Publicado el

El sello de lacre

Las Palmas. Finales del siglo XIX. En la penumbra de una estancia de una casa solariega de Vegueta, un caballero oscila una barra de lacre granate sobre la titubeante llama de una vela. Tiene las yemas de los dedos manchadas de tinta negra, y sobre el escritorio reposa una carta doblada en forma de sobre que contiene deseos y esperanzas. Es una misiva para su amada. El lacre se derrite y gotea sobre el papel como si fuera su propia sangre. Saca su sello personal del bolsillo y estampa sus iniciales. Sopla para que se solidifique, y se la entrega a un criado que espera en silencio junto a la puerta con la mirada puesta en el suelo. Le ordena que coja su mejor caballo y que la entregue cuanto antes. El caballero, asomado a la ventana, ve alejarse al mensajero al galope, mientras cruza los dedos para que sus palabras no se las lleve el viento.

Continuar leyendo “El sello de lacre”