La creatividad y los vaticinios

Cada uno tiene que buscar sus propias salidas en el laberinto de la vida diaria. Si te equivocas y tienes que volver sobre tus pasos porque llegas a un camino sin salida, has de regresar con la sabiduría de ese trayecto aprendido (que no fallido) y buscar otra alternativa. Nadie te puede asegurar que esa nueva elección sea la correcta, pero tú tienes que adentrarte como si tuvieras la absoluta certeza de que justo por ahí encontrarás esa luz al final del túnel que siempre existe, pero que, a veces, no la encontramos por ofuscarnos y por golpearnos una y otra vez contra paredes infranqueables que no vamos a derrumbar nunca si no ponemos de nuestra parte creatividad, confianza e inteligencia.

Los antropólogos siempre nos cuentan que los homínidos de los que procedemos no fueron los más fuertes ni los más fieros, sino los que supieron buscar donde aparentemente no había nada, los que vivían en los terrenos baldíos e inhóspitos, los que avivaron el talento y la destreza para inventar la agricultura, el fuego y el valor del trabajo colectivo y de los acuerdos. Los otros, los que se quedaron con las tierras de frutales y con animales por todas partes para alimentarse, se fueron acomodando y sucumbieron ante las primeras sequías y ante los inevitables golpes que da el destino de vez en cuando.

Nosotros venimos de los que supieron resistir buscando siempre caminos nuevos, y ahora que todo el mundo habla del miedo a lo que viene tenemos que recordar esa procedencia. No podemos esperar a que nos caiga nada del cielo, y si nos cayera tenemos que saber que será algo contingente, que lo que realmente vale es lo que consigamos con nuestro esfuerzo, nuestro talento y nuestra capacidad para reinventarnos las veces que haga falta. Lo primero que tenemos que hacer es vencer a este virus que sigue matando a miles de personas en todo el planeta, y lo segundo, si tenemos suerte y la salud nos regala la posibilidad de poder empezar de nuevo, es buscar toda clase de salidas aunque nos demos algún golpetazo en ese inevitable laberinto que nos espera. No nos dejemos vencer por el miedo, ni por los agoreros que se empeñan en no dejar un mínimo de luz en sus vaticinios y en sus valoraciones proféticas (que ya ven ustedes de qué han servido todos esos profetas que hasta hace dos meses creían que tenían controlado hasta el vuelo de las pardelas). Estos días de encierro nos pueden servir para crear nuevos proyectos y para aportar nuevas ideas cuando volvamos a la calle y tengamos que hacer como aquellos homínidos que se vieron habitando en los peores terrenos.

La creatividad será la que se abra paso en medio de los que creen que todo va a seguir siendo igual que siempre. Nada va a ser igual cuando regresemos a las calles. Ya será raro vernos como protagonistas de una mala película de ciencia ficción, todos con mascarillas y evitando los abrazos y los encuentros. Seamos creativos y valientes para que no nos eternicen como seres extraños, desconfiados y temerosos. Eso es lo que querrían quienes nos sueñan como hormigas productoras que ni piensan, ni se aman, ni se tocan.

 

 

 

 

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