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Agradecimiento

Yo era el que te miraba cuando echabas las monedas en el plato. Él tocaba la flauta tambaleándose junto a la puerta de la iglesia. Miraba para ti cuando colocabas el euro con cuidado. Nos miramos a los ojos muchas veces. Te escribo esto para agradecerte todo lo que nos ayudaste en aquellos años. Él murió un poco antes que yo. A mí me llevaron a la perrera y me sacrificaron sobre la marcha. Era viejo y llevaba muchos años en la calle. Ahora he regresado solo para escribir. Y me he acordado de tu mirada y de aquel detalle diario de la moneda en el plato.

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El perro imaginario

La niña tenía un perro imaginario. Un perro silencioso y leal que siempre ha estado a su lado. Lo acaricia cuando no hay nadie y cuando ya duermen sus amantes. Siempre ha querido dormir sola. En la cama jamás ocupa el hueco de su perro de sombras.

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El eclipse

No le hacía falta salir a la calle para reconocer los eclipses. De noche su perro había estado gimiendo como un niño pequeño y ahora no se separaba de él en ningún momento. Hace cientos de años los eclipses que no se veían solo eran sensaciones que se confundían con algunos sueños en las madrugadas. Ahora nos avisan muchos meses antes; pero seguimos sin saber lo que sucede en el resto del universo. Muchas veces no depende de nosotros nuestro estado de ánimo. En cualquier lugar lejano un choque de estrellas puede cambiar por completo la química del tiempo que vamos respirando.