Cuaderno de notas

Cuando uno se reencuentra con un cuaderno de notas o con un diario del pasado se da cuenta de que lo que vive y lo que finalmente recuerda no se ajusta casi nunca a lo que creíamos que era importante. Las vivencias inmediatas se borran si no las apuntamos en alguna parte. Tal vez algún día, valiéndonos de unos acordes o de un perfume, logramos retomar algunas de esas escenas cotidianas que suelen habitar en el olvido para siempre. En ese bloc de notas te aparecen nombres olvidados, recuerdos que no creías tan importantes y esas menudencias cotidianas, fruslerías que también entierra el tiempo, que te quitaban el sueño o que te encaramaban cuando formaban parte de tu vida diaria. Sepultamos las desgracias y los sinsabores para seguir sobreviviendo, y nos empeñamos en no querer guardar como se merecen esos pequeños momentos que nos salvan.

Cuando miramos atrás sin el apoyo de esas notas, casi siempre encontramos brumas o argumentos que solo se ajustan a la necesidad de la historia que hemos inventado para hacer más llevadero nuestro presente. No recordamos aquel olor del mar que nos sorprendió una mañana, ni la luz última de un día en una ciudad de paso que anotamos en nuestro cuaderno como anotaban los antiguos capitanes de barco en sus bitácoras, detallando el bullicio de las calles o aquel cielo azul que casi parecía que tocábamos con la punta de los dedos.

Hoy me he encontrado con uno de esos cuadernos olvidados hace muchos años, tantos años que apenas reconozco los nombres de quienes me acompañaban en aquellos días. Solo permanecen los sueños. Nunca son los mismos pero siempre se parecen, y una y otra vez necesitamos que sean casi inalcanzables para seguir viviendo sin llegar a ninguna meta. Los sueños cumplidos no llevan a ninguna parte, o nos dejan solos en una habitación de hotel preguntándonos si valió la pena renunciar a tanto por nada, porque la vida que realmente anotamos en los cuadernos es aquella que nunca le interesa a nadie, esa luz de la que hablaba hace un momento, la cerveza al mediodía en una terraza de verano, una niña que agarra tu mano para no extraviarse nunca en las calles o en ese destino que algún día le enseñará que lo importante no tenía nada que ver con lo que le estaban contando en todas partes.

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