El ser humano es un ser de significado, de sentido, de intención, lo que hace de la psicología una disciplina concernida por la conversación, la narrativa, la palabra, el lenguaje… y por tanto, por el pensamiento. Lo mismo que al ser humano le es imposible habitar fuera del cuerpo, también le es imposible habitar fuera del lenguaje, de la comunicación. Para algunos autores (Vygotsky, Watzlawick, Nardone, Bateson, May, Heidegger, Murray…) el lenguaje es la característica más propiamente humana y la condición misma del pensamiento. Sería el tan conocido “pienso, luego existo” de Descartes.
El ser humano no puede existir fuera del vínculo que la comunicación genera. Y este resulta ser el cuerpo psicológico sobre el cual se desarrolla la existencia humana. Porque el lenguaje tiene un sustrato neurológico. Nuestro ADN tiene estructura lingüística y reacciona ante lenguaje. Dependiendo de cómo sea la comunicación, hablaremos de salud mental o de psicopatología.
En esta época postmoderna, la existencia humana empieza a estar comprometida como consecuencia de la alteración de su medio psicológico: el lenguaje vincular, comunicación.
Nos encontramos con la posverdad una distorsión deliberada de la realidad cuya finalidad es manipular creencias y emociones, generando así en la población formas de patologías variadas (que van desde la neurosis hasta la locura propiamente dicha) para sobrevivir en un medio enfermo. Y que se caracterizan, a nivel comunicacional, por constituir dilemas comunicativos de difícil solución.
De esta distorsión señalada se ocupa una disciplina reciente: la ingeniería lingüística. Se trata de un ámbito de conocimiento multidisciplinar que aplica la informática a la lingüística con la finalidad última de acercarse al lenguaje natural, es decir, imitar el lenguaje humano.
Finalizado el período de entre guerras, comienzan a realizarse estudios experimentales en torno a la manipulación de la voluntad humana a través del lenguaje, de la comunicación. Este ámbito del conocimiento ha ido experimentando progresivamente un desarrollo complejo, llegando a grados de sofisticación tales que superan cualquier película de ciencia ficción. Desde esta perspectiva lingüística se puede manipular, y de hecho se manipula, para generar creencias, emociones, comportamientos, actitudes. El mundo de la publicidad es un claro ejemplo de esta manipulación. Otro ejemplo bien conocido lo encontramos en el ámbito de la redes sociales cuando la propia máquina termina la palabra o frase.
Y es que no somos seres racionales sino emocionales. Procesamos la información con las emociones, no con la razón. Nuestras respuestas son viscerales, tomadas por el sistema límbico mucho antes que con la razón. Nuestra decidibilidad (capacidad de decidir) corresponde al sistema emocional. Y todo lo que deriva del sistema límbico, cerebro emocional, es del orden inconsciente. Podríamos decir entonces que el ser humano es sobre todo un ser irracional, inconsciente y emocional. La parte racional, la más reciente en el desarrollo evolutivo, corresponde solamente a un 10% aproximadamente del comportamiento humano.
El cerebro emocional o sistema límbico, sigue órdenes; se trata de un lenguaje que obedece a una programación y se ejecuta con archivos autoejecutables. ¿Qué quiere decir? Que una vez detonada una reacción emocional, se desatan automáticamente una serie de programas o guiones comportamentales, difíciles de gestionar, cambiar y controlar.
Todo ser humano en mayor o menor medida está atrapado en un lenguaje inconsciente de programación y no sabemos cómo funciona este programa y en ese sentido, somos esclavos y víctimas de esta programación inconsciente. La programación neurolingüística (PNL) es una metodología que ayuda a entender el funcionamiento de nuestros procesos internos, mentales y emocionales, y en particular, la influencia de nuestro lenguaje sobre nuestra programación mental y demás funciones del sistema nervioso. Dicha metodología indaga y cuestiona cómo hacemos lo que hacemos y la relación entre nuestros comportamientos y experiencias. También nos permite reprogramar la mente a partir del lenguaje una vez conseguido el conocimiento de estos procesos lingüísticos inconscientes.
Quien tiene el control de lo emocional, tiene el poder. En otras palabras, se puede tomar el control de la mente. Esto es lo que hace la propaganda, el marketing, la ideología… el mundo de la posverdad. Se vacía el lenguaje de su contenido; se separa de su finalidad vincular y comunicativa. ¿Cómo? Se reduce el vocabulario, se pervierten y subvierten significados; se eliminan vocablos; se eufemizan palabras… perdiéndose así a pasos acelerados el pensamiento, la creatividad, la asociación de ideas al igual que la capacidad resolutiva. Se altera el psiquismo. Cada vez la gente tiene menos palabras para expresar su condición, para reflexionar, construir y reconstruir.
El lenguaje de la posverdad genera una neolengua que surge de toda esta perversión linguistico-cognitiva-existencial, eliminando así la significación real, la realidad. Se reencuadra el lenguaje reinventando situaciones, redefiniendo la experiencia humana. Se eliminan diferencias, matices, entrando así en un terreno de confusión y caos en donde todo vale; siendo ese todo definido bajo reglas de poder y dominación. Se desliga así la experiencia de la percepción, generando distorsiones cognitivas hasta desembocar en neurosis.
¿La clave para salir de esta situación? Ya lo dijo Sócrates: Conócete a ti mismo. Saber cómo funcionamos nos capacitará para saber y contrarrestar los efectos de esta deconstrucción lingúistica.
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