Una oficina de 1909

circulo mercantil.jpgEs noviembre de 1909, y en la planta baja del Círculo Mercantil, en la plaza de la Democracia de Las Palmas, unos empleados trabajan en silencio sin perder de vista la punta del plumín. Estoy en las oficinas bancarias de Nicolás Dehesa, un indiano que al regresar de Cuba a finales del siglo XIX invirtió su fortuna con acierto, y además de dedicarse al comercio creó esta entidad bancaria con sucursal en Santa Cruz de Tenerife. Según una octavilla que acabo de coger del mostrador, sus oficinas son corresponsales de los principales bancos y banqueros. Compra cheques y letras sobre todas las plazas. Da giros y cheques sobre el Reino y el extranjero, y expende cartas de crédito para viajes a todos los países. Abre cuentas corrientes en pesetas y en moneda extranjera. Descuenta y cobra letras comerciales, y presume de dar los más altos precios para cambio de moneda y billetes extranjeros. Además se encarga del pago en los Estados Unidos y otros países de maquinaria agrícola y otros pedidos.
Por mi reloj de bolsillo son las nueve y veinte de la mañana, y hay dos señores y una dama esperando a ser atendidos en la caja. Según un cartelito que hay sobre la ventanilla abren de nueve a cinco. Yo disimilo y hago como que espero mi turno pero no estaré aquí más de lo debido.

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Más que la actividad que realizan, lo que me interesa es la escena, que ejerce un gran poder sobre mí y me atrapa. No puedo evitar fijarme en los altos escritorios de caoba con sus lámparas auxiliares; los gruesos libros de contabilidad sobre el estante y los tinteros; los sellos y tampones; la caja fuerte de fabricación inglesa, abierta de par en par; y la preciosa máquina de escribir alemana. En 1921 la entidad será absorbida por el Banco Hispano Americano. Pero aún quedan algunos años para eso. Le toca el turno a la dama, y luego a mí. Uno de los empleados me mira. Será mejor que regrese a mi escritorio.

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