Viaje a un país llamado Celler de Can Roca (I)

Cuando sabes que el destino final de tu viaje es el Celler de Can Roca, lo realmente placentero es el viaje en si. Saber que vivirás una de las experiencias culinarias más singulares del mundo hacen que cada minuto de avión o de tren rumbo a la hermosa Girona sean una experiencia realmente valorada. En mi caso, la admiración hacia los tres hermanos Roca viene de lejos. Hace años, a través de un documental, vi por primera vez el increíble mundo que habían creado los tres genios en su barrio. Me fascinó. Es de esas cosas que ves, y apuntas en una optimista lista de deseos futuros, de destinos a los que visitar como experiencia vital casi obligatoria. Ese momento llegó, y ahora, en frío, puedo decir que superó cualquier expectativa posible. Da igual todo lo que hayas imaginado, y cómo lo hayas hecho, una vez allí, todo eso se supera. El Celler de Can Roca te traslada a un mundo utópico de felicidad desde que entras por su puerta, con todo lo que ello significa.

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A mi llegada a Girona, un miércoles a las 23.00 horas, me esperaba un glorioso plato de caracoles en un restaurante afamado precisamente por este producto. Generosamente, los responsables del BBVA y otro compañero de un medio de comunicación, habían esperado pacientemente mi llegada para compartir juntos esa delicia. Con la maleta a cuestas, y maravillado por lo poco que había podido ver de la ciudad desde el taxi que me trasladó desde la estación de tren hasta el restaurante, es lo que se llama una llegada triunfal. Tras despachar los caracoles, y un par de cañas, fuimos a dar un paseo por el caso histórico de Girona. Era el preludio de la grandeza y la belleza que estaba por llegar. El tema de conversación era evidente: El Celler de Can Roca. Uno de los responsables del banco, amigo personal de los hermanos Roca, y auténtico especialista en el restaurante, nos contó miles de anécdotas que sirvieron como un máster rápido acerca de lo que significa y lo que representa El Celler en España y en el mundo.

IMG_7020.jpgTras tomar un par de copas, en una animada conversación que se alargó un poco más de la cuenta, nos trasladamos al Meliá Girona. Al día siguiente, el plan era única y exclusivamente (y afortunadamente) dedicado al mundo Roca. Habíamos quedado sobre las 10.00 horas en la recepción del hotel para poner rumbo al Can Roca, el restaurante de los padres de Jordi, Josep y Joan Roca, y el origen del éxito. Esa era una visita que me hacía especial ilusión. Poder conocer de primera mano el lugar donde nació todo, que además es la casa familiar de los Roca, y que por si fuera poco, sigue estando dirigido por los octogenarios padres, es un verdadero lujo. Pero, todos tenemos nuestro lado freak, y eso es lo que me empujó a levantarme a las 07:30 de la mañana. Los objetivos eran claros. Conocer y pasear por el increíble casco viejo de Girona, y en mayor medida, buscar algunas localizaciones de Juegos de Trono que se grabaron allí. Como fan incondicional de la serie, esa es una motivación más que suficiente para hacer un esfuerzo extra, que sin duda mereció la pena. Mas tarde descubriría que Jordi Roca no es que sea un fan cualquiera, sino que le ha dedicado postres a la famosa serie, y guarda como un tesoro unas espadas y un escudo originales que le regalaron los actores en una de las muchas visitas que hicieron al restaurante durante el rodaje.

IMG_6841.JPGTras enamorarme plenamente de mi pequeño pero intenso recorrido, puse rumbo a Can Roca. Allí empezaba el inicio del particular viaje al país de los geniales hermanos. Y nada mejor que hacerlo en el lugar en donde empezó todo. Una madre sonriente, y un padre orgulloso nos recibían y nos enseñaban con la ilusión de quien acaba de abrir el restaurante, todos los rincones de Can Roca. Acababa de entrar en el planeta Roca.

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