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Lola está en Facebook

El otro día leía unas declaraciones del físico Michio Kaku en las que decía que a largo plazo podremos vivir para siempre porque, después de morir, nuestro genoma y nuestro mapa mental sobrevivirán. También afirmaba que seremos capaces de resucitar sensaciones y recuerdos en cualquier momento. No sé si tendrá razón. Lo que sí creo que es que la clave está en el cerebro y que todo lo que logramos pasa siempre por sus distintas conexiones. No conozco nada más perfecto que el cerebro humano. Todas las máquinas no son más que aproximaciones a lo mucho que aún desconocemos de su funcionamiento. Las redes sociales y todo lo que tiene que ver con la virtualidad solo son remedos de nuestro magín o de lo que va pergeñando nuestra propia imaginación.
Hace poco vi una magnífica película titulada Her en la que un hombre se enamoraba de un sistema operativo que no dejaba de ser más que un reflejo de sus propios sueños amatorios. Vale que todavía nos movemos en el terreno de la especulación; pero muchas veces la ciencia ficción no es más que un aviso de lo que terminaremos encontrando. También las casualidades están interconectadas mucho antes de que existieran los ordenadores porque, como vengo diciendo, el cerebro es el sistema operativo más avanzado que tenemos. Esos mismos días en que leí la entrevista a Michio Kaku y vi la película me llegó por Facebook una invitación para que siguiera la página de Dolores Campos-Herrero. Aparece la foto de Lola y cada mañana encuentras algunos de los muchísimos textos que fue escribiendo mientras estuvo viva. Realmente en las redes sociales está tan viva como cualquiera de nosotros. Kaku también decía que en el futuro podremos conectar el cerebro a un ordenador y después a Internet o que, en último término, Internet se convertirá en una red del cerebro a través de la que podremos compartir pensamientos y emociones. Por eso quien dejó escrito su paso por el mundo solo estaba anticipando su propia inmortalidad a través de las palabras. Si se ha dejado el alma en la escritura no hay eternidad que nos borre de ningún mapa.
La virtualidad forma parte de ese juego. Ya sé que también tiene muchos riesgos; pero no hay avance que no conlleve algún peligro. Facebook o Twitter no son más que los primeros pasos de lo mucho que encontraremos a medida que sigamos desentrañando nuestro propio cerebro. Luego están las emociones, pero ese camino creo que lo seguirán recorriendo solo las letras. Siempre habrá un misterio que no se revele. Las palabras, como en esos textos de Lola que vemos cada mañana recién escritos en la pantalla, llevan siglos intuyendo que la nada es solo aquello que no se cuenta. Ni siquiera sabemos nunca hacia dónde terminan yendo. Da lo mismo que las borres. Seguirán parpadeando más allá del tiempo.
Artículo publicado ayer en la edición de papel de Canarias 7

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Loli Martín Ferrera

Es mentira que no interese la cultura. Hoy comienzo a impartir una nueva edición del Taller de Escritura de �?mbito Cultural, en El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria. Será la cuarta edición que imparta. Este taller lo inauguró Lola Campos-Herrero, que es realmente la que sentó las bases de ese milagro y la que, con su generosidad y su talento, logró reactivar hace unos años las iniciativas literarias en la isla. Cada vez que empiezo la tengo presente y sé que, de alguna manera, ella está en algún lugar de la sala echándonos una mano. Cuando Lola falleció siguió con el taller otra buena amiga, Marisol Llano Azcárate. Jamás había dado clase y quienes me conocen saben lo poco que me gusta hablar en público; pero no pude negarme, como tampoco me negué en su día cuando Lola me llevó como escritor invitado a una de las ediciones de ese mismo taller. Siempre digo que fue esa la primera vez en que me pude sentir escritor, una palabra que a día de hoy me sigue dando rubor escuchar cuando me presentan. No conocía entonces a Lola, y a partir de ese momento solo encontré una mano extendida y generosa que no hacía más que generar confianza a su alrededor. Ese es el espíritu que me planteo cada año cuando comienza el taller. Cuento con el apoyo del escritor y responsable de �?mbito, Pablo Sabalza, y este año con la maestría de dos grandes de la literatura contemporánea, el poeta cubano Manuel Díaz Martínez y el novelista y buen amigo, Emilio González Déniz, que impartirán sendas lecciones magistrales.
Cuando se abrió la matrícula este año, en apenas unos días ya estaban cubiertas las ciento treinta plazas disponibles y había medio centenar de personas en lista de espera. No entiendo cómo puede decir alguien que hay crisis literaria. Entre esas personas vuelve a estar Loli Martín Ferrera. La nombro porque quiero transmitirle públicamente lo mucho que la admiro y que la respeto. Loli tiene ochenta años y siete hijos a los que, con mucho esfuerzo y con el apoyo de su marido Gerardo, facilitó el acceso a titulaciones universitarias. Ella ya ha publicado varios libros de cuentos, relatos y recuerdos. La primera vez que le pregunté que por qué asistía al taller me dijo que si no escribía su pasado, sus nietos jamás iban a saber quién era ella, quién fue su abuelo y cómo vivieron sus padres cuando eran pequeños. Loli se sienta entre alumnos de todas las edades. Soy yo quien realmente está aprendiendo cada año con ellos. Lo que uno no escriba no lo podrá escribir nunca nadie. Da lo mismo que sean vivencias reales o inventadas. Lo que no queda escrito no llega a ninguna parte. Loli, un año más, estará sentada mañana en la segunda fila de la sala. La única edad que vale es la que nos permite no dejar nunca de seguir creciendo por dentro.