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Caleidoscopio

Se levantó de la cama repitiendo la palabra caleidoscopio. Era lo único que le quedaba del último sueño. Hacía años era capaz de recordar todo lo que soñaba durante la madrugada, pero la memoria no solo juega malas pasadas cuando abrimos los ojos: también olvida lo que sueña, incluso lo que tantas veces soñamos despiertos. Sabía lo que era un caleidoscopio, pero se fue a Google a buscar imágenes para ver si de esa manera podía recuperar los fotogramas que deambulaban por su inconsciente. Vives una vida y el cerebro luego inventa otra cuando duermes. No era un tipo raro. Y además ahora podíamos decir que era un hombre feliz porque estaba perdidamente enamorado. Ella le preguntó qué estaba repitiendo cuando lo escuchó en el cuarto de baño tratando de mantener viva en su memoria la palabra recién soñada. Él entonces descubrió que a veces los sueños se reflejan en los ojos de quien nos ama. No sabría identificar los colores que vio en su mirada. Ella le contó que había llorado mucho durante años. Aquel hombre, aliado con su familia, había tratado de volverla loca. No pararon hasta robarle todas las ilusiones. Había sido valiente al separarse, pero lo había perdido todo. Cuando él la encontró era una mujer a la deriva. Lo que no saben esos que intentaron aniquilarla es que su mirada se volvió bella con todas aquellas lágrimas. Por eso es caleidoscópica y brillante. Desde que está en su vida los sueños se fueron haciendo cada día más reales. No se cansaba nunca de mirarla.

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La lechuza

Había soñado con ella justo la noche anterior. Ahora le acababa de pedir amistad en Facebook. Habían sido amantes hacía unos años. Lo dejaron cuando ella se fue a dar clases a una universidad del extranjero. No había sabido nada de su vida en los últimos diez años. La noche anterior él había soñado que ella tenía mirada de lechuza. Hoy se encontró a esa misma lechuza que le había mirado en sueños. Era su foto de perfil en Facebook. No la aceptó. Ella creerá que la ha olvidado o que no quiere tener problemas con su nueva pareja. Nunca le contó que siempre ha sentido pavor cuando le mira fijamente una lechuza. No entiende por qué ella, que tenía los ojos más hermosos que jamás le han mirado, no se presenta tal como es en la pantalla. Ahora le tiene miedo, después de haberla querido tanto.

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El durmiente

Se despertó de madrugada con unas ganas terribles de orinar. Conocía la penumbra de su casa casi tan bien como las calles que recorría cada día para ir al instituto. No tuvo que encender la luz para llegar hasta el cuarto de baño. Mientras orinaba repasaba mentalmente la última lección de Biología que había estudiado antes de acostarse. Volvió a la cama pero la encontró ocupada por un hombre que dormía y que hablaba en sueños. Le preguntó quién era y el hombre repitió varias veces su nombre. Tenía cuarenta y dos años, acababa de divorciarse y había vuelto a la casa de sus padres. El joven solo quería saber si aprobaría el examen del día siguiente. Aquel hombre le dijo que sacaría el curso en junio, que acabaría la carrera en cinco años, que se casaría, que tendría dos hijos y que a los cuarenta y dos años acabaría volviendo a la misma cama que había abandonado hacía solo unos minutos para ir al baño.