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Magnolias

 

La mujer esperaba la caída de las flores,

los brazos abiertos, una falda pasada de moda,

el pelo encanecido y los ojos fijos en las ramas,

cogía por el aire las magnolias que volaban

y acariciaba en el suelo los pétalos

de las flores que no habían llegado a sus manos.

 

 

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La casa

 

La casa es grande.

Tú caminas por ella.

Atraviesas pasillos,

abres y cierras ventanas

y te acostumbras

al ruido de las cañerías.

Ninguna habitación

se cierra para siempre.

Los sueños y las intuiciones

no son más que puertas

que dejaste abiertas en otro tiempo.

 

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Mármol

No salía a la calle y, sin embargo, notaba la molestia de esas pequeñas piedras que se metían entre sus dedos. Se quitaba las zapatillas y las tiraba a la basura. Esas piedras salían de su propia piel. Le sucedía cíclicamente cada cinco años. Caminaba, hablaba y se reía a carcajadas de vez en cuando, pero nunca había dejado de ser una estatua. Aquel hombre la besó una madrugada y luego la trajo a su casa. Hasta entonces, ella había estado en la plaza principal de la capital. Él miraba sus labios cada mañana y creía, como en los cuentos que leía de niño, que si la besaba se volvería humana. Ahora es humana, pero aún conserva reminiscencias de mármol en su metatarso.