La relojería de la calle Herrería

La relojería de Pedro Macías, en el corazón de Vegueta, es un lugar con encanto. Una visita obligada para los amantes de los relojes mecánicos.

Mi reloj de pulsera no me avisa cuando me llaman, ni me dice qué tiempo hará mañana. Su maquinaria suiza fabricada en los años treinta se limita a marcar la hora, que no es poco, y más vale que recuerde darle cuerda cada dos días, o si no se parará. Tampoco tiene alarma, pero sí hace ruido. Si lo acercas al oído percibirás cómo el tiempo se escabulle en cada tictac.

No hace mucho, mi querido reloj de pulsera comenzó a fallar. Me di cuenta que se atrasaba, y un día dejó de funcionar. Resistiéndome a olvidarlo en un cajón, busqué un relojero que comprendiera su complicado interior, y lo encontré en Vegueta, en la calle Herrería.

La pequeña relojería de Pedro Macías Falcón, de 78 años, es un lugar fascinante y tiene aire de museo. En la fachada hay un cartel en el que el propio Pedro habla de su antigua profesión e invita a no perder detalle, y a recrearse en lo que hace con sus manos.

Una vez en el interior, Pedro salió a mi encuentro con una sonrisa, y cuando me quité el reloj de la muñeca y se lo enseñé, fue a su mesa de trabajo y volvió con la lente de aumento en la gafa y una navaja para abrirlo. Tras retirar el guardapolvo y escudriñar la maquinaria emitió un diagnóstico. Por suerte no había nada roto, pero necesitaba una buena limpieza y una gotita de aceite.

Me preguntó que si tenía prisa y respondí que no. Entonces se puso manos a la obra con mi reloj y aproveché la ocasión para preguntarle por su profesión, mientras observaba bajo el cristal del mostrador los relojes de bolsillo y de pulsera, y las decenas de esferas que colgaban de la  pared, todos funcionando a la perfección. Algunos con más de cien años de antigüedad.

La relojería de Pedro Macías, en el corazón de Vegueta, es un lugar con encanto.

Me contó que había nacido en Arucas en 1942, y que llevaba trabajando de relojero desde los 8 años. Empezó en 1950, como aprendiz con su primo José González Henríquez, que tenía una relojería en Tenoya. Pasaron los años y montó la suya propia en Arucas. Luego trasladó su negocio a Las Palmas, a la calle Doctor Chil, y hará unos cinco años que lo estableció en la calle Herrería.

Mientras trabajaba en mi reloj, me contó con orgullo que había reparado el reloj de la iglesia de Teror, y que durante diez años trabajó como técnico en la casa Citizen. La agradable conversación hizo que el tiempo pasara volando y cuando me di cuenta ya tenía mi reloj en la muñeca funcionando como el primer día. Si alguna vez su viejo reloj deja de cumplir su función acuda a Pedro, en la calle Herrería. Es un excelente relojero. Uno de esos que ya no quedan. Uno de esos en peligro de extinción.

Un comentario en “La relojería de la calle Herrería”

  1. Fantástico artículo. Personalmente conozco la relojería y al relojero, y no puedo por menso sino hacer propio el contenido de esta bella página que hoy repara en el tiempo -una vez más- que pasa, y lo marca los relojes. Gracias, un abrazo y los saludos de siempre.

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