La insistencia de los átomos

La felicidad no estaba lejos. Estos días de encierro nos damos cuenta de que siempre depende de nosotros esa sensación de sentir que la vida no pasa de largo y de que somos capaces de adaptarnos a sus virajes de rumbo, a sus aceleraciones y a sus frenazos inesperados. Un frenazo inesperado hace que la inercia remueva todo lo que parecía que iba a durar siempre. Lejos de los horarios y las rutinas, ya somos cada uno de nosotros los que debemos marcar la disciplina para que nuestros biorritmos no se disloquen. A lo mejor hacía tiempo que nos habíamos olvidado de buscarnos y de rastrear en lo profundo de nuestras almas, de nuestros recuerdos y de todos esos sueños que fuimos dejando por los caminos sin darnos cuenta. Seguimos con los miedos, con las incertidumbres y con el asombro ante lo que acontece estos días en el mundo. No es fácil abstraerse ante tanto dolor, tanta muerte y tantos vaticinios económicos funestos. Quizá nosotros, además de estar atentos para que nadie aproveche esta situación para coartar nuestras libertades más allá de la cuarentena, sí tenemos la encomienda personal de generar nuestro propio espacio de felicidad a nuestro alrededor.

Estar vivos y estar sanos es en estos momentos lo prioritario, y a partir de ahí ya tendremos tiempo de buscar un futuro y un mundo en el que podamos disfrutar de esa salud los que tengamos la suerte de seguir vivos después de esta batalla. Va a ser falta mucho esfuerzo, mental e imaginativo, y mucha capacidad de motivación, para afrontar lo que vendrá mañana, pero ya sabemos que el mañana, como el ayer, no es más que una entelequia de los humanos para creer que lo tenemos todo controlado, y no, no controlamos lo esencial, que es nuestra propia vida: cuidémosla y cuidémonos.

Esta vez los logros personales se cruzarán con los colectivos. No nos podemos curar nosotros sino todas esas personas que siguen arriesgando sus vidas a diario. Lo colectivo, lo solidario, lo público, lo que es de todos y para todos, será quizá lo que comience a marcar ese cambio necesario que derive de esta pandemia tan inesperada como la gran noticia que podría cambiar nuestro destino dentro de un rato. De momento, sí depende de cada uno de nosotros la armonía del pequeño espacio que habitamos, todas las ondas electromagnéticas que puede generar nuestra manera de mirar lo que tenemos delante, esa extraña vibración que nos recuerda que no somos más que átomos creados en las estrellas.

 

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