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Autodefinidos

El entendimiento de la realidad se parece cada vez menos a los autodefinidos. Aquí no importan las palabras, no las quieren entender y no dejan que ayuden a dar con las respuestas que tanto buscamos. La realidad está funcionando justo al revés que el entretenimiento de marras: cuanto más se habla y se escribe más se complican los asuntos. Uno querría que el mundo fuera tan perfecto como esos autodefinidos que se van rellenando hasta dar con todas las respuestas, y que además se pudiera llegar a unas respuestas tirando de las iniciales de las otras. Aquí estamos dejando muchas casillas en blanco o acudiendo cada dos por tres a las páginas de las soluciones para intentar no hacer el ridículo. No hay manera de dar con las palabras necesarias para que todo parezca más habitable. Desde que sales de la cama te encuentras decenas de noticias empeñadas en desmoralizar a la mañana.
Lo bueno de los autodefinidos era que siempre te aparecía la foto de alguien relevante que te ayudaba a rellenar muchas de las casillas o a dar con las iniciales necesarias para que apareciera la definición que estabas buscando. No sé a ustedes, pero a mí últimamente lo que me está pareciendo más complicado es conocer a esa famosa que me sonríe en medio de las cuadrículas o a ese famoso que no me suena de nada. Hace un tiempo te ponían a Sofía Loren, a Lennon, a Kubala o a Delibes. No te hacía falta ni poner en marcha el magín para rellenar toda la zona central del autodefinido. Ahora, con tanto famoso de paso, te sacan fotos que te hacen sentir extraño en el mundo que habitas, como si te hubieras marchado unos años y hubieras regresado sin conocer siquiera a esos que se supone que debe conocer todo el mundo. Pero lo peor es que incluso cuando miras las respuestas o cuando logras sacarlos con las letras de las otras palabras, tampoco sabes quiénes son ni qué hacen en medio de un autodefinido. Un amigo me dijo hace poco que los ponen ahí cuando quieren promocionar una serie de televisión o una película, o sea justo para todo lo contrario: tienes que ser tú el que lo descifres para luego saber quién es y sumarlo a esa lista de divos cada día más fungible. Lo más lamentable es que en la realidad también nos está pasando prácticamente lo mismo que en esos autodefinidos. Te separas dos o tres días de la tele y no conoces al hombre o a la mujer que ves en todos los canales. No sabes cómo ha llegado ahí. Y no lo sabes porque probablemente no haya hecho absolutamente nada en su vida. Decía Milosz que la falsedad de los sentimientos se adivinaba por la falsedad de la frase. Creo que también la falsedad del mundo que nos quieren mostrar se adivina por la falsedad de quienes nos enseñan a todas horas en las pantallas y en los autodefinidos.

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El valor del esfuerzo

Hay un adagio que dice que uno es de donde estudió el Bachillerato. Quizá porque en ese momento de nuestra vida se generan los cambios que luego determinarán buena parte de nuestro destino. Pero cuando estamos viviendo esos momentos determinantes casi nunca nos damos cuenta. Como tantas veces, es el paso de los años el que termina aquietando todas las aguas y dejando a salvo solo lo que valió la pena. Yo estudié en el Instituto de Guía que estaba justo a la entrada del pueblo, un edificio que soy capaz de recorrer de arriba abajo en mi memoria y que forma parte del paisaje más reconocible de mi pueblo. Allí me enseñaron casi todo lo que sé. También pusieron las bases de lo que luego fui aprendiendo en la universidad, en los viajes y en ese paso del tiempo que te enseña que la vida no es más que un tránsito en el que cada cual elige su camino, un camino proteico y cambiante en el que es esencial contar con buenos asideros que te permitan improvisar tus pasos cada vez que el destino te ponga a prueba.
El valor del esfuerzo, la reivindicación de la belleza, la honradez y hasta el mismísimo divertimento los fui aprendiendo en aquellas aulas en las que dejamos el eco de nuestras voces y de tantos y tantos recuerdos imborrables. Yo llegué al instituto sin saber lo que iba a ser en la vida, y si hoy soy escritor y periodista es porque me crucé con profesores que me ayudaron a entender que mi mundo no empezaba en La Aldea y acababa en Maspalomas. Aprendí que si te esfuerzas y perseveras en tus sueños puedes vivir donde quieras y emprender cualquier camino en el que realmente creas.
Tuve la suerte de coincidir con compañeros y compañeras que también se comprometieron con todo lo que se nos iba enseñando. Muchos de ellos ocupan hoy puestos de responsabilidad en muchos ámbitos de nuestra sociedad, pero allí aprendí que el triunfo y el fracaso son mendaces y maniqueos, y que lo único que vale es el intento permanente por mejorar, por ser buena persona y por saber cada día un poco más. Podría dar nombres, y sería ingrato si no citara a algunas de las profesoras que me cambiaron la vida. Soy escritor por las clases de Literatura de María Teresa Ojeda o Eduardo Perdomo, por la Lengua que aprendí con María Teresa Arias o Paloma Bermejo, o por el latín que me enseñó mi tía Eladia García. El equipaje que más cuido en mi vida es el de los valores que asimilé en aquel instituto. Tuve la suerte de aprender matemáticas con Encarna Reverter, pero en aquellas clases de matemáticas también se hablaba de la ética y de la impronta del saber y de la libertad que venían enseñando profesores como Marino Alduán o Luis Cortí desde hacía décadas. También aprendimos que la única igualdad es la que nos ofrece a todos las mismas posibilidades de educación y que nuestra cultura es nuestro verdadero patrimonio.

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Charlie Hebdo

Vuelve el miedo, siempre regresa. Los buenos y los malos. Desde el patio del colegio, en cada espacio cotidiano. No siempre se mata con balas, pero cuando se dispara con ellas nos damos cuenta de nuestra imperfección como seres humanos. El humor es uno de los grandes logros de la humanidad en esa evolución de las especies que es la vida diaria. También la libertad, la igualdad, la justicia y la fraternidad. París 1789 será siempre la gran referencia si queremos salvarnos. Por eso han atentado justo allí y además contra quienes se expresan desde ese humor que tanto hemos tardado en conquistar quienes compartimos este planeta. Esa barbarie yihadista lleva años existiendo y hemos mirado para otro lado. Los bárbaros jamás descansan. Hay que ser contundentes con ellos y, sobre todo, hay que sembrar mucha tolerancia, mucha educación y mucha cultura para los próximos años.