La censura

La censura es miedo, y el miedo paraliza, cuestiona la creación, agrieta las alas, entontece y no nos deja nunca pasar al otro lado del espejo. Lo único que puede detenerla es la educación y la propia cultura, nunca esa inmediatez de soflamas tendenciosas,  de amenazas y de arengas exaltadas que impiden ver el bosque en el que todo se termina volviendo comprensible.

La emoción no se concibe nunca si no hay un vuelo libre de la mente, si no podemos concebir que somos esencialmente mortales y que solo nos salva la belleza. Si nos ponemos a buscar moralidades, toda obra de arte sería destructible, porque el arte no hace más que recrear la vida con sus luces y sus sombras, desde la abstracción o la mentira, pactando ese juego que los primeros homínidos dibujaron en las cuevas cuando se sintieron a salvo de las alimañas y del frío.

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