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	<title>El Método ÁcidoPolítica &#8211; El Método Ácido</title>
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	<description>Historias y ficciones sobre Internet</description>
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		<title>Covid-25: Desesperanza de rebaño</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2020 11:53:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alejandroramosmelian</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Prólogo Dicen que la realidad supera a la ficción y este año lo hemos comprobado. Sólo espero que, este relato distópico que vas a leer a continuación, sea precisamente eso, una distopía, un acontecimiento imaginario inspirado en un futuro irreal. Lo opuesto a una utopía. Ajusta el brillo de tu pantalla, ponte cómodo y &#8230; <a href="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/2020/12/13/covid-25-desesperanza-de-rebano/" class="more-link">Continuar leyendo<span class="screen-reader-text"> "Covid-25: Desesperanza de rebaño"</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Prólogo</strong></p>
<p>Dicen que la realidad supera a la ficción y este año lo hemos comprobado. Sólo espero que, este relato distópico que vas a leer a continuación, sea precisamente eso, una distopía, un acontecimiento imaginario inspirado en un futuro irreal. Lo opuesto a una utopía. Ajusta el brillo de tu pantalla, ponte cómodo y no olvides pulsar los enlaces que aparecerán a lo largo y ancho de los párrafos, ayudarán a sumergirte en la lectura. ¿Listo?<br />
<span id="more-125"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Covid-25: Desesperanza de rebaño</h2>
<p><span style="font-weight: 400;">-Creo que no hay nadie al otro lado del barranco- dije. Ninguno se atrevió a dar el primer paso así que, cogí la mochila con mi caza, unos nueve hurones, y caminé, atravesando la inhóspita y oscura pendiente escarpada que había frente a nosotros, teniendo muchísimo cuidado de no resbalar con la gravilla que había espolvoreada sobre la tierra infértil. Cuando llegué a la otra parte, giré sobre mí mismo, saqué mi pistola de señalización y <a href="https://youtu.be/GRL55ZTasy8?t=20" target="_blank" rel="noopener noreferrer">disparé una bengala</a> que surcó los aires a toda velocidad hasta llegar a cierta altura. Poco a poco, fue desacelerando hasta que, por la magia de la gravedad, frenó y empezó a caer. Mientras bajaba, su luz anaranjada pintó el terreno en el que nos encontrábamos y la oscuridad desapareció mostrando, a unos metros de mi izquierda, un sendero bastante franco, nada que ver con el que yo había escogido a ciegas. Mis compañeros, al verlo transitable, cargaron sus equipos y corrieron a mi encuentro. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aproximándonos a la zona habitada, </span><a href="https://youtu.be/j18y12VDGLc" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><span style="font-weight: 400;">sonó una sirena</span></a><span style="font-weight: 400;">, amplificada por el eco que emanaba de todos esos locales vacíos que en su momento fueron restaurantes, bares y bazares, adornada con un carrusel parpadeante de luces rojas y azules que, más que acojonar, delataba la posición del farolero. Era la señal inequívoca de que se aproximaba un coche de la Policía Asintomática, un cuerpo creado por el Estado con agentes inmunes, generalmente orientales, con el único cometido de despejar las calles cuando </span><i><span style="font-weight: 400;">Google-Drone</span></i><span style="font-weight: 400;"> detecta a grupos de personas con más de cuatro individuos. Cogímos nuestra cena, nos dispersamos y huímos para escondernos en nuestras respectivas casas, selladas a cal y a canto con precisamente eso, con cal, atrincherándonos tras las persianas de plomo que servían, además de como inhibidores del sistema de vigilancia antes mencionado, como escudo para todos los insectos que anidaban en los cadáveres infectados por SARS-COV4 que, amontonados en barrancos y acequias, rodeaban nuestro pueblo. Siendo lo suficientemente rápidos y con un poco de suerte, podíamos evitar las redadas de los defensores de la ley que, a base de porrazos y altanería, disuelven las aglomeraciones callejeras y vacunan en caliente a aquellas personas que carecen del brazalete granate, un distintivo con el que nos adornan cuando nos suministran esa vacuna desconocida, creada en no se sabe dónde con no se sabe qué. Pude escapar, una vez más. El vehículo duotono pasó de largo, </span><i><span style="font-weight: 400;">gracias a Sol.</span></i></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img class="alignnone wp-image-128 size-full" src="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-scaled.jpg" alt="" width="2560" height="1978" srcset="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-scaled.jpg 2560w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-300x232.jpg 300w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-1024x791.jpg 1024w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-768x593.jpg 768w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-1536x1187.jpg 1536w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-2048x1583.jpg 2048w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2020/12/imagen_covid25-1200x927.jpg 1200w" sizes="(max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 1362px) 62vw, 840px" /></p>
<p><span style="font-size: 10px;">Ilustración: Marta Aguiar Santana.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tras recuperarme del susto y una vez acomodado en el sofá, sentí que aquella noche era distinta a las demás. Todo sucedía como de costumbre a mi alrededor pero percibía que iba a ocurrir algo. Milo, mi pareja, en la azotea, mirando con sus prismáticos hacia el marcador electrónico del pueblo, absorto, contemplando el recuento diario de muertos producidos por esa nueva variante del virus que, desde su aparición allá por el dos mil veintitrés, ha ido adaptándose a cada una de las medidas tomadas. Clavaba sus ojos en aquel monolito, haciendo gala de un semblante muy similar al que teníamos al comienzo de </span><i><span style="font-weight: 400;">Internet</span></i><span style="font-weight: 400;">, cuando mirábamos durante horas la barra de progreso de descarga de alguna de esas películas noventeras que ansiábamos volver a ver. Así pasaba todas sus tardes, enajenado, </span><a href="https://www.youtube.com/watch?v=_Hfq6P9RDWk" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><span style="font-weight: 400;">con alguna canción </span><i><span style="font-weight: 400;">cibermetal</span></i><span style="font-weight: 400;"> de fondo</span></a><span style="font-weight: 400;">, acechando cómo cambiaban aquellos números digitales, como otros tantos vecinos en sus terrazas. El gobierno había conseguido la ansiada “desesperanza de rebaño” que tanto buscó; durante años, lo intentó con la prensa y la televisión pero fue aquel artefacto, situado en medio de cada población, con el que la consiguió. Yo, leyendo algún libro de esas maravillas que escribían en antaño, de Dolores Redondo principalmente, o estudiando chino mandarín, la lengua oficial que tanto se me resistía, a pesar de que toda la señalética del país estuviera serigrafiada en ese idioma. Y así llegaban todos nuestros crepúsculos, salvo en aquel día. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Eran las ocho de la tarde. Mientras leía, escuchaba los pasos de Milo. Interrumpía mi lectura continuamente. Resultaba curioso que, aquella persona que tanta indiferencia me producía, hubiera sido el amor de mi adolescencia. Recuerdo cómo solía lanzarle pequeñas bolitas de papel que nacían de las esquinas de mis libretas. Las moldeaba entre el índice y el pulgar, ambos dedos impregnados en saliva, con la ayuda de ese movimiento centrípeto tan característico que ocasionan los dedos cuando existe algo esférico entre ellos. Y las proyectaba desde mi cerbatana, o mejor dicho, desde aquel <a href="https://youtu.be/QvABm3Jkras" target="_blank" rel="noopener noreferrer">bolígrafo </a></span><i><span style="font-weight: 400;">BIC</span></i><span style="font-weight: 400;"> que había descorazonado de su tinta. Disparar aquella munición era mi forma de llamar su atención. Me acuerdo perfectamente de aquel tres de abril, en clase de historia, posiblemente la asignatura más aburrida jamás creada aunque, ese día en concreto, me resultó bastante estimulante porque sobrevolamos los derechos de los ciudadanos, esos que ahora no teníamos. A mitad de la lección, disparé hacia su nuca uno de mis perdigones inofensivos, produciéndole un espasmo muy leve pero lo suficientemente molesto como para incordiarle. Se dio la vuelta, sentado en una de aquellas pequeñas sillas de madera verdosa que había en todos los institutos de la época y, aquella mirada enfadada tornó a tierna cuando se alineó con la mía. En ese momento supe que nos casaríamos. Durante los primeros años de noviazgo, hicimos el amor por encima de nuestras posibilidades, no había hielo que nos aliviara, ni bromuro que nos contuviera. La intensidad fue disminuyendo a medida que pasaba el tiempo y aquellas noches en las que faltaban lugares de la casa donde poder reptar, se convirtieron en veladas de sofá, con </span><i><span style="font-weight: 400;">Netflix</span></i><span style="font-weight: 400;"> como telón de fondo, algunas de esas series mediocres que veíamos porque nos las vendían como buenas, y unas cuantas pizzas congeladas como únicos espectadores de tan deprimente panorama. Los temas de conversación acabaron, lo supe cuando terceras personas aparecieron como protagonistas, indicadoras del principio del fin. Decidimos separarnos pero la pandemia de dos mil veinte frustró todos nuestros planes… Qué cosas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Bajó de la azotea, dejó los prismáticos en la repisa y se sentó frente a mí, con una parsimonia un tanto exagerada, delatando la fragilidad del momento que íbamos a presenciar. Encorvado sobre la silla, con sus codos apuntalados sobre las rodillas, llevó sus manos al </span><i><span style="font-weight: 400;">des-covid-alizador</span></i><span style="font-weight: 400;"> de aire, ese casco de cristal que nos proporcionaba el oxígeno necesario para vivir, procedente de la botella </span><a href="https://www.mi.com/es" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><i><span style="font-weight: 400;">Xiaomi</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> que siempre llevábamos a cuestas, y lo desenroscó sin dudarlo ni un momento. Cuando notó la última rosca de seguridad y como si de un samurai que sujeta la daga del </span><i><span style="font-weight: 400;">harakiri </span></i><span style="font-weight: 400;">se tratase, dio un golpe seco y lo apartó de sí; inhaló profundamente, despacio,  y espetó en castellano, nuestro dialecto: </span><i><span style="font-weight: 400;">No soporto más vivir así</span></i><span style="font-weight: 400;">. Disfrutó de cada bocanada de aire, como ese fumador que da su primera calada tras varios meses evadiendo al humo. En cuestión de segundos, cayó fulminado por el </span><i><span style="font-weight: 400;">covid25</span></i><span style="font-weight: 400;">. Su cuerpo, convertido en un amasijo de cenizas y ropa, se derrumbó ante mí como un castillo de naipes. No pude contener mi sonrisa de satisfacción al ver cómo se desmoronaba, ni mi erección. Por fin había conseguido mi ansiada soledad. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><span style="font-weight: 400;">Sobre la ilustración: Un día, puse en un </span><i><span style="font-weight: 400;">story</span></i><span style="font-weight: 400;"> de </span><a href="https://www.instagram.com/alejandroramosmelian/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><span style="font-weight: 400;">mi perfil de Instagram</span></a><span style="font-weight: 400;"> algo así como “¿quién se anima a ilustrar mi próximo post?”. En cuestión de minutos, contactó Marta Aguiar. Eché un vistazo a su trabajo y quedé sorprendido. Esta joven de diecinueve años es una apasionada de la cultura oriental y su técnica venía que ni pintada para esta nueva publicación. </span><a href="https://www.instagram.com/_pollo.pera_/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><span style="font-weight: 400;">¡Echa un vistazo a su perfil!</span></a><span style="font-weight: 400;"> y disfruta de su obra.</span></p>
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		<title>Héroes y pirómanos</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Sep 2019 15:14:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alejandroramosmelian</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[internet]]></category>
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		<description><![CDATA[Cómo vivimos los incendios de Gran Canaria a través de las redes sociales Prólogo Para hablar de un tema tan delicado como un incendio forestal, o de tres consecutivos, como en este caso, es necesario esperar a que pase algo de tiempo, y hacerlo desde la distancia, de forma reposada. No soy ningún experto en &#8230; <a href="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/2019/09/29/heroes-y-piromanos/" class="more-link">Continuar leyendo<span class="screen-reader-text"> "Héroes y pirómanos"</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><i><span style="font-weight: 400">Cómo vivimos los incendios de Gran Canaria a través de las redes sociales</span></i></h2>
<p><strong>Prólogo</strong></p>
<p>Para hablar de un tema tan delicado como un incendio forestal, o de tres consecutivos, como en este caso, es necesario esperar a que pase algo de tiempo, y hacerlo desde la distancia, de forma reposada. No soy ningún experto en la materia, ni tengo conocimientos sobre bosques, pinos y demás. Tampoco sé si los hidroaviones son la solución para estas catástrofes. Me centraré, única y exclusivamente, en lo que ocurrió en las redes sociales durante esas semanas tan infernales. ¡Vamos allá!<span id="more-73"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>“Vecino: asómate a la terraza y mira hacia Cazadores, hay otro incendio por esa zona”</i>. Recuerdo perfectamente ese mensaje nocturno de mi vecina Paola a través de <i>WhatsApp</i>. Lo recibí mientras veía la segunda temporada de <i>Mindhunter</i>, una magnífica serie de <i>Netflix</i> que destaca, sobre todo, por no pertenecer a esa cantidad de paja con la que la plataforma engrosa su catálogo de entretenimiento. Fue justo una semana después del primer infierno que se originó en Artenara. Nadie podría esperar que, pocos días después, apareciera otro conato y menos aún que fuera en un lugar diferente. La virulencia de las llamas consumió esa lejana montaña en cuestión de minutos; desde mis prismáticos, lo que parecía una debilucha luciérnaga que buscaba cómo levantar el vuelo tras un manotazo, se convirtió en un ave Fénix gigantesco que se apropió de toda la superficie de ambas lentes. Sus alas rojas intensas llegaron hasta los pies de Guayadaque y muchos de sus habitantes huyeron despavoridos. Nació y murió en cuestión de horas pero, en su corta vida, le dio tiempo de aletear frenéticamente y destrozar todo lo que cogió a su paso. Un ser prematuro que fue cerrando sus ojos lentamente mientras unos individuos vestidos de amarillo le suministraban un potente sedante acuoso. Presuntamente, el culpable de su nacimiento fue un pirómano reincidente que, año tras año y en el mismo lugar, enciende un fósforo entre la maleza, sin ningún motivo aparente. <i>«Prendí hogueras que no supe mantener”</i>, podría parafrasear nuestro querido incendiario dondequiera que esté, en caso de que le guste <a href="https://youtu.be/KrAobvNaN6Q?t=102" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><i>El Último de la Fila</i></a>, claro está. Y cuando parecía que todo estaba controlado, ocurrió un suceso aún peor: otra combustión hizo acto de presencia, esta vez en Valleseco. Más cruel e indomable que las anteriores. Las imágenes posapocalípticas que se grabaron en nuestra retina mientras esto pasaba, son sólo comparables a una distopía <i>ciberpunk</i> de Philip K. Dick, o a ese momento de <i>Terminator: Judgement day</i> donde <a href="https://youtu.be/dTEilGNDifI?t=12" target="_blank" rel="noopener noreferrer">un fuego inmenso aplasta la ciudad</a>. El campo grancanario quedó carbonizado por completo y no es solo una opinión, es un hecho.</p>
<p><img class="alignnone wp-image-80 size-full" src="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/09/ire.jpg" alt="" width="985" height="985" srcset="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/09/ire.jpg 985w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/09/ire-150x150.jpg 150w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/09/ire-300x300.jpg 300w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/09/ire-768x768.jpg 768w" sizes="(max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 1362px) 62vw, 840px" /></p>
<p><span style="font-size: 10px">Ilustración: Irene León (Maruchita).</span></p>
<p>Durante esos días, vivimos con estupor cómo un nuevo y enérgico presidente del Archipiélago, acompañado de un recién reelegido representante del cabildo, se sentaron ante la cámara de televisión para dar cuentas de lo acontecido; incómodos y desolados. Ambos, uno porque tenía que hablar y otro porque debía estar presente, narraron una de las historias más lúgubres de nuestras vidas. Las ojeras, el insomnio y los sudores fríos se sumaron al debut de nuestro recién estrenado <i>frontman</i> que hizo su primera actuación <i>a capella</i>, sin instrumentos tras de sí, con el único acompañamiento de su homólogo y lo que es peor, tuvieron que comenzar su concierto con una canción apenada, de esas que suelen situarse a mitad del álbum, o al final del mismo, algo poco usual en cualquier concierto y que, como es comprensible en esta ocasión, dejó al público desencajado. Ninguno pudo sacar su mechero para corear la triste balada.</p>
<p><i>“Hacen falta nuevos héroes, nuevos referentes; la isla ya no los tiene”</i>, me comentó una vez mi amigo Tino, y con toda la razón del mundo. Recordé esa frase cuando, en esa misma escena que antes describía de nuestros dirigentes, sin esperarlo, irrumpía un tal Federico Grillo, desconocido hasta entonces, con un lenguaje claro y conciso, sin adornos, directo. Inmediatamente, se convirtió en un nuevo héroe. <i>Marvel</i> haría una película de su persona si él lo pidiera, y sin acompañantes. La desolada población grancanaria, ante la falta de información clara y personas que pudieran proporcionar respuestas aliviantes, acudía en masa a ese nuevo monolito sagrado y se arrodillaba. Ahora, viendo su sobreexposición, la duda que se me plantea es, ¿será una figura creada desde la maquinaria política? Hoy en día, hay herramientas para analizar emociones, opiniones y reacciones en <i>Internet</i>, de hecho, yo las uso. De la noche a la mañana, la Administración, esa de la que muchos se quejaban en las redes sociales porque supuestamente no recogía la pinocha, pasó de ser el peor enemigo de nuestros montes, a heroína, aupada sobre sus técnicos, bomberos y demás profesionales relacionados. Cientos de vídeos virales ensalzándolos y miles de agradecimientos colectivos, llenaron las pantallas de nuestros <i>smartphones</i>. ¿Casualidad? ¿Manipulación? No lo sabremos nunca, lo que sí sé, y con total certeza, es que se intervino en la opinión pública y las redes sociales fueron el medio con el que se consiguió.</p>
<p>Todo eso ocurrió paralelamente a otra vía, opuesta y más casera: <i>fake news</i>; gente opinando con convencimiento de temas que no controlan y desconocen; <i>shitstorms</i>; manifestaciones espontáneas; recogidas de firmas a través de <i>change.org</i> para que alguien dimitiera; equipos de reforestación organizados por no se sabe quién, mientras la isla ardía (a quién se le ocurre) y canarios que golpeaban su pecho a la par que besaban una foto del Roque Nublo, eso sí, desde el sofá de su casa. Esos días, millones de pulgares se deslizaban por las pantallas, compartiendo contenido de aquí y de allá, sin fijarse con detenimiento en la fuente que lo proporcionaba. Una tormenta de ruido jamás vista por estos lares y de tal magnitud que pudo eclipsar por completo a aquellas pocas personas que realmente sí difundieron contenido fidedigno o manifestaron opiniones razonables, incluso pasaron desapercibidas aquellas nobles informaciones sobre <a href="https://www.canarias7.es/siete-islas/listas-de-espera-para-arrimar-el-hombro-FJ7795711?fbclid=IwAR3jRB_mD7N9ZCuaHAWQ4weE8zRUhAEfLWej65QTSuNTrD51IGVBg26z0eQ" target="_blank" rel="noopener noreferrer">el desbordamiento  -por el exceso de voluntarios-  de algunos centros improvisados que montaron para ayudar a personas y animales afectados</a>. Mientras todo esto ocurría, recordaba unas palabras muy polémicas del desaparecido Umberto Eco y que en su momento me parecieron muy controvertidas, pero que algo de razón esconden: “<i>El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad</i>”.</p>
<p>Ahora, tras la aparición de un apaciguado otoño, todo parece en calma. Algunas familias acuden los fines de semana a la cumbre y medianías, creando colas kilométricas, con el único objetivo de conseguir su <i>selfie</i> de moda, con un telón de fondo gris nuclear; sonrisas forzadas para la foto, delante de las cenizas de aquello que pudo quedar en pie tras el torbellino, restos de lo que un día fue algo vivo y alegre, aunque ahora parezcan más gárgolas de catedral que otra cosa. Vuelve la absurda cotidianidad. Vuelven nuestras incomprensibles actitudes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>Sobre la ilustración: Para esta ocasión, he tenido el honor de contar con una ilustración de mi artista canaria favorita: <a href="https://ireneleonworks.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Irene León</a>. La conocí personalmente en dos mil catorce durante un festival de gastronomía. Por la técnica y melancolía de su pintura, tenía la creencia de que sería una persona mayor, con una sufrida vida a sus espaldas. Me llevé una sorpresa cuando comprobé que era una joven muy alegre; no llegaba a los treinta años.</p>
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		<title>La fiesta (rave) de la democracia</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jun 2019 07:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fake news, posverdad, Big Data, perfiles falsos y otros agentes de las pasadas elecciones Los plebiscitos electorales han perdido la gracia, ¿verdad? Antes, eran algo excepcional. Ahora, el pan nuestro de cada día, algo común. No nos queda saliva para cerrar tanto sobre. Entre otros numerosos motivos, la alta abstención se debe al hartazgo de &#8230; <a href="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/2019/06/03/post1/" class="more-link">Continuar leyendo<span class="screen-reader-text"> "La fiesta (rave) de la democracia"</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><i><span style="font-weight: 400;">Fake news</span></i><span style="font-weight: 400;">, posverdad, </span><i><span style="font-weight: 400;">Big Data</span></i><span style="font-weight: 400;">, perfiles falsos y otros agentes de las pasadas elecciones </span></h2>
<p>Los plebiscitos electorales han perdido la gracia, ¿verdad? Antes, eran algo excepcional. Ahora, el pan nuestro de cada día, algo común. No nos queda saliva para cerrar tanto sobre. Entre otros numerosos motivos, la alta abstención se debe al hartazgo de ejercer ese derecho que se nos tiene atribuido y que -cada vez más- nos ha dejado de interesar, sobre todo a esos jóvenes resignados que argumentan frases como “para qué voy a votar si nada cambia”. Ven más efectivo el cómodo activismo de sofá y <em>smartphone</em>. Todas sus desdichas se vuelcan en esa otra realidad digital, apoyadas por miles de pulgares azules… o corazones rojos -símbolos positivos, usados en varias redes sociales, y que se ha adjudicado inteligentemente el PSOE durante la última campaña-. Es ahí donde sí se sienten escuchados.<span id="more-1"></span>Votar ya no tiene magia, ni encanto. Salvando las distancias, sucede algo parecido a lo que suele ocurrir en una pareja: cuando las personas involucradas en una relación se ven de forma intermitente, hacen el amor por encima de sus posibilidades, no hay hielo que pueda enfriarlos pero, si ocurre lo contrario, si es la frecuencia la que entra por la puerta, suele ser la pasión la que salta por la ventana. A nosotros ya no nos pone tanto introducir una papeleta en una urna… hablo en general. A ti no te pasa porque eres especial, y único.</p>
<p>Volviendo al tema de esta publicación, y dejando a un lado las pasiones, si hay algo que me ha llamado poderosamente la atención de estos comicios, ha sido la importación de esa moda estadounidense y que ya en la campaña de Donald Trump llegó a su máximo esplendor: el inestimable apoyo que ofrece la posverdad a la política. Es posible que aún no conozcas ese concepto. Según la RAE, se trata de una “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Una especie de mentira que intenta convertirse en un fenómeno viral antes de que la verdad haga acto de presencia y que, aunque aparezca, es irrelevante si tarda mucho tiempo en hacerlo. La mayoría estamos lo suficientemente cuerdos para detectarla, el único problema es que, a veces, pensamos más con las entrañas que con la cabeza. Las propuestas electorales han pasado a un segundo plano y nos hemos centrado en eso otro, en lo que puede acompañar a nuestra ira, rabia o frustración como electores.</p>
<p>La posverdad está atendida por unas secuaces muy serviciales: las <em>fake news</em> (noticias falsas). Ambas se retroalimentan, las unas con las otras, y nadie parece poder detenerlas. Noticias de dudosa credibilidad (y procedencia) que, en muchas ocasiones, no aparecen porque sí. Si las ves en tus dispositivos, es por algo. Hay un cierto público susceptible de visualizarlas, seleccionado por distintos criterios que las redes sociales y otras plataformas tecnológicas ofrecen y que forman parte de ese famoso entramado llamado <em>Big Data</em> del que tanto escuchas hablar, un abstracto almacén en no se sabe dónde, tras las bambalinas, y que está orquestándolo todo, a ciegas. Un cóctel despiadado de información contrastada que anula toda estrategia previa o ideología. Los datos hablan por sí solos, no hay más que eso; el <em>dataísmo</em> lo llaman. La nueva religión. Un siniestro panóptico del que difícilmente podremos escapar. Aquel ocurrente <em>Gran Hermano</em> de <em>Orwell</em> es solo un juego preliminar comparado con todo esto, ¿verdad?</p>
<p><img class="wp-image-23 size-full aligncenter" src="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/05/Imagen_Post_1.jpg" alt="" width="100%" height="100%" srcset="https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/05/Imagen_Post_1.jpg 619w, https://blogs.canarias7.es/elmetodoacido/wp-content/uploads/sites/24/2019/05/Imagen_Post_1-276x300.jpg 276w" sizes="(max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 984px) 61vw, (max-width: 1362px) 45vw, 600px" /> <span style="font-size: 10px;">Ilustración: Miriam García</span></p>
<p>Además de datos y segmentación, en las elecciones hay mucho trabajo de campo, como el del ciber-ejército digital de voluntariados. Miles de perfiles falsos creados expresamente para compartir, opinar y machacar al oponente. No tienen nada que ver con aquella legión que en su momento repetía los mantras de Podemos en Twitter, esto es otra cosa. Se trata de multicuentas administradas, muchas veces, por una misma persona. Siempre ha sido algo habitual en Internet pero ha llegado a unos niveles inimaginables. No importa que se rastree su procedencia, existen mil y un trucos para ocultar la localización de un ordenador o dispositivo, incluso para ubicarlos en un lugar determinado del planeta. Tampoco es efectivo bloquearlos. Al igual que la <em>Hidra de Lema</em>, son capaces de multiplicarse con poco esfuerzo cada vez que segas una de sus cabezas, no tiene mucho sentido intentar eliminarlos. Suelen ser muy apasionados, insistentes y trabajadores, nada que ver con la <em>Compañía Dorada</em> de <em>Juego de Tronos</em> que apareció fugazmente por la serie, y a destiempo, no se sabe muy bien para qué.</p>
<p>De todas formas, no te preocupes demasiado por el uso que se le está dando a la tecnología para estos menesteres. En Canarias, sobre todo a nivel municipal, la política funciona como siempre. Por ejemplo, si atendemos a la confección de las listas electorales, las personas elegidas para presentarse a las candidaturas (sin contar a los de la zona de poder, los cabecillas) y sus posiciones en la mismas dependen de cuánta gente conozcan, del tamaño de sus familias o del alcance de sus círculos. Los posibles votos se calculan de esta manera. No importa si conocen el proyecto, o si creen en él. No es relevante su color político, si están preparados en el sector para el que se presentan, o si han gestionado equipos anteriormente, incluso no es importante que pertenezcan al partido del que forman parte en ese momento. Influye, única y exclusivamente, su popularidad y su ratio de influencia. Ya se rodearán, si son elegidos, de los asesores correspondientes para solventar todas esas carencias. Por estos lares, todo sigue igual. El <em>Big Data</em> y demás factores no están aún muy presentes en la política de nuestro Archipiélago aunque, algunos partidos, sí han hecho uso de ellos. Y no me refiero a lo que ha pasado en Mogán. A eso se le llama magia negra. Resucitar a los muertos para conseguir votos, es una estrategia muy novedosa, aunque poco ética pero, como dice esa famosa cita de La <em>Historia Interminable</em>, «<em>esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.</em>»</p>
<p>Escena poscréditos: Después de reflexionar sobre todos estos peligrosos entresijos tecnológicos, es de agradecer el tener en nuestra retina esa imagen divertida e inofensiva de Nardy Barrios contando, con pequeñas zancadas, el ancho del carril-bici, ¿no crees?</p>
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<p>Sobre la ilustración: El dibujo que aparece acompañando a esta publicación, es obra de mi querida amiga Miriam García, una chica que lleva el arte en sus venas. Estudia dibujo desde hace unos años. Para mí ha sido un honor que interpretara mi texto y le pusiera forma.</p>
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