella, en su ámbito de interés y en su marco de referencia.

La escucha requiere todo el cuerpo, no solo la mente. No se trata de oír, sino de escuchar con el entendimiento. Y para ello, hay que vaciarse de todas las facultades. El vaciado permite percibir lo que está ahí presente delante. En fenomenología se habla de poner entre paréntesis nuestro mundo, suspender nuestros juicios y prejuicios, para que el mundo de la otra persona pueda emerger en todo su esplendor. Se trata de vaciar la mente.

Se trata de una habilidad que requiere apertura, empatía, respeto, honestidad, responsabilidad, presencia. Y por supuesto, práctica.

Carl Rogers- psicólogo humanista –la tercera fuerza- desarrolló el concepto de escucha activa. Una técnica y una estrategia muy específica de la comunicación humana. Se compone de una serie de comportamientos y actitudes que propician en el receptor una actitud de escucha y de respuesta (retroalimentación). Actitudes como la disponibilidad, el interés. De alguna manera, este tipo de escucha es una forma de mostrar a la persona que habla de que se le está entendiendo, es decir, no solamente escuchamos lo que la otra persona dice, sino sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos; incluso aquello que no es verbalmente dicho pero si actitudinalmente, es decir, el mensaje no verbal.

Hay muchas “interferencias” o “resonancias” en la escucha que dificultan e impiden la comunicación. Algunas muy comunes son: aconsejar, competir, consolar, contar una historia parecida, minimizar, interrogar, explicar, corregir, justificar, negar, interpretar, pensar. De lo que realmente se trata es de habilitar un tiempo y un espacio para que la otra persona se exprese plenamente y pueda así ser comprendida. No hay que “arreglar” nada, ni “tranquilizar” a nadie. Se trata de estar presentes… Ja! No estamos educados para ello.

Muchas veces escucho en terapia decir a alguien “si te escucho” o “y si te he escuchado”. No obstante, esta afirmación no es garantía de que se haya realmente escuchado. En realidad, la otra persona –la que habla- está obligada a hacer un acto de fe. Hay que demostrar que se ha escuchado, y ello no se puede hacer sin la escucha activa, esto es, repitiendo (reflejando o parafraseando) lo que hemos escuchado y verificando, preguntando, si es realmente lo que hemos escuchado, lo que realmente la otra persona ha dicho. No es fácil.

Existen bastantes maneras de mostrar que se está escuchando. Veamos algunas:

1.- Parafrasear con preguntas. ¿te sientes dolido porque lo que te hubiera gustado es que yo….?” “¿tu quieres que yo te llame más a menudo para sentir que eres importante para mi?”

2.- Reflejar el estado emocional: decir cómo la otra persona se ha sentido “pareces enfadada, frustrada, triste…”

3.- Validar. Mostrar que se acepta la experiencia emocional de la otra persona, lo que la otra persona está viviendo emocionalmente, lo que no significa que se esté de acuerdo. “es normal que te sientas enojada”, “es comprensible”

4.- Resumir: “tu lo que estás diciendo es….”

5.- Empatizar: “pareces estar sintiendo… rabia, frustración, enfado…”, “te noto contenta, triste, alegre, con ganas…”, “percibo mucha tristeza en tus palabras…”

6.- Respetar los silencias, los tiempos

7.- Emitir palabras de refuerzo o cumplidos: “me alegra oír eso”, “me hace mucho bien escucharlo por primera vez”, “me encanta cómo lo estás haciendo”

8.- Dar señales de que se está escuchando con palabras o gestos

 

Existen igualmente maneras de mostrar que no se está escuchando. Veamos algunas muy comunes

1.- Juzgar.

2.- Distraerse.

3.- Interrumpir.

4.- Ofrecer ayuda o soluciones prematuras.

5.- Rechazar lo que la otra persona siente: decirle a la otra persona que no debería sentir lo que siente. “ No llores”, “no te sientas así”

6.- Contar tu propia historia cuando la otra persona necesita hablarte.

7.- Contraargumentar: “Me siento mal – pues yo también”.

8.- Síndrome del experto o tener la respuesta antes de que la otra persona cuente todo.

9.- Solucionar el problema sin que lo pidan o requiera la situación.

10.- Aconsejar.

11.- Descalificar.

Escuchar nos conecta a la otra persona, porque la vemos y la percibimos no solo intelectualmente, sino con sus sentimientos y necesidades. Reconocemos su propia existencia, su individualidad, su autonomía.

La expresión de “tu nunca me escuchas” bien podría significar que la persona no siente una conexión; puede percibirse desconectada, puede percibir falta de empatía; puede significar que su necesidad de ser comprendida no está siendo satisfecha; puede generar mucha frustración, desilusión, tristeza.

“Si me escuchara, te entendería”, significa que cuanto mejor y más me entienda yo, mejor podré escuchar a los demás.

Una buena escucha, una escucha empática, activa, significa 50% de la resolución de un problema.

Se trata de aprender a ser personas interlocutores válidas.

 

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La comunicación –no violenta-

Clave, Corazón, Margarita, Amor, Madera

 

A menudo escuchamos expresiones como “habilidades sociales”, “asertividad”, “limites”, “emociones”, “inteligencia emocional”. Pero casi nunca comunicación: “escucha activa”, “comunicación no violenta”. De hecho, no hay ninguna escuela que enseñe a comunicar. Como tampoco se hacen muchos talleres de comunicación: cómo escuchar, cómo hablar. Y por lo tanto, es la principal base de las habilidades sociales. La comunicación no está de moda.

La comunicación es una condición de la vida humana y el orden social. Quien dice comunicación, dice relaciones. En otras palabras, la comunicación no se da fuera de las relaciones sociales. La propia existencia humana cobra forma a través de la comunicación. Comunicar es establecer una comunidad con otra persona.

Desde su vertiente pragmática, la comunicación abarca no solo el aspecto discursivo, sino el comportamental. De tal manera que todo comportamiento es comunicación y toda comunicación afecta el comportamiento. No podemos olvidar que la comunicación surge de la necesidad del ser humano de vivir en relación y por lo tanto, la comunicación ha sido y sigue siendo necesaria en el proceso evolutivo del ser.

La comunicación humana se compone principalmente de dos actos: escuchar y hablar. Se trata de un proceso que no es necesaria y estrictamente un intercambio de información entre emisor y receptor y desde luego, imposible reducirlo a física y química.

La comunicación no violenta nos dirá Rosenberg, tiene cuatro componentes fundamentales: observación, sentimientos, necesidades y petición.

1.- La observación

Se trata de observar lo que está sucediendo, desterrando los juicios, las críticas, el análisis, las suposiciones e interpretaciones así como las valoraciones. En definitiva, observar sin evaluar. Es fundamental aprender a descubrir los hechos, identificar las conductas y situaciones que nos afectan y aprender a expresarlas claramente. Clasificar, juzgar, comparar, entre otras formas, bloquean la comunicación. Así por ejemplo, si decimos que alguien está agresivo, ya la propia calificación de agresivo es una forma de evaluar que nos aparta de los hechos. Si decimos “mi pareja se queja todo el rato”, quejarse ya es una forma de evaluar que nos aparta de los hechos e impide la comunicación. Decir el cielo está despejado es una comunicación diferente a decir, no hay ni una nube en el cielo. Decir el día está desapacible no es lo mismo que decir hace viento, lluvia, frio. El día puede estar desapacible para una persona pero no para otra. Mientras que el viento, la lluvia y el frio forman parte de la realidad y por lo tanto, constituyen hechos. Por lo tanto, constituirá parte del aprendizaje el observar sin evaluar. Y gran parte de la formación será así distinguir la observación de la evaluación.

2.- Los sentimientos

Emociones y sentimientos se sienten (en el cuerpo), no se piensan (en la mente). Es muy común decir que se siente lo que en realidad se está pensando. A menudo escuchamos frases como “me siento fracasado/a, ignorado/a, abandonado/a”. La realidad es que ni fracasado ninguna de estas tres palabras son sentimientos, sino pensamientos. En realidad, estamos interpretando con la mente, y no sintiendo. En realidad podemos sentir frustración, decepción, tristeza, desilusión.

Y no es lo mismo emoción que sentimiento. Las emociones constituyen aquello que nos moviliza; son como la energía que pone en movimiento; nos preparan para la acción. Estas se sienten en el cuerpo y desde luego, van antes que el pensamiento.
el sentimiento es la toma de conciencia de la experiencia emocional y por lo tanto, hay un componente cognitivo y subjetivo. Así hay personas que afirman que la lluvia les deprime, mientras que a otras, la lluvia les puede hacer sentirse contentas, complacidas, etc. Y por tanto, la lluvia como fenómeno atmosférico puede considerarse un hecho.

3.- Las necesidades

Así pues, asumir la propia responsabilidad de los sentimientos es una de las tareas pendientes en la comunicación: “aquello que dicen y hacen los demás puede ser el estímulo de nuestros sentimientos, pero nunca la causa”. Uno de los problemas comunicaciones más comunes es o culpar a la otra persona, o culparse a sí. La esclavitud emocional es la creencia de que somos responsables de los sentimientos de los demás. Y esto es muy perjudicial para las relaciones.

Lo importante es pues identificar las necesidades que están en la base de nuestros sentimientos. A menudo los reproches son formas violentas de expresar necesidades no satisfechas. Aprender a valorar, legitimar y a dignificar lo que necesitamos resulta fundamental. Tanto como lo que no necesitamos. Muy a menudo, todas las críticas, los juicios, las interpretaciones no son sino “expresiones alienadas de nuestras propias necesidades y valores”. Aprender a comunicarlas directamente favorece la comunicación en las relaciones.

 

4.- Las peticiones

 

Cuántas personas se dedican a cambiar a las demás personas para ver sus necesidades satisfechas. “Yo lo que quiero es que tu… que tu colabores más en casa… que me hagas caso… que me escuches… que me cuides… que me prestes atención… que me dediques tiempo… que me abraces… que me quieras… que me llames más frecuentemente… que me beses… que estés más presente”. Peticiones que podrían ayudar mucho. Y este tipo de mensaje honesto, claro, sencillo resulta muy diferente a otros como “yo quiero que cambies…. Que seas más cariñoso… que te impliques más… que me entiendas… que me dejes ser yo misma… quisiera conocerte mejor… que me respetes…”

Ocurre que nos somos conscientes de lo que pedimos cuando hablamos, quizás porque no somos conscientes de lo que queremos o necesitamos, quizás porque no consideramos legítimo desear o necesitar.

Pero pedir no es exigir. Ante la exigencia solo cabe la sumisión o la rebelión. Peticiones exigentes: “es que debería entender cuando le hablo…. tendría que hacer lo que le digo… merezco que se me escuche… tengo derecho a tener sexo… debería saber lo que quiero a estar alturas de la relación…

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Amores perversos

Martillo, Maza, Herramienta, Sorprendente, Golpear

 

1.- QUÉ SON? ¿EN QUÉ CONSISTEN?

 

En general podríamos decir que son aquellas relaciones que restan y no suman. Aquellas relaciones que cambian psicológicamente a uno de los cónyuges o pareja. Quitan el alma y cambian la manera de ser de la otra persona.

Si se entiende por amor el dar dentro del marco de una relación de colaboración. Los amores perversos, tóxicos son aquellos que le dan la vuelta al significado del amor subvirtiéndolo para convertirlo en algo para su estricto beneficio, causando perjuicio a la otra persona, de ahí la perversión, de tal manera que el amor se convierte en un autoritario recibir, en ocultaciones y mentiras, en ninguneos, en faltas de respeto que pueden llegar a ser muy sutiles; en críticas personales rosando la humillación y el maltrato psicológico.

En definitiva, el amor se pervierte en odio que es esa aversión a la persona “amada” o más bien escogida, a quien se le desea el mal por el hecho de ser aquello que uno/a desearía ser pero no puede. Ese odio se expresa a través de una indiferencia que no es ausencia de respuesta, sino que transmite un mensaje agresivo que indica que “importa poco”. Es una indiferencia fría.

Estos amores perversos, los definiría como aquellos amores basados en depredar a la otra persona, ya sea por el placer de hacer daño o para sentirse superior o a la altura, de una manera ególatra o para engrandecerse, ensalzarse.

Son fundamentalmente relaciones asimétricas, desiguales, muy estereotipadas en cuanto a los roles, basadas fundamentalmente en la manipulación y el control. En ellas se da el maltrato psicológico fundamentalmente pero también, raro, el físico.

Son amores que generan mucho sufrimiento, en donde hay un verdugo y una víctima.

Dentro de estos amores, no sólo incluyo las relaciones con las personas llamadas depredadores emocionales o vampiros, sino también aquellos amores clandestinos propios de las relaciones ocultas que se dan en la infidelidad y ello, fundamentalmente por estar basadas en el engaño, la mentira, la ocultación y la manipulación de la información fundamentalmente.

Estas personas depredadoras son muy seductoras, superficiales y aparentemente simpáticas. Tienen un magnetismo muy particular. El contacto visual es hipnótico. Pero en el fondo tienen dos caras como Dr. Jeckyll y Mr. Hide. Son personas frías, carentes de emociones, arrogantes, orgullosas, soberbias, dominantes. Se aburren fácilmente y tienen un estilo de vida en general parasitario y promiscuo. Destaca su tacañería y su victimismo. En estas personas hay mucha mentira, coqueteo, triangulación y encabalgamiento, es decir, enlazan unas relaciones con otras.

Este tipo de relaciones son en realidad círculos viciados en donde se repiten una y otra vez los mismos conflictos sin llegar a ninguna solución porque la única solución es dejarlo, soltarlo.

Son relaciones dependientes, en las que ambos cónyuges dependen fusionalmente el uno del otro.

La persona víctima tiene como una especie de deuda de reconocimiento: piensa que “un día se dará cuenta de su amor y de cómo la quiere…“ pero es un juego perverso. Debe renunciar a ese ideal, a ese juego, a esa necesidad de reconocimiento. No debemos esperar que las otras personas sean nuestro espejo en quien mirarnos.

Muchas veces se confunde amor con complacer a la otra persona, con gustar, con agradar. No se puede satisfacer a la otra persona, hacerla feliz. No es algo que nos compete.

2.- CARACTERÍSTICAS DISTINTIVAS DE ESTE TIPO DE RELACIONES

Una de las características más distintivas es la intermitencia. Amores “ni contigo ni sin ti”. Relaciones “montaña rusa” altamente estresantes, adrenalínicas y adictivas. Relaciones caracterizadas por constantes rupturas y reconciliaciones o cíclicas idas y venidas. Relaciones adictivas en las que un miembro de la pareja, normalmente más enganchado, piensa que no puede dejarlo, a pesar de intentarlo en numerosas ocasiones. Son relaciones que oscilan entre la seducción y la decepción. Amores fusionales en donde la víctima frecuentemente deviene codependiente, es decir, intenta cuidar, cambiar al otro, ayudarlo y protegerlo, aún a costa de ella misma. Son relaciones en donde no hay distancia, relaciones confusas en cuanto que no se sabe bien donde comienza uno y acaba el otro. En general, uno de los cónyuges se eclipsa para que el otro ocupe toda la escena. El protagonista siempre es el otro. Es Eco, la pareja de narciso. Relaciones sin exterior, sin referencias: solos tu y yo. Relaciones aisladas. Relaciones no reciprocas, muy castigadoras. Basadas fundamentalmente en promesas y esperanzas que nunca se cumplen.

Inducen en la persona cónyuge celos y estas personas se vuelven detectives pues sienten que algo no va y tienden a averiguarlo. Su carácter les cambia: dejan de ser ellas mismas; “no se reconocen”.

Son relaciones tensas, que provocan mucho sufrimiento y que consumen mucha energía. Relaciones de poder, es decir, que el poder lo detenta uno de los componentes de la pareja. Relaciones altamente disfuncionales al ser posesivas, manipuladoras, culpabilizantes, hirientes, controladoras. Relaciones basadas en la mentira, la instrumentalización o cosificación del otro, en un exceso de idealización, en el miedo al abandono sobre todo.

Actitudes clásicas:

– Le molesta que pases tiempo con tus amigos o familiares.

– Controlalos gastos personales, lleva un control innecesario sobre tus cuentas bancarias, o te pide explicaciones sobre tus facturas.

– Investiga redes sociales y teléfono móvil.

– Pregunta constantemente por horarios y planifica la vida sin pedirte opinión.

– Cuando hace un favor, exige que compensación, a veces inmediatamente.

– Menosprecia y da a entender que sin él/ella no serías nadie ni podrías seguir adelante.

– En reuniones familiares o con amigos, evitas emitir tu opinión sobre algo por miedo a que vuelva a reprenderte o a cuestionarte o criticarte.

– Trata con un exceso de paternalismo.

– Se mete con la forma de vestir, intenta influir de malas maneras para que cambies tu estilo, etcétera.

– Hace lo posible por restarle importancia a méritos y virtudes.

– Le quita importancia a los problemas que se expresan, minimizándolos y diciendo frases del estilo “eso no es para tanto”, “no te quejes por vicio”, etc.

– Tener que ceder siempre en las discusiones, porque en caso contrario puede estar días sin dirigir la palabra.

– Culpabiliza de problemas que tiene en su vida laboral o con otras personas ajenas a la relación.

– Siempre está recordando todos los fallos y errores cometidos en el pasado.

– Has dejado de contarle los problemas de pareja a tus familiares, amigos y allegados porque sabes que si él/ella se entera, montaría en cólera o por vergüenza.

– Evitas explicarle los problemas o hablar sobre ciertos temas con él/ella porque sabes que se lo tomaría mal o no te va a entender o escuchar.

– Se dirige a ti con exigencias y malos modos muy frecuentemente.

– Toma decisiones que afectan a ambos sin pedir tu opinión, e incluso sin informarte.

– Notas que mantienes relaciones sexuales con él/ella a pesar de que no tienes muchas ganas, solo por complacer sus deseos o para evitar que se enfade.

– Te chantajea o exige que realicéis prácticas sexuales que no te gustan.

– Te compara con otras parejas sexuales de su pasado.

3.- ¿CÓMO DEPREDAN?

En general comienzan por la seducción que es un proceso de gemelización en paralelo con el aislamiento. A nivel familiar puede ocurrir dos cosas: o la aleja o también seduce el entorno provocando un aislamiento en la persona víctima.

Después, una vez atrapada la victima como en una telaraña, continúan con un continuo deterioro en la autoestima, generando dudas sobre la eficacia y el propio valor de la persona cónyuge.

Los mecanismos pueden ser tan perversos que llegan a generar problemas con el único objetivo de presentarse como los salvadores de la situación provocada. Generando así una fuerte dependencia emocional y mucha angustia de abandono pues amenazan con ello pero de manera muy soterrada.

A esto le sigue toda una serie de técnicas de abuso psicológico como el desprecio, el ninguneo, el ignorar mensajes, los insultos. Todo es muy sutil.

Utilizan muy frecuentemente el sexo como forma de enganche.

En múltiples ocasiones, utilizan la técnica de alejamiento. Desaparecen sin dar explicaciones elevando así la ansiedad y la angustia de abandono, haciendo parecer a la otra persona como una persona posesiva, desequilibrada, celosa. No contestan al teléfono ni a los mensajes hasta pasado un tiempo que puede variar de horas hasta días.

En la persona víctima se va produciendo un proceso de deterioración muy marcado. Empieza por dudar de las propias percepciones, la capacidad de análisis y de toma de decisiones queda bloqueada. Rápidamente, una vez seducida, la autoestima se deteriora y hay una desvalorización de una misma. En la víctima empieza a haber una desorientación o confusión entre lo que está bien y lo que está mal. La autonomía se pierde, perdiéndose también hábitos y costumbres. La pérdida de autonomía afecta muy a menudo a las finanzas porque o bien estas personas manipuladoras y parasitarias toman el control de la economía del otro o porque piden prestado dinero o porque las personas cónyuges van acarreando con todos los gastos. Y así hasta una anulación casi completa. La vida gira en torno a la persona depredadora.

La relación presenta así dos caras como las del depredador: una pública perfecta, seductora, amorosa, educada incluso. Y luego otra completamente distinta de puertas para adentro en donde destaca la frialdad, la falta de empatía, la irritabilidad incluso, la falta de comunicación de sentimientos, las humillaciones y vejaciones. No hay intimidad relacional porque se ocultan. Puede llegar a maltratar a la mascota de su pareja.

4.- SEÑALES

La principal señal es el malestar, el sufrimiento.

Duda

Se produce un estado confesional de duda sobre la realidad, los hechos. “me estaré volviendo loca?”

Gaslighting

Técnica que consiste en hacerte creer que has dicho o hecho algo que ni has dicho ni hecho. Con tal seguridad llega a hacerte creer cosas que no han sucedido. Así algunas víctimas llegan a presentarse a terapia con conversaciones o watsaps para que el terapeuta las lea y le convenza de que no está loca.

Es imponer una forma de sentir y de ver los hechos cuya finalidad es hacer dudar, quedar bien y que la otra persona sea el defecto.

Deformación comunicacional

Todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra. Todo es deformado, amplificado, información retenida que repentinamente la saca para demostrar lo que quiere demostrar. Esa profunda sensación que les queda a las victimas de vivido vidas paralelas o hechos paralelos; de no estar hablando de lo mismo. La persona victima de esta manera de comunicar, rápidamente duda de sí misma y siente que se está volviendo loca.

Pasar su agresividad por humor

Este mecanismo es típico. Se ríe, humilla, ridiculiza, critica bajo formas de humor, dice. La víctima percibe algo extraño, raro… pero bloquea ante su explicación sobre el humor.

Va a ignorara todo lo que sea del orden del éxito.

Todo aquello que te haga sobresalir, lo va a ignorar… ¿y? Y minimizar si necesario. No hay reconocimiento ni acompañamiento. Al contrario, si te va mal, mejor.

Culpabilización

Estar con una persona así, es estar constantemente tenso y pidiendo perdón casi por existir. Te sientes culpable, avergonzado… Es como si no pudieras ser tu misma/o.Todo es tu culpa.

La persona manipuladora siempre echa la culpa al otro. No asume ninguna responsabilidad de lo ocurrido ni se arrepiente de nada. Te hace responsable de todos sus problemas. Todo lo malo que ocurre es por tu culpa. No pide nunca ni perdón ni dice lo siento.

  1. – ¿ CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

Este tipo de personalidades, de personajes, si bien no violentan físicamente en general, aunque pueden llegar a hacerlo, empujan a la otra persona a autodestruirse, ya sea por enfermedad, depresión y suicidio. Son los cuadros sintomáticos más frecuentes en las víctimas.

Dependencia y sumisión

La dependencia es esperar que la otra persona nos envíe una imagen positiva de nosotros/as mismo/as porque muy a menudo, algunas no tienen esa imagen positiva y la esperan. Esperan un reconocimiento que nunca llega. Y en este esperar es donde uno/a se pierde y se vuelve en cierto modo sumiso.

La dependencia es la existencia reducida a la mirada del otro. Uno se hunde y se ahoga en la mirada del otro. Es depender de la otra persona para existir.

Bloqueo en la acción

Por una lado, la persona quiere huir, salir corriendo para no volver más, cansada de tanta humillación, de tanto maltrato, de tanta duda, de tanta inestabilidad afectiva, de tanta locura. Pero por otro lado, la persona quiere permanecer puesto que la esperanza parece ser lo último que se pierde.

Somatización

Estar constantemente enferma o con dolores constantes de espalda, cabeza. Dolores y malestares que generalmente desaparecen por completo cuando se acaba la relación.

Depresión reactiva

La depresión grave o severa es quizás la reacción más frecuente que encontramos los profesionales, tras este tipo de relaciones, causando bajas laborales de larga duración cuando no, cambio de puestos o de empleo mismamente.

Suicidio

Cuando hablamos de suicidios, tenemos que distinguir los intentos de suicidio de los suicidios fallidos, por así decirlo. Pues bien, encontramos más suicidios fallidos en este tipo de personas que intentos de suicidio. Al menos esa es mi experiencia. También encontramos ideas suicidarías en este tipo de personas que han estado muchos años al lado de este tipo de personas perversas.

TEPT : Trastorno de estrés postraumático

Uno de los cuadros psicológicos más comunes y peor diagnosticados son los cuadros de estrés postraumático.

Tenemos que empezar a entender estas relaciones como altamente traumáticas. La persona ha sido usada y abusada. Y el despertar de esta pesadilla es profundamente doloroso.

La persona víctima de este tipo de relación y personas, se ha sentido secuestrada; atrapada sin salida y sin posibilidad de defenderse. Por eso el suicidio como salida a este indefensión gradual.

Destacan los flashbacks o visualizaciones recurrentes. Muchas imágenes invasivas llegan a la mente copándolo todo.

El insomnio, las pesadillas, la irritabilidad, la hipersensibilidad, la hipervigilansia (estar en alerta), la apatía y el descuido personal.

Otros síntomas a destacar:

La pérdida de la capacidad de concentración y de memoria

La persona está embotada, como en una nube de irrealidad. Entre el sueño y la realidad. Se llama despersonalización. No puede concentrarse, no entiende lo que lee. No retiene o retiene de manera selectiva, como una especie de amnesia.

Aislamiento social, personal y profesional.

Angustia y miedo al futuro

Este angustia se suele manifestar por ansiedad crónica o ataques de pánico. La persona está tensa como en alerta.

Obsesión

Las personas víctimas, tras terminar la relación, están como obsesionadas. Quieren entender lo que ha pasado dada la gran confusión. Pero aún así intentan entender a ellos y no a sí mismas. Están totalmente focalizadas en la otra persona.

Sigue pendiente de watsaps, Facebook u otras formas de mantener el contacto.

Culpabilidad

Muchas veces, las personas atrapadas en estas relaciones aún cuando han acabado, aún se plantean: si hubiera podido hacer más, si hubiera aguantado. Igual no era tan grave, igual es que yo lo malinterpreto.