El Bazar España de Triana

Triana, 1924…

Trajeado y oculto bajo el ala de un sombrero, trato de pasar desapercibido mientras camino por la calle Remedios. Me detengo al llegar a la esquina, consulto mi reloj y disimulo desplegando la prensa del día que acabo de comprar en una tabaquería.

El periódico pone que hoy es 30 de septiembre de 1924. El año es correcto. Todo va según el plan. Tiro el periódico en una papelera y desciendo por la calle de San Pedro, esa que conduce a Triana. Ya veo mi objetivo, está en el margen izquierdo, en el número 2. Se trata de un flamante comercio llamado “Bazar España”. Suerte que no he de andar mucho porque estos bonitos zapatos que adquirí en La Gloria me están matando.

Ya estoy frente al establecimiento y mi corazón late al doble de velocidad que el volante del Roskopf que llevo en el chaleco. Me ocurre siempre que abandono mi escritorio para viajar al pasado. Es casi mediodía, y en la puerta del bazar tres caballeros conversan. Se apartan para dejar salir a una señora que lleva una sombrerera, y en ese momento el cielo se despeja y el sol impacta en las letras rotuladas que adornan la fachada.

En grande, el nombre del comercio, y en vertical, el del dueño: Antonio Grondona. En el margen izquierdo puede leerse: “Extenso surtido en artículos para regalos. Grandes novedades. Adornos de todas clases para sombreros y trajes.” En el derecho: “Sombreros para señoras y caballeros. Modelos elegantes. Semanalmente se reciben las últimas creaciones de la moda.”

Los señores que hablan junto al umbral se van cada uno por su lado, uno de ellos me saluda levantando levemente su sombrero y yo le contesto del mismo modo. Me acerco a la puerta y veo que hay bastantes clientes. Todos los dependientes parecen ocupados. Es el momento de entrar. Lo primero que llama mi atención es una melodía que proviene de un gramófono y que no logro identificar.

En este Bazar venden gramófonos portátiles de la marca Resona y tener uno en marcha es la mejor forma de darlos a conocer. El local es bastante amplio, y está flanqueado por largos mostradores que llegan hasta el fondo. La temperatura en el interior es agradable, y el olor del mobiliario se mezcla con un perfume francés.

Las vitrinas están repletas de mercancía. Hay pequeños carteles publicitarios por todas partes que nos revelan el contenido de la hilera de cajones que hay detrás de los dependientes: Fajas de la marca Eva, Condesa y Hongay; guantes Ada y Raquei; medias Holeproof Plus Ultra y París; corbatas Ansonia y Adolpho. Me adentro un poco más en el Bazar y llego a la sección de hogar. Tienen un amplio muestrario de vajillas para mesa, servicios para el té, cristalería y cubiertos. Hay un dependiente atendiendo a una señora. Le está enseñando una cubertería de plata mientras le dice que no debe preocuparse si un día le desaparece un cubierto, pues tienen a la venta piezas sueltas, así que nunca se le quedará incompleto.

Tienen un gran surtido de paragüas, trajes, pañuelos y sombreros. Los sombreros de señora están adornados por Catalina Pérez, una mujer natural de Tenerife que vive en la calle Villavicencio y que tiene un don para personalizarlos. El bazar comienza a quedarse vacío, es hora de que me marche. Salgo del local y miro hacia Triana. El tranvía pasa en ese instante. Dirijo mis pasos hacia la calle Remedios. Qué ganas tengo de quitarme estos zapatos. Por suerte mi escritorio no queda lejos.

2 opiniones en “El Bazar España de Triana”

  1. Ya estaba echando de menos mi espacio preferido, con el autor mejor de relatos de Historias. Gracias y saludos (y no me hagas -por favor- esperar tanto).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.