No creo en la psicología

No creo en la psicología

No son pocas las personas que habitualmente llegan a consulta diciendo que no creen en la psicología, a lo cual suelo contestar que yo tampoco. Porque la psicología no es una fe, sino una ciencia; un grupo de conocimientos adquiridos a lo largo de siglos, acumulados. Una ciencia que hunde sus raíces en la Grecia clásica con los presocráticos, para muchas personas que se dedican a esta profesión, los antecesores de la psicología. Efectivamente, la madre de la psicología es la filosofía. Y la abuela, la literatura. Pero la psicología moderna, experimental, nace con Wilhelm Maximiliam Wundt en el siglo XIX en Alemania.

Por lo tanto, las personas dedicadas profesionalmente a la psicología son personas que transmiten –más o menos bien- este saber a aquellas personas que lo quieran y lo soliciten. Han sido años –siglos- de estudios y de investigaciones que, además de una consideración, merecen un respeto al igual que se respetan otras ciencias y cualquier otro desarrollo no científico como es el tecnológico.

Dicho esto, hay que especificar que la psicología no es cosa de psicólogos/as, sino que la psicología existe desde el momento en que hay seres humanos que interactúan. Esto es, que los psicólogos se dediquen al estudio de lo humano, no hace de la psicología una disciplina que les pertenece en exclusividad. Al igual que las enfermedades existen en los seres humanos, aunque es la medicina la disciplina que las estudia.

La psicoterapia -la aplicación de la psicología dentro del ámbito del sufrimiento (pathos) con la finalidad de ayudar a paliarlo- palabra compuesta de “psiqué” y “therapeia”, significa cuidado del alma. Cuidar en el sentido original del término, cogitare, es decir, pensar, reflexionar. Por lo tanto la psicoterapia habilita un espacio de reflexión al sufrimiento humano. Se trata de habilitar un espacio y una relación en donde elaborar los dramas humanos, aquellos sufrimientos que impiden vivir de manera más satisfactoria.

Si es cierto que las herramientas para habilitar dichos espacios psicoterapéuticos difieren según las escuelas de psicología –fundamentalmente cuatro (cognitivo-conductual, psicoanálisis, humanista y sistémica). Ahora bien, la responsabilidad del cambio revierte sobre la o las personas que acuden buscando ayuda. A la persona psicóloga le corresponde la responsabilidad de crear una atmosfera propicia al cuestionamiento y la introspección y en algunos casos, proporcionar herramientas para hacer frente a las situaciones. Pero a las personas usuarias les corresponde asumir la aplicación de lo reflexionado. Decir que no se cree en la psicología, cuando las personas no realizan el esfuerzo necesario para cambiar o incluso, antes de realizarlo, podría interpretarse como una construcción defensiva por miedo al cambio o una resistencia al cambio.

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