Yo circunstancias

Yo soy yo y mis circunstancias… La digitalización: la individualización de las patologías sociales

 

Nuestro filósofo José Ortega y Gasset ya expresó en su día la imposibilidad de aislar al ser humano de su circunstancia. En la famosa frase de “yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, el ser humano es una parte de la vida; la otra parte es la realidad circundante y de la cual no podemos abstraernos, so pena de caer en errores cognitivos y patologías varias.

Las circunstancias y cómo estas influyen en el individuo se han subestimado muchísimo hasta el punto de llegar a ser eliminadas de la investigación. Sin embargo, cada vez vemos más pacientes acudir a terapia soportando no solo circunstancias familiares, sino laborales y otras más relacionadas con el quehacer cotidiano, el cual se ha vuelto además de farragoso, casi imposible en muchos casos, como consecuencia de la digitalización.

La transformación digital de la sociedad supone no solo un cambio de paradigma sino una «nueva cultura» que nos afecta a nivel social e individual. Porque dicho proceso llega a modificar incluso nuestro cerebro. Pero en realidad, la cultura mercantilista apenas ha cambiado por lo que las patologías psicosociales, continúan perpetuándose. Y ello, porque la tecnología no puede ser aislada de las que la utilizan y de sus patologías.

Como todo, la digitalización por sí misma, no puede calificarse ni de buena ni de mala. Al fin y al cabo, no deja de ser una herramienta. No obstante, cuando la herramienta pasa de ser un medio a un fin en sí misma, entonces comienza su perversión y por lo tanto surgirán comportamientos patológicos.

A nivel laboral, el taylorismo digital genera los mismos malestares culturales que en las anteriores revoluciones industriales.

A nivel social, se habla –y se vive- de aislamiento social y cultural, siendo el (ab)uso de estas tecnologías la clave de la integración social, cultural y laboral, alrededor de las cuales se construyen las experiencias y las identidades.

La digitalización además de ahondar en el individualismo y el aislamiento social, llega a perjudicar seriamente la salud, ya que genera una profunda sensación de indefensión, llegando a producir y ahondar en lo que Freud bautizó como psicopatología de la vida cotidiana.

La digitalización parece estar generando un modelo de sociedad basado en la responsabilidad de nadie. Además de ocasionar un estrés sobreañadido pues la mayor parte de personas son las que deben ahora hacer de banqueras, agentes de viajes, vendedoras, comerciales, agentes de marketing y publicidad, diseñadoras, investigadoras, periodistas, contables, administrativas, secretarias… Incluso para hacer yoga, ahora hay que bajarse una aplicación y reservar las clases online. Créanlo! También la espiritualidad está imbuida de mercantilismo tecnológico.

Hay ya una generación que ha nacido con la digitalización. El resto o somos consideradas «migrantes» digitales o nos hemos quedado fuera del sistema.

Así pues, la digitalización además de marginar a un sector amplio de la población –migrantes digitales-, impide el contacto directo con el personal ya sea en las administraciones públicas, empresas o corporaciones… Todo esto está aumentando enormemente el estrés, la impotencia y la vulnerabilidad de una parte importante de la ciudadanía, llegándose incluso por ejemplo en el caso de la banca, a negar la atención presencial, si la banca determina que se puede hacer de forma online. La presencia real es sustituida por la virtual, con todo lo que de inhumano ello conlleva.

Una consecuencia llamativa de la digitalización y la informatización social es la culpabilización de la ciudadanía cuando la informática no funciona. Escuchamos hasta la saciedad frases: “algo has hecho mal” «pues nadie ha tenido ningún problema», insinuando, cuando no acusando directamente,  que el problema es en última instancia individual. En efecto,  en última instancia, se trata de la desresponsabilización de las consecuencias de esta nueva civilización. Es una forma de violencia y deshumanización interiorizada y normalizada.

Las personas van interiorizando con normalidad todas estas injerencias cotidianas y violencias de baja intensidad. Gradualmente, trabajador@s de otros sectores incurren en esa obediencia ciega informatizando y digitalizando poco importa el impacto que ello ocasione: estamos hablamos de estrés, ansiedad, depresión. Así, las vidas de tod@s se complejifican hasta el punto de impedirles desarrollar actividades normales: tramitar papeles, reclamar, hacer ejercicio, ir al cine, pedir becas, informarse, viajar… en definitiva vivir como seres humanos.

La digitalización y la informatización social, tal y como se está llevando a cabo –a marchas forzadas- representa uno de los lados perversos del sistema que está influyendo patológicamente en la población.

Lo que está ocurriendo en el ámbito de la educación puede ser un buen ejemplo de lo que comentamos: el queme que ha conllevado esta drástica y rápida digitalización en el profesorado es evidente. La cantidad de personal docente que ha tenido que recurrir a la ayuda psicológica y psiquiátrica portando síntomas del “síndrome del quemado”, depresión y ansiedad fundamentalmente, no es baladí.

La utilización de lo digital está contribuyendo  también a la desorganización y al aislamiento como consecuencia de la falta y la incongruencia de las normas y leyes, lo que se conoce comúnmente como anomía, y máxime, cuando es reconocido que la salud mental se encuentra inexorablemente relacionada con formas de organización social.

Todo ello va quitándonos el poder  y el control sobre las situaciones, sumiéndonos cada vez más, además de en una impotencia e indefensión adquirida, en una dependencia del poder tecnológico y económico. Cada vez más, controlamos menos nuestras vidas, mientras nos vamos hipotecando más tecnológicamente: lógica de la paradoja propia de los trastornos fóbico-obsesivos.

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