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En un jardín de vasos rotos

Hace unos meses, en el Festival Hispanoamericano de Escritores celebrado en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma, el escritor y traductor José Manuel Fajardo comentó que los diamantes de la literatura estaban perdidos en un jardín de vasos rotos. Cada vez hay que buscar con más cuidado para no cortarte con los lugares comunes o con los lanzamientos mediáticos de quienes solo ponen el nombre en la portada de libros apócrifos. Ayer comenzamos un nuevo taller en la Casa Museo Pérez Galdós y hablamos de la cita de Fajardo y de que lo único que nos convierte en escritores es la lectura de los clásicos y de los libros que tienen a las palabras como grandes aliadas para recorrer los caminos que esconde la realidad y este lado del espejo cada vez más distorsionado.La sala estaba llena, en silencio, un sábado por la mañana, y ya desde el primer ejercicio, quienes asistieron comenzaron a rebuscar en sus adentros esos diamantes que si no se escriben jamás brillan en ninguna parte. También nos acercamos a una magnífica entrevista a Alonso Cueto que le hizo hace unos meses Angello Salazar (http://lucidez.pe/cultura/alonso-cueto-un-escritor-vive-de-la-aventura-del-riesgo/) en la que el escritor peruano comentaba que  “la literatura nos da la capacidad de imaginar algo que está más allá de la realidad. Es decir, nos da la capacidad de encontrar un universo de la imaginación, del sueño, de la fantasía que pueda desagraviar a los seres humanos de las limitaciones que les impone la realidad.” Comparto las imágenes cedidas por Mónica Francés, quien, desde la Casa Museo Pérez Galdós, estará pendiente de que este taller nos permita seguir rebuscando en ese jardín de vasos rotos del que hablaba Fajardo.