Bilocación

La imaginación nos lleva siempre a los viajes más lejanos. Ni siquiera hay que cerrar los ojos para poder estar en dos lugares al mismo tiempo. En los santorales se hablaba de bilocación cuando se referían a esos desdoblamientos, pero la santidad creo que es una cualidad sagrada que habita en cada uno de nosotros sin necesidad de martingalas teológicas. Cuando leemos no hacemos más que atravesar dimensiones a través de los pensamientos, y además esas dimensiones las vamos creando a medida que avanzamos y vamos pasando las páginas. También cuando recordamos, o cuando soñamos con paisajes en los que no hemos estado, ya emprendemos ese camino que, en muchos casos, es mucho más placentero y enriquecedor que el viaje verdadero.

Los prolegómenos, todos esos planes buscando los museos, los restaurantes y las calles más bellas, hacen que empecemos a viajar mucho antes de haber llegado, y ese viaje también cuenta aunque luego no puedas llevarlo a cabo. Estos días podemos viajar a muchos lugares estando en casa. También podemos estar en cualquier sitio que queramos, imaginando la ola que moja nuestros pies desnudos, el esplendor de un prado lleno de flores o ese cuadro que nos detiene en el museo al que siempre nos llevan nuestros pasos. No estás nunca en el mismo sitio todo el tiempo. Este confinamiento puede servir para que recuperemos nuestra capacidad innata, y tantas veces olvidada, de volar lejos a través del pensamiento y de las palabras.

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