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Al pie de un cañón

IMG_1502.jpgPalidecen las antiguas fotografías en los álbumes familiares. Se oxidan los pigmentos. Se difuminan los contornos… y las escenas se tiñen de nostalgia. Algo parecido pasa con los recuerdos. Unos desaparecen sin dejar rastro. Otros en cambio nos acompañarán siempre, y a diferencia de las fotografías, que acusan el paso del tiempo, los buenos recuerdos permanecen intactos, se vuelven tangibles, y nos sentimos a salvo cuando nos refugiamos en ellos y comprobamos que aún conservan el brillo del primer día.
Como decía Gil de Biedma, “ahora que de casi todo hace veinte años”… es bueno volver alguna vez a esos viejos álbumes para revivir en imágenes ésos, y otros recuerdos que quedaron en alguna parte. Imágenes difusas en las que extrañamente nos reconocemos.
El otro día, revisando esos álbumes, me di cuenta de que la ternura no solo estaba en esos niños que aparecen en las imágenes. La ternura también se encontraba en el encuadre, en el ojo que detrás de la lente miraba con asombro a sus hijos a través del visor de aquella cámara réflex de fabricación rusa que aún anda por casa. Permítame el lector aprovechar esta tribuna para dar las gracias a mis padres por esa infancia tan feliz que quedó inmortalizada en esa serie de preciosas fotografías, y que marcaría el rumbo de mi vida. Hoy quiero que ellos dejen de estar al pie del cañón y se acomoden en un palco en primera fila, en este escenario donde mis letras cobran vida, para analizar unas fotografías que disparó mi madre y que rescató a petición mía.
Guardaba tan solo una imagen difusa en el desván de mi memoria de una enorme pieza de artillería. Recuerdo vagamente aquel día… paseábamos por los jardines que en aquel momento rodeaban el Castillo de la Luz, y mi padre me subió al pie de aquel cañón, quizá usted se acuerde de él. Yo debía tener unos 4 años… sería entonces 1981…
IMG_1504 copia.jpgCuando volví a ver las fotografías me asaltaron los recuerdos, pero también varias preguntas, ¿qué pintaba ese cañón en aquellos jardines? ¿qué historia escondía? He aquí las averiguaciones de este detective a tiempo parcial.
El cañón de 120 mm perteneció a un crucero pesado de la marina de guerra española llamado “Canarias”. Su fabricación se inició en los astilleros de Ferrol el 15 de agosto de 1928, y fue botado el 28 de mayo de 1931. Tenía un desplazamiento de 10.000 toneladas, una eslora de 193,90 metros y 19,52 de manga.
silueta.jpgContaba con 8 cañones de 203 mm, otros 8 de 120 mm, y 12 tubos lanzatorpedos. Tenía una potencia de 90.000 caballos, alcanzaba una velocidad de 33 nudos, y su tripulación estaba formada por 800 hombres. Tomó parte en la Guerra Civil Española. Su rapidez junto a su artillería, hizo que fuese muy temido.
crucero.jpgDurante la Segunda Guerra Mundial, tras el hundimiento del acorazado alemán Bismarck por la Marina Real Británica, salió a la mar para buscar supervivientes, sin éxito. Participó también en la guerra de Ifni, efectuando bombardeos de costa y apoyando a las unidades terrestres sitiadas por el enemigo. Mientras estuvo navegando lo mandaron 43 capitanes, y se convirtió en la más célebre unidad de la Marina de Guerra española, de la que fue su buque insignia durante casi cuarenta años. Fue dado de baja el 17 de diciembre de 1975. Hubo intentos de convertirlo en museo flotante, pero finalmente fue desguazado. En 1980, una de las cuatro hélices del crucero fue entregada a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife para su exposición en un parque público, y un cañón de 120 mm fue a parar a los jardines del Castillo de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. Y entonces aparecí yo… mi padre me subió… y mi madre tomó esas dos fotografías.
Les invito a volver la vista atrás en esos álbumes familiares, y estarán de acuerdo conmigo que aunque palidezcan las fotografías, los buenos recuerdos seguirán brillando como el primer día.

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