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Ascuas

Estás donde llegue tu imaginación, en ciudades que ni siquiera conoces, en playas en las que solo escuchaste una vez el rumor de la marea, en bosques que solo habitaste en sueños o en la casa de la infancia que ya no existe. Si lees viajas por paisajes remotos en los que no hace falta estar respirando para sobrevivir. Puedes salir de ti siempre que te plazca. La belleza es al final el único destino, y la felicidad, la búsqueda de placeres sencillos que no dependan más que de tus intenciones. La realidad también es bella si sabes hacia dónde dirigir la mirada. Hay que conseguir que la imaginación sea como esas ascuas que nadie logra nunca apagar del todo. Su calor cercano, aun en medio de los glaciares, será lo único que logre mantenerte a salvo.

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Nubes

Las nubes nunca pasan de largo. Somos nosotros los que dejamos de mirarlas cuando dibujan formas sobre nuestras cabezas. Tampoco desaparecen las voces de quienes nos precedieron, ni esa energía que vamos dejando por todas partes en cada una de nuestras palabras y en cada uno de nuestros gestos. No hace falta hacer ruido para dejar huella. Probablemente sea la sutileza la que logre afianzar más nuestra presencia. Al final, estés donde estés y hagas lo que hagas, terminarás viendo pasar intangibles nubes por todos los cielos, y verás que en Nueva York o en Lanzarote pasan igual de silenciosas entre la gente. A veces solo hay que encaramar la mirada hacia el cielo para aprender a poner los pies sobre la tierra. Una nube no renuncia nunca a darle forma a un sueño; pero son nuestros ojos los que lo tienen que terminar viendo.