La caja extraviada

Permítame que le ponga en situación. Hoy es 9 de noviembre de 1891, hemos embarcado en el muelle de Las Palmas y navegamos mar adentro a bordo de una embarcación de la Elder Dempster que se dispone a abastecer de carbón a aquel vapor que ve usted a lo lejos, fondeado cerca de aquel bergantín.

Se trata de un buque inglés llamado Roquelle, procede de Liverpool y lleva anclado en la bahía de Las Palmas desde ayer. Sé lo que está pensando, cree que vamos demasiado elegantes para ir en esta sucia barcaza. Y tiene razón, pero la ocasión lo requiere, porque nos hemos metido en la piel de dos comerciantes de Triana que precisan revisar la bodega de carga de ese navío en busca de una caja que han extraviado, y que lleva las iniciales R.H.  Aprovecharemos el tiempo que dure el suministro para subir al Roquelle y husmear en sus entrañas. Además, en este cartapacio de piel llevo documentación que he de entregar al capitán.

Ya estamos a bordo. Subir no ha sido empresa fácil. Yo ya estoy acostumbrado, pero veo que usted no ha podido evitar mojarse los zapatos. No se preocupe, se secarán. ¡Ah! ahí viene el capitán. Le he entregado la documentación y él me ha facilitado el manifiesto de carga con la mercancía que se descargó ayer en el muelle. Este marinero nos acompañará a la bodega. Hemos de bajar por esta empinada escalera. Agárrese a la barandilla y cuidado con la cabeza.

Ya estamos abajo. El aire está enrarecido y hay poca luz. Tome esta linterna. ¿Se siente mareado? Se le pasará. Desabróchese el cuello de la camisa y se encontrará mejor.

Antes de aventurarnos en la bodega en busca de nuestra caja, echemos un vistazo al manifiesto que nos ha facilitado el capitán. Veamos… según el documento, el Roquelle traía para los comerciantes de Las Palmas varios fardos de algodón; tres cajas con sombreros; dos cajas de tisús; un barril con porcelana; un barril de ferretería; dos cajas de pescado; dos barriles con calderos; 263 cajas de jabón; un fardo de hilos; un paquete de muestras; cuatro cajas de loza; 154 sacos de papas; cinco fardos de guata; ochenta y siete bultos con maquinaria; un barril de brea; veinticinco barriles de galletas; treinta sacos de arroz; cuatro camas; una caja con redes; tres cajas con objetos de escritorio; cuatro postes de hierro; un fardo de cortinas; un caja con un escritorio; seis bultos con acero; ocho barras de hierro; nueve anclas; una caja con cristal; dos cajas con queso; veintiséis cajas de whiskey; ocho fardos de papel; tres bultos con sillas de mimbre; diez bultos con muebles; un paquete de bordados; treinta y una cajas de vino; una caja con escopetas; una caja de munición; y una caja marca R. H. ¡La mía!

Lo que queda en esta oscura bodega son 444 cajas de jabón, cuatro cajas de galletas, una caja de tisús y otra que contiene algodón. Mi caja tiene que estar en algún lado. Ayúdeme a buscarla… ¿la ha encontrado? ¡ahí está! Trátela con cuidado. Contiene una delicada vajilla de porcelana para mi casa, y bien vale el rescate de un rey.

¿Ha oído ese silbato? el suministro de carbón ha terminado. Será mejor que subamos a cubierta, a no ser que queramos ir a Lanzarote y luego a Santa Cruz de La Palma, que son los próximos destinos de este barco.

Ya estamos en la barcaza. Temí que cayera al agua cuando le vi dar aquel peligroso salto. Entiendo que no quisiera mojarse de nuevo los zapatos. Le agradezco que me haya acompañado al Roquelle. Sin usted no hubiera dado con la caja tan fácilmente. Mi mujer se alegrará de que la hallamos encontrado. Lleva tiempo esperándola. Solo espero que los dibujos de la porcelana sean de su agrado.

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