El rascacielos del Muelle Grande

En el extremo norte de Las Palmas, ostentando los números 217 y 219 de la calle La Naval, se levanta un edificio de aspecto algo descuidado que mira hacia la Plaza Manuel Becerra y que presenta un rótulo en lo alto que reza ”Nuevo Miramar”. ¿Cuál es su historia?

Viendo su diseño relativamente moderno podríamos pensar que el edificio tiene tres o cuatro décadas, pero sus líneas racionalistas nos llevan a  principios de 1935, época en las que fueron instaladas también las letras que vemos bajo el voladizo, y cuya factura es obra de los arquitectos Nicolás Acosta y Juan Robaina.

Cuando fue construido, la Plaza Manuel Becerra era conocida como la Explanada del Muelle Grande, y sus cuatro plantas pronto le valieron el calificativo de “rascacielos”, por ser el edificio más alto de la zona.

El Nuevo Miramar era un Bar Restaurant propiedad de cinco hermanos, los hermanos Rodríguez. Cada uno de ellos desempeñaba una especialidad. Pablo era el mozo de comedor, y destacaba por su simpatía. Modesto se encargaba de la máquina de café, de la marca Campeona, y lo elaboraba con leche al estilo cubano. Mamerto, Santiago y Ramón tenían a su cargo el bar.

En el restaurante trabajaba de cocinero Pedro Betancor, y servía toda clase de comidas, desayunos y meriendas. Una de sus especialidades era el mantecado, que al parecer estaba para chuparse los dedos. De esta manera tan creativa se anunciaban en la prensa: “No hay nada tan positivo como una buena comida; el que come mucho y bien tiene segura la vida. Para ello no olvide nunca esta recomendación: coma en Nuevo Miramar y se dará un atracón”.

El mobiliario había sido fabricado con exquisito gusto por Manuel Macías, un carpintero de renombre en el Puerto de la Luz, que tenía su taller muy cerca de allí.

Sus cuatro plantas pronto le valieron el calificativo de “rascacielos”

En el bar servían cerveza fresca, y disponían de un amplio surtido de bebidas nacionales y extranjeras, y de una radio Patterson para deleite de los clientes. Toda una modernidad.

La marca Patterson estaba representada en nuestra ciudad por Francisco Ruiz, y a la venta en el Bazar Onuba, situado en el número 6 de la calle Cano. Cada noche giraban el dial para sintonizar emisoras americanas, mientras servían ron San Carlos, una de las bebidas más solicitadas, por ser barata, digestiva… pero sobre todo barata.

Si querías tabaco no tenías más que ir al establecimiento de al lado. Allí estaba la tabaquería Salón Imperial, propiedad de José Vega, cuyo producto estrella era el cigarrillo Chesterfield.

Y esta es, a grandes rasgos, la historia del Nuevo Miramar, un establecimiento señero que servía en los años treinta el mejor café de la ciudad. Crónica destilada a partir de unas letras que llevan ahí ochenta y cuatro años y que vi un día por casualidad.

3 opiniones en “El rascacielos del Muelle Grande”

  1. Historias maravillosas… sí señor…
    Al lado existía la Litografía Saavedra, Pionera en artes gráficas…
    Conocí a un maquinista de offsett y un fotomecánico (que eran profesiones de mucha valía), allá por los años sesenta…
    Luego la traladaron a Miller Bajo… hasta que la tecnología informática iba acabando con las artes gráficas tradicionales…
    En fin, renovarse o morir…
    Gracias por tus artículos, son muy valiosos y entretenidos… Saludos

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