Cuantas veces hemos oído esta frase y cuán deseada es en el inconsciente colectivo. Ahora bien, a esa frase, la pregunta ¿para qué? Resulta fundamental en terapia de pareja.
Es una lástima que esta reflexión, ¿para qué te quiero? quede relegada al ámbito de la terapia.
En las respuestas al para qué encontramos frecuentemente toda una panoplia de “agendas ocultas” que velan las verdaderas motivaciones de las relaciones, incluyendo la elección de parejas, que nunca es por azar.
Cuando utilizamos a la otra parte de la relación para sentirnos llenos/as, plenos/as, satisfechos/as; para sentirnos tranquilos/as; para espantar los miedos y soledades; para satisfacer nuestras propias necesidades de ser amados/as porque no lo fuimos adecuadamente en la infancia o, para repetir patrones, estamos sentando las bases de relaciones instrumentales y mercantilistas, convirtiendo a la pareja en un objeto.
La relación será de sujeto a objeto y por lo tanto, podrá ser tildada de narcisista porque la persona “objeto” perderá toda su subjetividad. Efectivamente las relaciones, podemos decir que son narcisistas desde el momento en que se utiliza a otras personas en beneficio propio (en detrimento de la otra persona); se les utiliza tal cual objetos, no como sujetos. Son relaciones destinadas a satisfacer las propias necesidades, frecuentemente ocultas o inconscientes, que tienen que ver con la propia historia personal, no con la realidad. Por el contrario, las relaciones sanas son de sujeto libre, autónomo e independiente a sujeto libre, autónomo e independiente. Es decir, entre dos subjetividades desarrolladas que no necesitan de la otra persona para beneficio propios. El interés deviene común, no estrictamente individual.
En la clínica, descubrimos que el narcisismo patológico no sólo está presente en personas con trastorno de personalidad narcisista, psicópatas y maquiavélicas. Existe el “narcisismo de armario”. Narcisismos que se esconden bajo roles como el de salvador o cuidador. Personas que se encargan de dominar y controlar relaciones desde una posición aparentemente sumisa y servil, de ayuda, de cuidadora, de sacrificada… casi héroes/heroinas. Personas que quieren y aman desde la perspectiva de ser necesitadas, haciendo de la otra persona su marioneta o su bebé. Son parejas paterno o materno filiales.
Transformar a la pareja en persona necesitada de ayuda, de ser salvada, tiene una doble lectura: por un lado, se la trata como a una reina o rey, pero por otro, se le considerará una persona inútil, incapaz de sobrevivir sin sus cuidados o protección. Así pues, esta persona salvadora ya puede creerse completa, omnipotente… Dios. En sus manos está el destino de la pareja. Poco importa que el precio a pagar sea el sufrimiento, la malquerencia, el desprecio, la violencia, entre otras consecuencias. Lo fundamental es que depende ella y por lo tanto, existe.
Ahora bien, aceptar el rol de inútil y de necesitado/a, requiere la complicidad, consciente o inconsciente de la pareja. Y en estos casos nos encontramos, o bien con personas cuyo narcisismo patológico encaja casi a la perfección en esta demanda y se explota hasta límites insospechados a la persona salvadora, o bien, se topa con personas que por complacer y que las quieran, están dispuestas a sacrificar su personalidad y convertirse en bebés inútiles, con tal de satisfacer los deseos inconscientes de su pareja que la necesita. En este segundo caso, veremos a personas en principio independientes y autónomas, convertirse progresivamente en personas inseguras, dependientes y borradas. Las personas así objetivizadas de esta manera sibilina acabarán mal: minimizadas, inseguras, con baja autoestima, aisladas socialmente, confusas, deprimidas, ansiosas, angustiadas. Se sienten inferiores o incapaces; no aptas, no se sienten a la altura. Se nos perfila así personas infantilizadas, desvalidas, impotentes, enfermas. Porque su desarrollo ha sido obstruido con o sin su beneplácito, consciente o inconscientemente.
La persona salvadora, cuidadora, necesitada de que la necesiten en el fondo caerá en su propia trampa, pues aunque pretende ayudar, finalmente, hará por que la pareja complementaria dependa más y más de ella.
Personas ejecutantes de este rol de salvador, que no tienen un norte claro en sus vidas y que depositan su dirección en las vidas de otras personas. Un tipo de dependencia emocional muy sutil en la que en apariencia, la persona-objeto parece independiente y es a menudo convertida en la mala de la película a nivel público, y la persona-sujeto parece ser dependiente y frágil por su aparente sumisión, siendo la buena de la serie.
Este tipo de relaciones suele acabarse en general cuando la persona-objeto descubre el juego. Los desenlaces suelen ser que estas personas crecen y se van de casa, en general, en compañía de otros pares adolescentes de quienes se enamoran o bien de otras personas aún más potentes de quienes pueden seguir tirando ventajas. En muy pocos casos, ocurre que la persona salvadora se va de la relación. Cuando ocurre es porque la persona sujeto ya ha encontrado nuevas víctimas aún más necesitadas, dejando tras de sí el cadáver de su pareja cómplice convertida en dependiente, frágil, vulnerable, a veces enferma y desamparada.
Para evitar este tipo de desarrollos y desenlaces emocionales, conviene introducir la conciencia es decir, ser conscientes de para qué se quiere; tener conocimiento y por lo tanto, hacerse responsables de esas necesidades no resueltas. ¿Le quiero para llenar mis vacíos, espantar mis miedos, acompañar mi soledad o, le quiero para desarrollar conjuntamente el potencial en tanto que sujetos libres, autónomos e independientes?¿ Le quiero desde la complementariedad o desde la simetría?
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