Publicado el

Viaje al pasado

Transpórtese en el tiempo al año 1884, y en el espacio a la isla de Gran Canaria. Sitúese en la ciudad de Las Palmas, concretamente en la calle Castillo. Es la que sube desde la plaza del Espíritu Santo, en Vegueta. Imagínese caminando a última hora de la tarde siguiendo los pasos de un caballero que viene desde su comercio en la calle Triana y que porta un grueso cuaderno de cuentas bajo el brazo. Afloje el paso para que no se de cuenta de que le sigue, no quiero que usted se lleve un disgusto, pues encima lleva una pequeña pistola que no dudará en usar si cree que le van a robar el saquito de monedas de oro que lleva en el bolsillo de la chaqueta. El comerciante se dirige a su casa, escóndase en uno de los portales y espere a que entre en la casa número 15, la que hace esquina con el callejón Bedmar.
Ahora, quiero que viaje en el tiempo unas pocas horas, hasta el amanecer. En breve el caballero hará el recorrido inverso a paso ligero y no llegará a casa hasta el mediodía. Ahí sale. Espere a que se aleje. Su mujer ha llevado a los niños al colegio y regresará a la hora de comer. La sirvienta ha ido al mercado a comprar y tardará en volver. La mansión ha quedado vacía. Busque en el bolsillo de su abrigo. Esa llave abre la puerta de la casa. Entre, no tenga miedo. Es una oportunidad única para ver como vivían en aquella época. Como ya pudo comprobar desde la calle, la mansión es enorme. El patio donde se encuentra divide la casa en dos, mire qué flores más bonitas. La planta baja está destinada a almacén y no le voy a entretener en ella. Suba las escaleras, tranquilo, no hay nadie… Esas habitaciones de la izquierda pertenecen al servicio, ahí está la cocina y sus dormitorios; puede echar un vistazo. La cocina es de hierro fundido y funciona con leña o carbón. Coja una manzana del frutero y muérdala, ¿a que no había probado una manzana tan sabrosa?
Dispóngase para ir a la parte noble donde vive el comerciante con su mujer y sus hijos. Fíjese que hay un pasillo y todas las habitaciones quedan a la derecha, exceptuando el excusado y el cuarto de costura que quedan a la izquierda, junto a un pequeño tragaluz. Entre en la primera estancia, es el salón principal. Aquí se producen los encuentros con la buena sociedad, a la que esta familia burguesa pertenece. En días señalados aquí se lleva a cabo el refinado juego de las apariencias. Cubiertos y candelabros de plata, vajillas de delicada porcelana, alfombras orientales, obras de arte, sedosas tapicerías, mesas y sillas de caoba, cortinas de damasco…elementos que hablan del desahogo económico y de la elevada posición social de este señor.
Pase a la siguiente sala, es el lugar donde la familia pasa más tiempo. Del techo cuelga una lámpara de lágrimas con portavelas y en la pared verá colgados excelentes cuadros con escenas campestres. Pase a la siguiente estancia, se comunican entre sí por una pequeña puerta. Bienvenido al despacho del comerciante. Abra la contraventana para que entre luz. Siéntese frente al buró, pero no toque nada. Observe las anotaciones a plumilla en el cuaderno de cuentas, el tintero de cristal tallado, la correspondencia sin abrir y el sello para lacre con el escudo de la familia. Abra el cajón del escritorio. Ahí está la pistola, ¡no la toque!, está cargada. Ciérrelo despacio. Frente a usted encontrará una librería, levántese y recorra con la vista los lomos en piel, también hay revistas europeas sobre moda; se las envían desde París a la mujer del comerciante. Si ya ha visto suficiente cierre la contraventana y pase a la siguiente sala, recuerde que hay que dejar todo como estaba.
Esta nueva habitación es la alcoba. Han dejado la ventana abierta y una ligera brisa entra desde la calle haciendo danzar la cortina. Eso que oye es un coche de caballos. La cama es de hierro forjado, con dosel, y el alto colchón está relleno de plumas. No mire bajo la cama, hay un refinado orinal de porcelana importado de Inglaterra. Acérquese al tocador, el cepillo y el espejo de mano repujados en plata son preciosos. Hay delicados frascos de perfumes franceses junto al espejo y polvos de maquillaje. Mire la mesilla de noche, la señora ha olvidado sobre ella una cadena de plata con camafeo. En su mesilla el caballero dejó sus anteojos bañados en oro, un libro y una botellita con algún remedio para conciliar el sueño. Abra el cajón, con cuidado, mire qué reloj de plata más bonito. Junto al armario hay un perchero con un sombrero canotier y otro de estilo Homburg. Mire el aguamanil, con pastilla de jabón y toalla.
Pase a la siguiente habitación, es ahí donde duermen los niños. Han dejado algunos juguetes en el suelo, tenga cuidado y no tropiece. Hay una pila de cuentos junto a la cama. La criada les lee para que se duerman bajo la ténue luz de una lámpara de petróleo. Salga al pasillo, en el excusado hay una navaja de afeitar sobre el lavabo, un peine y loción para el afeitado. Vaya al fondo, es la sala de música. Sobre el sillón de estilo inglés hay un costurero y una muñeca de porcelana que la criada ha estado remendando. Hay un piano de pared y sobre el atril algunas partituras. A la dama de la casa le gusta tocar cuando cae la tarde. Sobre una mesa un periódico abierto y papeles manuscritos, cenicero, pipa y tabaco de vainilla. Como puede ver tienen otra librería al fondo de la sala. Allí hallará unos prismáticos, cójalos, le harán falta.
Si ya ha satisfecho su curiosidad salga de nuevo al patio y suba a la azotea, quiero enseñarle algo. Pase entre las sábanas tendidas, y sitúese junto a la pileta donde flota una gruesa pastilla de jabón y un cepillo de madera. Use los prismáticos, fíjese en el horizonte, ese velero viene de Nueva York y trae mercancía para el dueño de esta casa. Observe los tejados de las casas. A la catedral aún le falta el templete. Así era Las Palmas a finales del XIX. Disfrute de la vista. ¿Ha oído ese ruido? es la criada, ha regresado del mercado antes de lo previsto. No se asuste, le sacaré de ahí. Ahora cierre los ojos, contaré hasta tres…y cuando chasquée los dedos…volverá al presente.
00000319_0001.jpg

Publicado el

Un hombre y un pez

Aquella casa no era una casa, era lo que quedaba de una gigantesca ballena varada en la orilla sur del Guiniguada. Su osamenta lucía siniestra bajo el halo de la llama trémula de mi lámpara, dibujando a mi paso huidizas siluetas que buscaban refugio en los vanos vacíos de puertas y ventanas. Me sentí como Jonás en el vientre de la ballena, atrapado en las entrañas ruinosas de aquella misteriosa mansión abandonada. Un náufrago tragado por aquel enorme pez, encallado en el extremo sur del Guiniguada…

Publicado el

A vista de pájaro

Imagino que Vegueta, vista desde el aire una noche cualquiera, no debe ser más que un encantador laberinto vagamente iluminado. Si pudiéramos sobrevolar ese dédalo a altas horas de la madrugada, veríamos algunas sombras alargarse sobre las aceras, bajo la luz de las farolas, que pertenecen a raudos transeúntes que regresan a su guarida; o recién emprenden la huida. También hay sombras flemáticas. Éstas son las que me interesan. Pertenecen a prófugos del sueño, embaucadores profetas, amantes furtivos que se besan en los rincones, escritores anacoretas, vagabundos seductores…y algún poeta maldito que escribe sus versos con la tinta que destila la noche.
Paseantes de toda índole ajenos a mi imaginario punto de vista.
a vista de pájaro.jpg Mascota de la desaparecida sombrerería El Águila (1928), situada en la esquina de Travieso con Triana.