El bergantín goleta Joven Antonio

Construido en La Palma en 1843, cuando se hundió en 1930 ostentaba el honor de ser el velero más antiguo de la Marina Española.

“Las Palmas. 19 de enero de 1883. Eran las 19 horas que, estando listos de carga y descarga, papeles a bordo y despachados para Nueva york, con viento flojito del Sur, aspecto del tiempo bonacible principiamos a levar y con la ayuda de una estacha sobre la bricbarca “Ana” dimos a las velas con todos los cuchillos, mayor, foques y velachos…”

Así comienza un curioso cuaderno de bitácora que llegó a los estantes de mi biblioteca hace unos años, y que perteneció al Joven Antonio, un precioso bergantín goleta construido en La Palma en 1843 por un hijo del constructor naval don Fernando Arocena Lemos, y bautizado el día de su botadura como Joven Temerario. Como veremos más adelante, cambiaría su nombre en dos ocasiones.

Según reza una leyenda escrita con bella caligrafía en los planos originales que se conservan en el Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, el buque fue construido para don Agustín Guimerá y para don Francisco García, de Tenerife, y tenía un desplazamiento de 146 toneladas, 26,32 metros de eslora en cubierta, una manga de 6,58 y un puntal de 5,32. La leyenda, escrita por don Fernando Arocena, afirmaba que era “un buque de muy recomendables circunstancias, particularmente de andar y gobierno.” Por el propio Arocena sabemos que en 1858 estaba matriculado en Cádiz, y hacía la carrera de correo con Tenerife. 

Impresiones de un botánico

Gracias a Hermann Schatch, farmacéutico y botánico alemán, y a su obra titulada “Estudios e impresiones de Hermann Scacht sobre Canarias y Madeira”, publicada en 1858, podemos saber algo más de este velero. Schatch nos dejó la siguiente descripción: “Aunque el velero no era grande y el camarote poco cómodo, el viaje no debía ser largo, pues se zarpaba al anochecer para Las Palmas (desde Tenerife) y se llegaba al día siguiente, y la travesía desde Las Palmas hasta Cádiz no solía durar muchos días. El pequeño buque solo podía acoger diez pasajeros en una camareta muy estrecha, cuyos cinco camarotes dobles eran aún más reducidos en proporción. Se me asignó una litera de arriba y apenas podía darme la vuelta sin poner en peligro mis huesos. Casi todas las plazas estaban cubiertas; aparte de los pasajeros de cámara y de dos mujeres jóvenes con niños acomodadas en la cubierta de popa, habían embarcado también doce mujeres delincuentes que tendrían tiempo y ocasión de regenerarse en un correccional de la península”. 

En algún momento antes de 1881 cambió de nombre. El cambio se debió a un desgraciado accidente. Un día en el que el velero llegaba a La Habana, el perro del barco cayó al agua y el hijo del capitán, que se llamaba Antonio, se tiró a rescatarlo y murió ahogado. Fue así como pasó a llamarse Joven Antonio, en recuerdo de aquel muchacho. El 20 de julio de ese año aparece en la sección de noticias marítimas del periódico La Vanguardia el siguiente apunte: “Para Málaga, bergantín goleta Joven Antonio, capitán Crespo, con efectos.”

El cuaderno de bitácora

Al menos desde enero de 1883 ya se encuentra al mando el capitán don Bartolomé Juan Roca, momento en el que empieza a contar el cuaderno de bitácora con el que comencé este artículo, y cuya letra y rúbrica aparece en sus páginas. Le acompañan el piloto Cayetano González y el contramaestre Pedro Cabrera, además de una dotación de catorce tripulantes. El velero, dedicado al cabotaje, pertenece a la flota del armador y comerciante Tomás Bosch y Sastre, casado con Margarita Sintes Llabrés. Bartolomé Juan Roca era su cuñado, pues estaba casado con Ana Sintes Llabrés, hermana de su mujer.

El 21 de enero de 1884 la prensa lo sitúa en el puerto de Barcelona, procedente de Almería, con sus bodegas cargadas con 80.000 kilos de azúfre y artículos varios. El 7 de septiembre vuelve a recalar en el mismo puerto, esta vez procedente de Palamós, y en su vientre transporta 36.000 kilos de hierro. El 15 de septiembre del mismo año regresa a Barcelona, pero esta vez viene de Santiago de Cuba. Trae 250 bocoyes de aguardiente y 86 piezas de caoba. Volvemos a tener noticias el 12 de mayo de 1885, cuando sale de Barcelona rumbo a Puerto Cabras. El 20 de junio volverá a desplegar las velas con destino al puerto de Mazagán, en África.

El baúl del capitán

En las últimas páginas del cuaderno hay un dibujo a mano alzada de Madeira, una descripción del puerto de Mazagán, y una lista con el contenido del baúl del capitán, que contenía lo siguiente: un colchón y una almohada de paja al agua con su funda, una manta, un pañuelo, una camiseta azul, un saco azul marino, dos pares de botines y un par de medias, unos pantalones blancos, un par de babuchas, un sombrero, una sábana, dos camisillas y cuatro pantalones, un traje verde, dos sacos negros, un chaleco, dos trajes blancos enteros, cuatro pares de medias, 2 camisetas, 2 corbatas y un cepillo.

Una vía de agua

La noche del 24 de noviembre de 1906, el Joven Antonio se encontraba fondeado en la bahía de Las Palmas cuando un marinero subió corriendo a cubierta para advertir al capitán de que el agua estaba inundando las bodegas. A pesar de la hora, la noticia corrió como la pólvora y la tripulación del pailebot Indio, que se encontraba anclado a no mucha distancia, acudió para ayudar a desalojar el agua, que había anegado todas las dependencias del buque y que amenzaba con hundirlo. Durante horas estuvieron luchando para salvar el velero. El esfuerzo no fue estéril, a las pocas horas el buque y su tripulación estaban salvados.

El patrón de Hemingway

En 1907, el Joven Antonio partió de Lanzarote con un cargamento de papas y cebollas rumbo a Cuba. Entre el pasaje viajaba un hombre que logró subir a su hijo de 8 años como polizón. El padre falleció durante la travesía, y cuando el velero llegó a La Habana el niño se tiró al mar y nadó hasta la costa. El pequeño se llamaba Gregorio Fuentes, y con el tiempo se convertiría en el patrón del Pilar, la embarcación de Ernest Hemingway, y sería el “lobo” de mar que inspiraría su famosa novela “El viejo y el mar”.

Pasó el tiempo y el 8 de abril de 1910 el Joven Antonio se encontraba en el varadero de Blandy Brothers y Cª para reparar sus fondos. En estos años son numerosas las noticias en la prensa que lo sitúan en distintos puertos, tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo. En julio de 1913 entra de nuevo en un varadero para ser reparado, en el de San Ildefonso, en Cádiz.

Desmantelado y sin rumbo

En agosto de 1916, el bergantín goleta Joven Antonio salió de La Habana despachado para las Islas Canarias y no llegó. Sorprendido por una fuerte tormenta, fue encontrado desarbolado en alta mar próximo a las Bermudas por un vapor de la “Mala Real Inglesa”, que lo remolcó a puerto salvándolo de una pérdida segura. A finales de este año cambiaría de nuevo su nombre por el de Pedro Oliver, con el que terminaría sus días.

En 1928, el Pedro Oliver (ex Joven Antonio, ex Joven Temerario) era uno de los seis decanos de la Marina Española de los veleros de 50 a 100 toneladas de registro construidos antes de 1850. En primer término destacaba el pailebot Virgen del Mar, construido en Arenys de Mar en 1824, siguiéndole en orden de antigüedad el bergantín goleta Rosario, de Tenerife, construido en 1836; la balandra Luisita, de Barcelona, de 1841; la polacra María, de Alicante, construida en 1849, y el Indio, que al igual que el barco que nos ocupa, había sido construido en 1843.

La última singladura

En 1930, el Indio había desaparecido y el Pedro Oliver ostentaba el honor de ser el veterano de los veleros españoles. Ya no pertenecía a la familia Bosch, ni su capitán era D. Bartolomé Juan Roca. En ese momento su propietario y capitán era D. Jaime Oliver, un comerciante de Palma de Mallorca. A comienzos de abril emprendió el que sería su último viaje. Zarpó del puerto de Barcelona con 110 toneladas de carbón y 40 de carga general. Frente a la desembocadura del Llobregat, a cuatro millas de la costa, fue embestido por el vapor Ciutat de Tarragona. El choque fue tan violento que el velero se fue rápidamente a pique, debido a una importante vía de agua. El capitán del vapor ordenó arriar los botes consiguiendo salvar las vidas de los tripulantes, pero el último velero, el más antiguo de nuestra marina mercante, se perdió para siempre en el fondo del mar.

Un comentario en “El bergantín goleta Joven Antonio”

  1. Gracias Eduardo, impresionante articulo sobre el barco de mi antepasado Antonio Sientes Llabrés (que nunca fue suyo) al menos en dedicación.
    Rafael Sintes

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