Echar la culpa a otra persona de lo que nos ocurre es algo que se hace demasiado y frecuentemente. Y cuando no se puede echar la culpa porque la realidad es demasiado evidente, empezamos con la retahíla de justificaciones, explicaciones y como no!, las causas: ¿porqué?.
Esta claro que la ciencia no ha conseguido transmitir o divulgar sus hallazgos. Veamos algunos de ellos y cómo se aplican a las ciencias humanas, entre las que destacan la psicología.
La física cuántica ya habla de relativismo, perspectivas y constructivismo. ¿Qué significa? Que ya la objetividad no existe y que la realidad depende de la perspectiva desde donde la contemplamos. Que no existe una realidad sino múltiples realidades, al igual que múltiples inteligencias y que ninguna es más o menos válida. Que hay que tener en cuenta el contexto y la cultura en donde se fabrica todo. Que no hay causa efecto porque una misma causa puede generar diferentes efectos y porque cada efecto tiene múltiples causas.
De tal modo que, para resolver un problema no necesariamente tenemos que buscar su causa. Hablaremos eso si, de detonantes pero nunca más de causas. No buscaremos el porqué, sino el para qué, el sentido, la finalidad. El equilibrio del desequilibrio. ¿A quién beneficia? Generaremos conciencia y responsabilidad. Hablaremos de pautas, de patrones. También de consecuencias, de soluciones, de aprendizaje, de cambio. Partiremos del cuestionamiento introspectivo: ¿Qué he hecho yo para contribuir al problema?
La verdad de los hechos muestran y demuestran obstinadamente que la realidad está hecha de interacciones, de refuerzos, de respuestas. En este sentido, mi respuesta será diferente según las personas y los contextos.
La unidad de análisis será pues la interacción: la pauta que se establece entre las demandas y las respuestas.
Si yo espero a que tu hagas lo que yo necesito para sentirme plena, segura, amada, estaremos pasando a otra persona la responsabilidad de las propias necesidades con la consabida frustración de “quien espera, desespera”. Tampoco serán válidas las explicaciones: “fui infiel porque tú no me das lo que yo necesito”, como tampoco serán válidas explicaciones como “te grité porque tú nunca me escuchas”, o “es que tú…”.
La responsabilidad al igual que las emociones y los sentimientos, es responsabilidad de cada persona. Y ampliar esta visión, es generar conciencia. Abrir la mente hacia nuevas posibilidades; ver las cosas desde otra perspectiva que la propia herida en su orgullo infantil porque la otra persona no llena sus necesidades. Esto es narcisismo patológico: estar autocentrado en las necesidades propias ignorando las de los demás; exigiendo que éstas se satisfagan a cualquier precio.
La psicología no se cansa de decir que madurar es superar la fase narcisista en donde una persona es el centro del universo y del mundo; en donde no hay separación ni individuación. Las otras personas están para satisfacer nuestras necesidades, durante ese período de vida en que no nos valemos de manera independiente y autónoma. Pero una vez adultos, somos responsables de nuestras necesidades y deseos.
El nacimiento psicológico comienza hacia los dos años, con la toma de conciencia –la caída- de la existencia de más personas en nuestro mundo, personas separadas, con sus propias necesidades e individualidades; con sus propias particularidades y singularidades. El diálogo sustituye el monólogo.
Devolver a cada persona la responsabilidad de sus acciones u omisiones resulta una tarea terapéutica básica al igual que generar conciencia de ello.
Además, mostrar cómo se generan los problemas a partir de soluciones disfuncionales que generan consecuencias. Si! Nuestros actos u omisiones tienen consecuencias, nos guste o no. Y asumirlas formará parte también del proceso terapéutico. Cada palo debe aguantar su vela.
Para comprender no sirven ni las explicaciones (porqué) ni las justificaciones. Estas forman parte de los autoengaños: las historias que nos contamos para mantener lo más intacta posible nuestra imagen, nuestro ego, nuestro narcisismo. Ambas no se basan en el diálogo, en la conversación, sino el monólogo interior que mantenemos, excluyendo el exterior. Nos contamos historias que cuadran bien con la realidad que queremos ver, con la realidad que fabricamos. Efectivamente, vemos lo que queremos ver.
Comprender, aprender con, implica diálogo. Otra nueva perspectiva: la realidad es dialógica. Esta se genera en un diálogo entre tu y yo.
La humildad es fundamental en el aprendizaje terapéutico; no tener razón es clave. Querer resulta más terapéutico que tener razón, perspectiva autoritaria además de egocéntrica.
Veamos más principios y su aplicación.
La verdad no es alcanzable pero podemos tender a ella. Por lo tanto mi verdad nunca será tu verdad. Pretender serla generará consecuencias desagradables.
La teoría de la incompletud de Gödel nos dirá que una verdad dependen de los axiomas de la toería que la fundan. Esto significa que si mi verdad no genera consecuencias positivas, no es la culpa de otra persona. Tendré que revisar mis axiomas y premisas, es decir, mis creencias y pensamientos porque éstos me están generando problemas. En otras palabras, la lluvia en si no deprime, lo que deprime serán los pensamientos que cada persona sostenga sobre la lluvia.
El principio de indeterminación o incertidumbre de Heinseberg. Ay! Que duro! Resulta que la propia persona que cuenta, deforma, manipula la realidad sin enterarse, es decir, inconscientemente. No podemos controlarlo todo. Historias divulgadas por la famosa “ley de la atracción” resulta ser además de falso, pernicioso porque esta “ley” no tiene en cuenta el contexto, además de otras variables. Cuando hablamos seleccionamos la información sin ser del todo conscientes o lo que es peor, creyendo que aquello sobre lo que informamos es la verdad.
Llama la atención a este respecto el discurso de muchas personas al principio de formar pareja. En terapia muchas personas cuentan relatos sobre ello. Al cabo de un tiempo, variable, la misma persona contará historias completamente diferentes de las que contaba al principio. ¿Qué ha cambiado? Fundamentalmente la perspectiva de la propia persona que narra. Ya no ve igual. Ya no percibe igual.
Hay muchos más principios que ayudan terapéuticamente como “el efecto mariposa”, según el cual pequeños cambios pueden generar grandes cambios.
A terapia acude gente que quiere cambiar, no gente con problemas. Esto marca una gran diferencia.
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