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El espíritu del puente

Antes de que lo tiraran abajo, alguien recogió con un cucharón el espíritu de los quioscos que estaban sobre el Puente de Palo y lo depositó en una de las cafeterías que se encuentran a pocos metros del sepultado cauce del Guiniguada. Este lugar lleva intacto más de cincuenta años y conserva la esencia de esos locales que por cuestión de edad no pude visitar, pero que he visto en antiguas fotografías y oído hablar de ellos a personas que sí los visitaron. Este Café no es el más bonito, pero sí el más auténtico. Así que te invito a dejar atrás las primeras impresiones, tomar un café en la barra y observar la suerte de personajes que lo frecuentan. Entre ellos estoy yo, con mis gafas de pasta, escribiendo sentado a una mesa. Apenas llamo la atención en este ambiente e imagino que hace mucho tiempo, a principios del siglo XX, alguien como yo se sentó a escribir en alguno de los pequeños establecimientos del puente, dejándose envolver por el espíritu singular de nuestra ciudad y de nuestra gente.
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