El placer de comer en la barra

Si tengo la oportunidad de comer en la barra, suele ser mi primera opción. Las barras conforman un espacio vital en cualquier restaurante de bien, y su particular ambiente las convierten en un espacio dentro del espacio, con personalidad propia.

En la barra, además, el ritual del comer es muy diferente al de hacerlo en una mesa. Testigos privilegiados del trasiego que se vive tras ella, en la barra nunca se comerá solo.

En Las Palmas de Gran Canaria existen varias que merecen mucho la pena. Quizá la del restaurante Ribera del Río Miño sea la mejor, pero otras como las de El Pote, Cuernocabra, Casa Pablo o la Bodega Extremeña merecen reconocimiento.

Algo primordial para que una barra merezca ser habitada en horas del comer y del beber, debe ser que cuente con su propia oferta. Precisamente El Pote estrena esta semana su carta de barra de verano, con pinchos muy variados y de mucha calidad.

En Río Miño, muchos son los comensales que prefieren la barra a una mesa en sala. Y no es para menos. Allí la oferta, que ya lo era en la Casa de Galicia, es excelente. El servicio único de barra es de primer nivel, y la calidad del producto de diez.

En la barra se bebe y se come de otra manera. Otro ritual. Eso bien lo saben los clientes del Cuernocabra, en El Corte Inglés, que se enfrentan a la inmensidad de una barra imponente, y que además ofrece el espectáculo que supone ver a los empleados trabajando de manera tan coordinada como robots.

Los clientes de barra se conocen entre ellos. Suele formar parte de su rutina. Ya sea para el aperitivo de las doce, para el almuerzo de las tres, o de la sobremesa de las cinco. Es cierto que la prohibición del tabaco les ha quitado mucho romanticismo a todas ellas. El Hemingway Bar del Ritz de París ya no es lo mismo desde que una nube de humo no monopoliza el ambiente. Porque tabaco y barra siempre han ido de la mano.

La barra de La Catapa, en Madrid, debería ser el destino al que deberían apuntar toda la que tenga algo de ambición. Taberna castiza, cuenta con unos platos que bien merece la pena el viaje. Las croquetas y la ensaladilla como tapas estrella, son muchas las opiniones que aseguran que es una de las mejores barras de la capital. No seré yo quien haga tan tajante afirmación. Pero si puedo decir que es a la barra que siempre querré ir.

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