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Notre Dame

Montaigne, Victor Hugo, Balzac, Flaubert, Stendhal, Baudelaire o Camus, París, la perfección de quienes trabajaban con una palanca, un cincel y un compás, el sueño de la belleza, todo eso es lo que he sentido siempre en Notre Dame desde la primera vez que la vi, una mañana de primavera de 1991. La imagen del fuego no logra borrar el fulgor de la piedra en la memoria del tiempo.