Bebidas, granos y comestibles

retrografia.jpgHoy crucé el Guiniguada en busca de una fachada. Mi objetivo estaba en el número 75 de la Calle Mayor de Triana. Un impresionante edificio de estilo ecléctico que no pasa desapercibido al paseante, que aunque deambule distraído de escaparate en escaparate, siempre acaba seducido por la arquitectura de la calle, y de este edificio en concreto, por los preciosos y recargados balcones modernistas.
Una vez localizado mi objetivo me situé enfrente y esperé a que la escena estuviera despejada de transeúntes, algo imposible un sábado por la mañana. Tras unos minutos se presentó la oportunidad y disparé el obturador de mi cámara. Luego busqué sombra en un banco y comencé a comparar mi fotografía con una del mismo edificio que alguien había tomado hacía ochenta años. El inmueble se encontraba prácticamente igual, a excepción de una ampliación de dudoso gusto en el acceso al local comercial.
Saqué mi cuaderno y repasé mis notas. En los años 40, época en la que se tomó la primera fotografía, ocupaba los bajos del edificio, que entonces tenía el número 77 de gobierno, el almacén del comerciante D. Diego Domínguez Silva.
En su comercio se vendían bebidas, granos y comestibles. Además tenía una sucursal en la calle Nicolás Estévanez, 28, en el Puerto de la Luz, y una nave en el muelle Grande donde vendía, a precios favorables, paja para pienso y alfalfa. Productos muy demandados entonces. Para contactar con D. Diego y hacer un pedido solo había que descolgar el auricular y marcar un número de cuatro cifras. Eran otros tiempos.
Sirvan estas líneas para que la próxima vez que pasee por Triana busque el número 75 y se pare a admirar sus balcones. Y si agudiza el oído y se deja llevar por la imaginación, tal vez oiga el antiguo timbre de un teléfono de bakelita. Un eco más de esta calle con tanta historia.

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