El Valbanera en el Guiniguada

Acabo de salir del Teatro Guiniguada y mi reloj marca las diez y cuarto de la noche. De regreso a casa, Vegueta a esta hora presenta una estampa bien distinta a la que luce a pleno día. Con la tenue luz de las farolas, sus calles vacías y silenciosas se antojan más estrechas y largas que de costumbre, y solo se oyen mis pasos y el sonido lejano y fugaz de algún coche unas calles más arriba. Vengo de asistir a uno de los eventos organizados para conmemorar el centenario del naufragio del Valbanera, invitado por la Asociación Canaria de Coleccionistas Marítimos (ACCOMAR), que me tenían reservado un asiento en las primeras filas. Desde aquí mi agradecimiento. El acto de hoy fue un bonito homenaje a los emigrantes canarios cuyos restos descansan en el vientre del vapor Valbanera, y consistió en la proyección de un documental que recoge los testimonios de familiares de pasajeros, y en una magnífica recreación escénica interpretada por la Asociación Cultural Salsipuedes que consiguió transportarme en el tiempo y en el espacio. De hecho, desde que salí del teatro no he vuelto al presente, y Vegueta, vista de noche, bien podría ser la misma que en 1919. El escenario invita a ralentizar el paso. Tomaré el camino más largo.

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