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El vapor sumergido

alfonsoxii.jpgHoy es 13 de febrero de 1885, y el trasatlántico “Alfonso XII” lleva fondeado en el antepuerto de Las Palmas desde primera hora de esta mañana. Estoy sentado en la playa, vestido de época para no llamar la atención, observando con mis prismáticos cómo unas barcazas humeantes lo abastecen de víveres, agua y carbón. También han subido 11 pasajeros. Dicen que es el mejor buque español. No me extraña. Según leí ayer en la hemeroteca mide 107 metros de eslora, casi 12 de manga, 8 y pico de puntal y desplaza 5.500 toneladas. Es un prodigio de la técnica. Navega a vapor o a vela. Dispone de tres mástiles con aparejo de goleta y en su proa luce un mascarón con la efigie del joven soberano Alfonso XII, esculpida por la firma Kay&Red de Londres. Su propulsión a vapor la proporcionan cuatro calderas circulares con tres hornos cada una, que desarrollan en conjunto una fuerza de 2.800 caballos efectivos a una sola hélice de cuatro palas que le dan una velocidad de 14 nudos. Sus carboneras tienen capacidad para 660 toneladas, lleva 125 tripularios y puede albergar cómodamente a 1.333 pasajeros. En esta ocasión solo lleva 145, por suerte. Pero basta de datos técnicos. Disfrutemos en silencio de la esbelta silueta de este precioso navío. Le contaré algo más… ese barco lleva en su vientre diez cajas precintadas con 500.000 duros en oro, con un contravalor de diez millones de reales en metálico que el Ministro de Ultramar del Gobierno de España envía a Cuba para atender las urgentes necesidades de la isla.
anuncioalfonso.jpgMi reloj de bolsillo marca las 15.00 horas. El “Alfonso XII” ha levado anclas y comienza a moverse lentamente. Resuenan sirenas. Luce el sol y el mar está en calma. Desde aquí veo a través de mis primitivos prismásticos el ajetreo de la tripulación, y a grupos de pasajeros saludando desde cubierta a los que como yo, observan al vapor desde tierra. Pobres. No saben lo que les espera.
A las 16:00 horas el reluciente casco del “Alfonso” chocará con la Baja de Gando, frente a la punta de Melenera, provocando un ruido estremecedor. El barco se parará bruscamente y retrocederá de forma violenta. El pánico cundirá entre los viajeros al ver como el agua inunda las dependencias de la nave y se abalanzarán sobre los botes salvavidas sin atender las indicaciones del capitán y de la tripulación.
Tranquilo, no habrá víctimas. Solo se perderá el barco y el oro. Tampoco los curiosos que me rodean se imaginan la magnitud de la tragedia que se avecina. Para ellos soy un figurante, y solo ven un vapor alejarse. Yo veo más allá. Veo su huella desapareciendo para siempre en el mar. Aunque el barco no desaparecerá del todo. Volverá en forma de leyenda, cuando intenten rescatar el oro… pero esa es otra historia.