La casa del ombligo

De las casas de Triana que perdimos en pro de la modernidad, hay una que llama poderosamente mi atención por ser esta donde estuvo el almacén de D. Roque Hidalgo López, el comerciante de finales del siglo XIX al que persigo desde hace años.

La casa en cuestión, derribada a principios de los años sesenta junto a otro inmueble para construir Almacenes Cuadrado, fue proyectada por Manuel Ponce de León en 1869 cumpliendo un encargo del relojero francés Alejandro Douillet y Goy, y contaba con una superficie de 400 m2 y un frontis de diseño sencillo con vistas a la marina. Ostentaba el número 70 de gobierno, y hacía esquina con el callejón del Artillero, también desaparecido del plano de la ciudad.

De la calle de Triana, hacia la antigua Marina, se derivan de norte a sur las estrechas calles de Pilarillo Seco, Matula, Munguía, Clavel y Losero. En su intencionada estrechez constructiva se pone de manifiesto que nuestros antepasados tuvieron su razón al concebirlas así, para aminorar el brisote que venía del mar. La calle Artillero es la única que falta, y se encontraba entre Munguía y Clavel. Actualmente es el pasaje que ofrece el edificio donde estuvo Almacenes Cuadrado. 

Douillet provenía de Lyon, y había nacido en 1830. Ya en 1850 se encontraba afincado en Las Palmas, junto a su mujer, Vicenta de Paul Santana, y sus hijos. Hay algunas referencias a este relojero en la prensa de aquella época. En el periódico El Ómnibus, del 2 de febrero de 1861, aparece un anuncio referente a un hallazgo, que dice lo siguiente: “En el camino del Puerto de la Luz se ha encontrado un poco de dinero. El que se crea con derecho a él puede acudir a D. Alejandro Douillet, relojero, o al capitán de la fragata Cándida.” En la Sección Local de El País, del 1 de agosto de 1865, se recoge que Douillet había donado los 225 reales de vellón que faltaban para la adquisición de una pierna artificial para Gregorio González Gamona, uno de los trabajadores accidentados en la cantera de la Laja, y que además se había encargado de que la trajeran de Francia.

En ese mismo año de 1865 aparecen varios anuncios en distintos medios que revelan que tenía su relojería en el número 15 de la calle Torres. A mediados de 1869, el edificio de Triana número 70 ya estaba en construcción, según revela el periódico El Bombero del 21 de junio de 1869. Terminado el edificio y ya instalados, convivió con ellos durante unos años el relojero suizo Juan Bonny, que había llegado a la capital en 1867. Douillet era masón, y fue uno de los fundadores de la logia Afortunada nº 36. En 1870 fue nombrado limosnero hospitalario, cuyo cargo consistía en recoger y distribuir las limosnas, y de velar por la buena situación de las viudas y huérfanos de los hermanos.

No sabemos la suerte que corrió el relojero, pero a principios de la década de 1880 ocupaba el local de Triana 70 un negocio distinto, el del consignatario y comerciante Francisco Bethencourt López e hijo, que terminó hundiéndose con la crisis de la cochinilla. En julio de 1887, Roque Hidalgo López abrió una sucursal de su comercio en Triana 70 y lo anunció a bombo y platillo en la prensa. En 1914, ya fallecido el comerciante, pasó a ser la droguería de Gaspar Meléndez. Luego, en los años treinta, el local fue un almacén de granos y en la planta alta estuvo la academia Lumen hasta finales de los cincuenta. 

A la izquierda, Triana 70 con el toldo extendido, a principios de 1900.

Ya confesé al principio la atracción que me produce este edificio, y en general todo lo que rodea a Roque Hidalgo. Me hubiera encantado poder entrar a husmear en sus dependencias, y conocerlo de primera mano. Como eso no es posible, intenté dar con personas que sí lo hubieran conocido para que me contaran cómo era. Ejerciendo de detective, en 2017, localicé a Francisca Margarita Gómez Rodríguez, hija de Valentín Gómez Gil, propietario de la academia Lumen. Quedé con ella en una cafetería, y para la entrevista preparé una serie de fotografías y llevé pluma y cuaderno. Con las imágenes comenzaron a aflorar los recuerdos de cuando era tan solo una niña. Me contó que para acceder a la academia había que entrar por Artillero, 2. El zaguán tenía la escalera a la izquierda, con unas ventanas que daban al almacén donde se guardaba trigo. A veces entraba y cogía de un saco un puñado para masticarlo a modo de chicle, luego iba a ver cómo rugía el mar en la parte trasera de la casa.

Me hubiera encantado poder entrar a husmear en sus dependencias, y conocerlo de primera mano.

Y esta es, a grandes rasgos, la historia de esta singular casa conocida en su época como la casa del ombligo. Semejante sobrenombre le vino, según el cronista Néstor Álamo, por el círculo de piedra que había en el centro de su fachada, y que en su día cobijó un reloj como insignia de la primitiva relojería de Douillet.

Lo único que queda en pie es un muro medianero en el que se aprecian los perfiles de cantería que Ponce de León diseñó con tanto acierto. Está algo escondido, pero le invito a buscarlo la próxima vez que pasee por Triana. Si lo encuentra trate de componer con la imaginación el resto de la desaparecida casa del ombligo. Yo lo hago siempre que paso por delante.

Fuentes consultadas:

  • Libro: Paseo nocturno por la vieja ciudad. Triana. Excmo. Ayto. de Las Palmas de Gran Canaria.
  • FEDAC. Archivo de Fotografía Histórica.
  • JABLE. Archivo de Prensa Digital.

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