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200 Retrografías

Esta aventura comenzó en una solitaria plaza de la ciudad antigua. Era una noche cerrada sin luna, y yo caminaba sumergido en las páginas amarillas de un viejo libro. Un misterioso hombre se me acercó y tras una breve conversación sobre mi lectura me ofreció la posibilidad de viajar a otras épocas. Acepté encantado la extraña propuesta, y esa misma noche emprendí un largo viaje en el tiempo…

El próximo 19 de diciembre Retrografías cumplirá dos años, y aunque aún faltan unos días para dicho aniversario, me permitirá el lector que lo celebre por anticipado al ser este escrito la entrada número 200, cumpliendo así mi objetivo personal de escribir cien artículos al año.

Las notas que durante todo este tiempo he recogido en mis cuadernos han servido para evocar el pasado de Las Palmas de Gran Canaria, visitando sus antiguos comercios, conociendo hoteles ya desaparecidos, descifrando viejos manuscritos, analizando fotografías y documentos antiguos, y persiguiendo veleros y vapores de antaño. También ha habido cabida para el relato, la poesía, e incluso me he atrevido con alguna que otra noticia, sin más pretensiones que la de compartir el trabajo que ya venía realizando en la sombra desde hacía una década, y que comencé a publicar en diciembre de 2017 gracias al ofrecimiento de Canarias7.

Conservo intacta la ilusión del primer día, y les confieso que en más de una ocasión he perdido el sueño al haber hecho algún descubrimiento que consideraba importante. Mi esfuerzo es constante por ofrecer un contenido variado e interesante, sin salirme de la línea editorial que yo mismo me marqué desde un principio, y que consiste en poner mi particular mirada en pequeñas historias de nuestro pasado para luego rescatarlas del olvido, siempre con rigor histórico, documentándome en libros, consultando hemerotecas y archivos, y entrevistándome, si es necesario, con quien pueda ofrecerme información de primera mano sobre el asunto que investigo. Cuando considero que ya tengo todo lo que necesito, me siento en mi escritorio, reviso mis notas, y escribo. 

De todo el proceso creativo lo más apasionante es el trabajo de campo. Entonces dejo la escritura a un lado y me pongo en la piel de un detective de los de antes. Cuando me acompaña la suerte acabo conociendo gente peculiar con mil historias que contar, y visitando lugares que nunca habría imaginado. No son pocas las veces que me he visto en el interior de una casa antigua de Vegueta repleta de antigüedades, o en la trastienda de un viejo comercio de Triana atestado de mercancía de cuando la ciudad tenía tranvía, sin más armas que mi pluma y mi cuaderno, dispuesto a recoger las sensaciones que me producen esas cápsulas del tiempo que para mí son auténticos cuartos de maravillas.

En más de una ocasión he perdido el sueño al haber hecho algún descubrimiento que consideraba importante.

Espero, con lo explicado, dar respuesta a las personas que me conocen y me preguntan de dónde salen mis escritos. Siempre les digo que yo no soy experto en nada, y esa es la verdad. Creo firmemente que lo que hace fluir la tinta de mi pluma es la curiosidad, y aprendo algo más de mi Ciudad con cada artículo que escribo.

En todo lo expuesto han estado muy presentes mis cuadernos, y para conmemorar los doscientos artículos de Retrografías quiero compartir con ustedes algunas de sus páginas. Si logran descifrar mi enrevesada caligrafía descubrirán fragmentos primitivos de mis artículos. Gracias a Canarias7 por poner a mi disposición este espacio, y a los miles de lectores que leen mis historias.

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