Cuando ayudar no ayuda. La función del síntoma

En general, los síntomas psicológicos tienen su función, su para qué, su finalidad. Y esta es de proteger, aunque las consecuencias sean perjudiciales.

Los síntomas constituyen una forma de comunicación, cuya finalidad es mantener el equilibrio del sistema. En definitiva, los síntomas son útiles y resulta fundamental entender dicha utilidad de cara a planificar la intervención.

Esta premisa aplicada a la intervención familiar, nos permite entender que los problemas psicológicos, frecuentemente, juegan el papel de mantener el equilibrio emocional dentro de la familia. Así, problemas infantiles suelen esconder problemas maritales, parentales. De esta forma, muchas de las personas “portadoras del síntoma” en realidad “distraen” la atención de problemas más graves en el sentido que, “resolverlos” podría poner en jaque a todo el sistema.

Cualquier desorden afectivo, emocional puede constituir un buen barómetro respecto a las dificultades emocionales de la familia. Nos permite entender qué está pasando. Y también nos permite entender que la situación marital, familiar, parental, empieza a ser insostenible y requiere un cambio estructural.

Por ello, eliminar el síntoma podría resultara peligroso para el equilibrio del sistema. Porque recordemos, el síntoma está siendo necesario para mantener unido al sistema.

Por ejemplo, una hija con problema depresivos y claustrofobia, al punto de no poder salir de casa, puede estar protegiendo de posibles cambios familiares como evitar las consecuencias del nido vacío o, dando un sentido y una utilidad a las personas que la cuidan o, puede estar desviando la atención de una amenaza de separación de los padres.

En la clínica, observamos a menudo, en las personas cuidadoras de la persona “portadora del síntoma” una actitud devota, dedicada, hasta incluso la condescendencia. A la persona depresiva se la intenta animar, se la “persuade” incluso para que consulte profesionales. En casos, la unidad familiar ha visitado muchos profesionales de la salud, sin grandes resultados. La familia manifiesta una gran preocupación. Ha hecho y continua haciendo todo lo que está en su mano para “ayudar” a la persona “enferma”. Han intentado de todo. Pero “el problema se mantiene”.

Paradójicamente, cuando algún profesional pone el dedo en la llaga y llega a desvelar “el juego familiar”, las funciones del síntoma, la familia al completo puede llegar a unirse contra el profesional para denigrarlo o incluso denunciarlo por su mala praxis ¿porqué? Porque el objetivo no consiste en eliminar el síntoma sin antes actuar sobre la manera familiar de comunicar, sin antes entender la función de los síntomas y sobre todo, sin antes obtener el “acuerdo” de los miembros de la familia para ese gran cambio. Se trata de entender que los síntomas son la punta del iceberg. La familia se “entretiene” ayudando a “eliminarlos”, al mismo tiempo que “prohíbe” que estos desaparezcan. Por eso muchas de las ayudas prestadas no sirven sino para en realidad, mantener el problema, agudizándolo. Porque a nivel familiar no “interesa” arreglar nada sino mantener. Tanto y en cuanto subsista la necesidad familiar que originó dichos síntomas, cualquier ayuda será una ayuda que no ayude a resolver el problema, al contrario, será una “ayuda” para mantener el equilibrio familiar.

Esta situación se observa claramente en los casos en que la persona “paciente designada” mejora, empeorando o revelándose otro tipo de problemas en las personas cuidadoras. La mujer del alcohólico que se deprime cuando este se rehabilita, o la madre que revela querer divorciarse del marido cuando la hija se recupera de la anorexia, o la madre que entra en depresión cuando la hija se independiza. La mejoría o cura de la persona que porta los síntomas puede provocar una fuerte resistencia al cambio sobre todo si este es visto como una amenaza a la unidad. Como consecuencia, puede que la familia persista en que la persona “enferma” permanezca enferma. En algunos casos la amenaza al equilibrio familiar es de tal calado que, se llega a interrumpir incluso el proceso terapéutico.

Conviene hilar muy fino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.